martes, 2 de mayo de 2023

El edificio Tsentrosóyuz, la utopía moscovita de Le Corbusier (1928-1936)

En el número 39 de la calle Myasnitskaya de Moscú se encuentra situado el edificio gubernativo Tsentrosóyuz, llamado también edificio Narkomlegprom o edificio TsSU. Tiene entrada tanto por esta calle como por la avenida Akademik Sakharov, en el lado opuesto, a través de su llamativa fachada semicircular. Se trata de un enorme complejo de oficinas construido en los años treinta por el arquitecto suizo (nacionalizado francés en 1930) Charles-Édouard Jeanneret-Gris, más conocido como Le Corbusier. "Tsentrosóyuz" (transliteración de la palabra rusa "Центросоюз") es un acrónimo que designa a la Unión Central de Sociedades de Consumidores, una institución vigente en la actualidad y que es heredera de la Unión de Sociedades de Consumidores de Moscú (un sindicato que aglutinó en 1898 a los cooperantes de todo el país) y de la soviética Unión Central de Sociedades de Consumidores de toda Rusia. Antes de su traslado a este edificio, el Tsentrosóyuz se encontraba ubicado en el número 15 del Bolshoy Chernasskiy pereulok, en el barrio de Kitái Gorod, junto al Kremlin, cerca de los numerosos comisariados soviéticos instalados allí tras la Revolución de Octubre de 1917.

Como tantas otras obras erigidas durante el período estalinista, el edificio Tsentrosóyuz tiene una historia tan convulsa y controvertida como la del país donde fue construido, sufriendo la susceptibilidad de su propio creador y convirtiéndose en víctima propiciatoria de la lucha contra el formalismo y el cosmopolitismo arquitectónico. Sus detractores, que fueron la mayoría, lo calificaron de «frío, monótono e inhóspito». El urbanista suizo Hannes Meyer lo tildó de «orgía de vidrio y hormigón». Pero Aleksánder Vesnin, amigo personal de Le Corbusier, dijo de él que era «el mejor edificio de Moscú del siglo XX», entre otras cosas porque mostraba «pureza en las proporciones, claridad en la construcción de masas y volúmenes, ligereza y al mismo tiempo monumentalidad, unidad arquitectónica y estricta simplicidad». Sin embargo, el arquitecto Ivan Fomin atacó a Le Corbusier afirmando que «como diseñador de un país capitalista, quiere construir bella y convenientemente, a bajo coste, en formas que estén justificadas desde el punto de vista de la construcción, sin la alegría y el coraje de los arquitectos soviéticos en su búsqueda de una nueva forma de vida». Por otra parte, el artista gráfico Serguéi Kozhin dijo que «los enormes muros acristalados le dan un carácter antipático, porque parece que detrás de esos muros la gente tiene que trabajar intensa y automáticamente, con tristeza
». Añadió que «eso es americanismo, ajeno a nosotros e inaceptable desde el punto de vista de las nuevas condiciones de vida soviéticas». Un empleado de la Oficina Central de Estadística, que tuvo su sede en este edificio, reconoció que la primera vez que entró en él «se perdió». Y que en las largas rampas que comunican las diferentes plantas, muy prácticas para el transporte de documentos y material de oficina, se organizaron «espectaculares carreras de sillas de ruedas», en las cuales «nadie, afortunadamente, se acabó rompiendo el cuello».

La idea de construir un edificio para el Tsentrosóyuz nació en los años veinte durante la NEP de Lenin (acrónimo de Novaya Ekonomicheskaya Politika, “Nueva Política Económica”). En 1925, por sugerencia del arquitecto Boris Velikovsky, se eligió para su construcción un punto de la ciudad situado entre dos calles paralelas, Myanitskaya ulitsa y Novokirovsky prospekt (actual Akademik Sakharov prospekt). El lugar se hallaba ocupado en aquella época por la iglesia barroca de San Nicolás el Taumaturgo. En 1928 la Sociedad de Ingenieros Civiles de toda Rusia anunció para su diseño un concurso internacional de carácter abierto. La idea era crear una oficina espaciosa para dos mil puestos de trabajo dividida en cuatro partes claramente diferenciadas. La primera, de dos mil doscientos cincuenta y cinco metros cuadrados, se destinaría a los locales administrativos del Tsentrosóyuz. La segunda, de ocho mil novecientos noventa metros cuadrados, sería para locales comerciales y auxiliares. La tercera, de tres mil ciento setenta metros cuadrados, estaría destinada para un club de seiscientas personas con escenario, foyer, gimnasio, comedor y biblioteca. La cuarta, finalmente, estaría compuesta por talleres de reparación, almacenes, una sala de calderas y varios apartamento para el personal de servicio. El comité de selección estaba formado por  representantes de la Sociedad de Ingenieros Civiles, la Sociedad de Arquitectura de Moscú, la institución del Tsentrosóyuz y el Ayuntamiento de la ciudad. Entre sus miembros se encontraba Viktor A. Vesnin, arquitecto constructivista autor de los almacenes Mostrog de la plaza Krasnopresnenskoy Zastavy de Moscú. Otros miembros del comité fueron los ingenieros Krasin y Serk, y los arquitectos Kryukov, Mashkov, Kornfeld y Kondakov. De los treinta y dos proyectos presentados ganó el de Boris Velikovski y V. Voinov, pero el comité de selección consideró que ninguno podía servir como material para el desarrollo del plan de construcción del nuevo edificio.

El 10 de agosto de aquel mismo año se convocó un nuevo concurso, ahora de carácter cerrado, en el cual participaron el despacho londinense “Vernet and Tate”, Max Taut de Berlín, los franceses Le Corbusier y su primo Pierre Jeanneret y un grupo de arquitectos soviéticos entre los que se encontraban Aleksander y Viktor Vesnin, Sergey Chernyshev, Ivan Leodinov y Andréi Kryachkov. Fueron seleccionados el proyecto de Le Corbusier y Jeanneret, por ser «elegante y ligero», y el del grupo de arquitectos soviéticos, por resultar «el más reflexivo y funcional». Sin embargo, el jurado del concurso decidió aceptar nuevas propuestas, entre las cuales se hallaban la del alemán Peter Behrens, la de Ivan Leonidov (respaldada por la Asociación de Arquitectos Modernos) y la del grupo de Nachman, Samolilov, Nikolsky, Ol y Zholtovsky. Le Corbusier presentó una vez más su proyecto, pero con un diseño final que se ajustaba a los requisitos de la comisión. El 20 de octubre se dio por concluida esta tercera etapa del certamen, quedando como finalistas Leonidov y Le Corbusier. Ganó el arquitecto francés, no se sabe si por méritos propios o por su amistad con los arquitectos soviéticos que formaban parte del comité. Lo cierto es que el diseño funcionalista de Leonidov, innovador en términos de organización del espacio, influyó posteriormente en muchos arquitectos, sobre todo estadounidenses, incluido Ludwig Mies van der Rohe. El propio Le Corbusier tomó prestadas algunas de sus ideas para el proyecto definitivo del edificio Tsentrosóyuz, considerado el primer ejemplo del llamado estilo internacional o racionalista. En el momento de conocer su designación como ganador del concurso, el arquitecto francés dijo: «Debo utilizar para este cometido todo lo que he aprendido en arquitectura. Me hace feliz contribuir con el conocimiento que poseo a la construcción de una nación que está siendo organizada con un nuevo espíritu
».  




 
El diseño del edificio Tsentrosózuy fue innovador en su apariencia arquitectónica pero también en su desempeño técnico, lo cual resultó extraordinario en un país que estuvo dominado entre 1920 y 1940 por las ideas constructivistas. Le Corbusier complementó el bloque en forma de L con volúmenes semicirculares en la entrada por la Novokirovsky prospekt, creando así un efecto dinámico. Dejó la planta baja de la casa sin acristalar, asignando como plazas de estacionamiento los espacios libres entre las vigas de soporte. También ideó un marco de hormigón armado para poder instalar ventanas longitudinales, permitiendo que el primer piso sobresaliese más allá de los bordes de las columnas. Esta técnica liberaba las ventanas de los puntos de apoyo, un práctica que fue revolucionaria en la arquitectura soviética de entonces. En relación al aislamiento del interior del edificio, planteó una estructura de doble acristalamiento con ventanales que se abrían sobre bisagras laterales. Siguiendo el ejemplo de su diseño anterior, el Palacio de las Naciones de Ginebra, se esmeró especialmente en la planificación de los sistemas de calefacción, refrigeración y ventilación, con muros-pantalla (muros neutralizantes con tuberías de frío y calor entre las capas de vidrio) y un sistema integral de aire acondicionado, todo ello pensado para garantizar el bienestar de los trabajadores en todas las condiciones climáticas posibles. Desgraciadamente, debido a la falta de presupuesto algunas de estas propuestas no se llegaron a implementar. A cambio, se instaló un sistema de radiadores para la calefacción, y de persianas y vidrio traslúcido para proteger el edificio del calor (que se comprobó ser insuficiente para los meses más calurosos).

El
arquitecto francés siguió el principio de la “Libre circulación de personas y aire”. Él mismo afirmó que «hemos abordado el problema como urbanistas, es decir, hemos considerado que los pasillos y las escaleras son, por así decirlo, calles cerradas. En consecuencia, estas calles tienen 3,25 metros de ancho y siempre están bien iluminadas. Hemos reemplazado los agotadores tramos de escaleras con rampas de suave pendiente (14%) que permiten una circulación libre y fácil». Le Corbusier es conocido por su definición de la vivienda como La machine à habiter (“La máquina para habitar”). Con ello, ponía en énfasis no solo el componente funcional de la vivienda, sino que esta funcionalidad debía estar destinada al "vivir", comprendiéndose esto último desde un punto de vista metafísico. Le Corbusier creía que el objetivo de la arquitectura era generar belleza (es muy conocida su frase: «la Arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes reunidos bajo la luz»), y que ésta debía repercutir en la forma de vida de los ocupantes de las casas. El proyecto aplicó a gran escala sus principios arquitectónicos: pilotis, muro cortina, planta libre, ventana corrida y cubierta plana. El sistema de pilotis para albergar tanto a personas como a coches resultó muy útil para permitir puntos de acceso múltiples al edificio. Las rampas fueron propuestas por el arquitecto para la circulación interior entre los pisos, detalle que se vincula con su Villa Saboya. Como revestimiento pensó en bloques de piedra de toba roja del Cáucaso de dieciséis pulgadas de espesor, muy efectivas para mejorar el aislamiento del edificio.  

En toda la obra de Le Corbusier, y el Tsentrosóyuz no fue una excepción, siempre estuvo presente el principio del Modulor, un sistema de medidas ideado por él mismo en el cual retomaba el ideal antiguo de establecer una relación directa entre las proporciones de los edificios y las del hombre, mediante el Número Áureo.

En
1929 Le Corbusier hizo entrega a las autoridades soviéticas de los planos definitivos del proyecto. Derribada la iglesia de San Nicolás el Taumaturgo, se colocó la primera piedra del nuevo edificio y se iniciaron las obras, con el mismo Le Corbusier al frente de su supervisión. Para familiarizarse con la ciudad, el arquitecto francés visitó talleres de arte y exposiciones, viajando a Moscú dos veces, en junio de 1929 y mayo de 1930. Durante estas visitas hizo algún cambio más en el diseño, ampliando el edificio hacia Novokirovsky prospekt. Sin embargo, en 1931, tras perder el concurso para construir el Palacio de los Soviets de Moscú, se negó a seguir trabajando para la Unión Soviética, incluso en lo relativo a las obras del Tsentrosóyuz. Fue su colaborador, el arquitecto soviético Nikolái Dzhemsóvich Kolli, quien pasó a ocupar el cargo de jefe de construcción hasta 1933, comunicándose con Le Corbusier a través de correspondencia. En estas cartas fueron ajustando el proyecto a los estándares soviéticos. Kolli contó con la ayuda del arquitecto checoeslovaco Frantisek Zammer y la supervisión del Comisario del Pueblo de Finanzas y teórico de la planificación urbana Nikolái Aleksándrovich Miliutin (1889-1942). La casa del Tsentrosóyuz fue completada entre 1933 y 1936.

En
1970 se llevó a cabo una reforma integral del edificio. Se acristaló la fachada y la planta baja fue reconvertida en espacio habitable, quedando bloqueado el paso por debajo de la casa. Las oficinas se dividieron con tabiques y se desmantelaron los ascensores continuos o paternoster, uno de los elementos más singulares que había en su interior. Así mismo, fueron restaurados el salón de actos, el vestíbulo, las escaleras y las rampas. En 2014 se llevó a cabo una segunda reconstrucción en la cual se reemplazaron todas las ventanas. Al año siguiente se erigió en la entrada por la calle Myasnitskaya un monumento a Le Corbusier del escultor Andrei Tyrtyshnikov y el arquitecto Anton Voskresensky.  

A lo largo de su historia varios han sido los organismos que han ocupado las instalaciones del Tsentrosóyuz, al margen de esta institución. Entre otros, el Comisariado del Pueblo de la Industria Ligera (Narkomlegprom) y la Junta Central de Estadística (TsSU). Desde 1991 alberga el Servicio Federal de Estadísticas del Estado (Rosstat) y el Servicio Federal de Supervisión Financiera (Rosfinmonitoring).

Como visionario, Le Corbusier veía la posibilidad de cambiar el mundo a través de la construcción de edificios. Esta actitud le permitió contribuir de forma significativa a la historia de la arquitectura. Para él, todo proceso de diseño debía tener fines utópicos. Es por ello que sus opiniones políticas fueron variables y controvertidas. Aunque colaboró con la URSS erigiendo el edificio Tsentrosóyuz, en los años veinte escribió artículos sobre urbanismo y a favor del antisemitismo nazi en las revistas fascistas Plans, Prélude y L'Homme Réel. Tuvo conexiones con el partido fascista Le Faisceau y fue miembro del Departamento de Bio-Sociología de la Fundación para el Estudio de Problemas Humanos, un instituto que promovió políticas eugenésicas bajo el régimen de Vichy. El propio Benito Mussolini lo invitó personalmente en 1934 para dar una conferencia sobre arquitectura en Roma. Llegó incluso a menospreciar a la población musulmana de Argel durante la ocupación colonial francesa.

Paradójicamente, el arquitecto que construyó edificios monumentales a lo largo de todo el mundo pasó los últimos veranos de su vida en una minúscula cabaña incrustada bajo los viñedos de la población de Roquebrune-Cap-Martin. La llamaba su "castillo" en la Costa Azul francesa. En agosto de 1965 el cuerpo de Le Corbusier apareció flotando en las aguas del mediterráneo cerca de su cabaña. Había fallecido de un ataque al corazón mientras nadaba. Tenía 77 años.

Mayakovski

El edificio Tsentrosóyuz se halla a poco más de un kilómetro de distancia del centro de la ciudad, en dirección Nordeste, entre el Anillo de los Bulevares y el Anillo de los Jardines. Tiene dos accesos. La puerta del lado Sur da a la Myasnitskaya ulitsa (antigua Kirova ulitsa). La del Norte, a la Akademik Sakharov prospekt (antigua Novokirovsky prospekt)




La iglesia barroca de San Nicolás Taumaturgo fotografiada entre 1920 y 1927 desde diferentes perspectivas



Demolición de la iglesia en 1928




Construcción del edificio Tsentrosóyuz entre 1930 y 1933


Le Corbusier y Nikolái D. Kolli supervisando las obras en 1930 






El edificio Tsentrosóyuz fotografiado desde la calle Myasnitskaya en los años treinta, cuando era conocido como Dom Narkomlegproma. Se puede apreciar con claridad el sistema de "pilotis" aplicado por el arquitecto francés, y como los espacios entre columnas eran aprovechados como accesos y aparcamiento de vehículos. En la segunda imagen se ve el edificio engalanado para la celebración en 1934 del 17º aniversario del VOSR (BOCP), la Gran Revolución Socialista de Octubre ("Velikaya Oktyabr'skaya sotsialisticheskaya revolyutsiya")





El edificio Tsentrosóyuz en los años cuarenta, con la Gran Guerra Patria presente en algunas de las imágenes. En la segunda y tercera fotografías se observa a un grupo de miliacianos formados frente a la entrada por la Novokirovsky prospekt
















Fotografías realizadas en los años cincuenta y sesenta con el edificio Tsentrosóyuz de fondo. En dos imágenes se pueden ver algunas de las actividades que se llevaban a cabo en su interior, más allá de las obligaciones laborales, como competiciones de tenis de mesa entre sus trabajadores. La foto de la manifestación corresponde a la celebración del 1º de Mayo de 1961











El Tsentrosóyuz en los años setenta y ochenta, tras la primera reforma integral en la cual se acristaló la fachada y se construyó en los bajos del edificio. En algunas imágenes se pueden ver las vallas que delimitaban las obras. Sin embargo, dicha reforma no impidió la lenta degradación que el bloque de oficinas comenzó a sufrir posteriormente. En otras imágenes se ven con claridad los desperfectos y el desgaste en ventanas, en partes de la fachada y en el entorno del edificio, sobre todo a partir de la segunda mitad de los años ochenta





El edificio Tsentrosóyuz en los años noventa, en plena era post soviética. Durante esa época de neoliberalismo salvaje, el poco interés comercial de esta construcción la condenó a su momento de máxima degradación y abandono, incluso con paneles publicitarios tapando parte de su fachada



El edificio en 2012, antes de la segunda gran reforma. El exterior mostraba un aspecto más ordenado y en consonancia con la importancia de esta construcción



Fotografías de 2017 (las dos primeras) y 2019 (la tercera), posteriores a la reforma de 2014. En la última imagen se aprecian con claridad las nuevas ventanas










Espectaculares imágenes del interior del Tsentrosóyuz correspondientes a 2019, con un estado de conservación impecable


El ascensor paternoster está fuera de servicio. Pero se ha conservado como homenaje a los primeros tiempos del edificio Tsentrosóyuz. La serie alemana Babylon Berlin ha rescatado del olvido este curioso (y en algunas ocasiones peligroso) modelo de ascensor



Un paseo con el coche de Google Street view nos permite contemplar el aspecto espléndido que luce todo el exterior del edificio Tsentrosóyuz (las imágenes son de mayo de 2021). Un estado de preservación digno de la magnitud de esta obra maestra de la arquitectura y de la persona que la diseñó

domingo, 26 de junio de 2022

"La URSS es el baluarte de la paz". Treinta años de un emblema mutante en la Leninsky prospekt (1961-1991)




En 1961 las autoridades soviéticas instalaron un enorme emblema de la URSS sobre la jardinera central de la Leninsky prospekt (avenida Lenin) de Moscú, a la altura de la calle Kravchenko. Un emblema (o escudo, aunque técnicamente no respetaba las normas heráldicas) que a lo largo de los siguientes treinta años sufrió múltiples mutaciones tanto en su diseño como en los eslóganes que exhibía (la fotografía superior muestra su aspecto final en 1988, antes de su desaparición). Esta evolución hizo que se convirtiera en un elemento urbano muy popular entre los moscovitas y en una improvisada metáfora del devenir político y social del país.
 
Se trataba de una versión gigante del escudo de la Unión Soviética adoptado el 6 de julio de 1923 y descrito en el artículo 143 de la Construción de 1936 como "una hoz y un martillo sobre el globo terráqueo, iluminado por los rayos del sol y orlado de espigas (...), con una estrella de cinco puntas en lo alto". En la versión oficial, una cinta de color rojo abrazaba la base del emblema, mostrando la frase "¡Proletarios de todos los países, uníos!" en las quince lenguas de las Repúblicas Socialistas Soviéticas. En el monumento de la avenida Lenin sí hubo inicialmente un dibujo de la cinta roja pero nunca apareció la famosa proclama de Karl Marx.

El primer escudo de 1961, de autor desconocido, se montó sobre una estructura metálica rodeada de pequeñas banderas rojas, dando la bienvenida a los automovilistas que entraban en Moscú por el extremo meridional de la incipiente carretera de circunvalación. Estaba pintado de rojo, amarillo y azul. Años más tarde, seguramente con motivo de los Juegos Olímpicos de 1980, el monumento sufrió una primera reforma con la instalación de un panel trasero de refuerzo donde se podía leer la frase "La URSS, un único estado multinacional" (en ruso, Единое союзное многонациональное государство - en ruso transliterado, Yedinoye soyuznoye mnogonatsional'noye gosudarstvo). Debido al impacto que causó en la ciudad, entre 1982 y 1983 el emblema se rehizo completamente siendo construida, como nuevo soporte, una enorme estela de cemento y hierro forjado cubierta con láminas de color rojo. En lo alto de dicha estela se colgaron, en ambos lados, dos nuevos escudos idénticos, hechos de acero y sin pintar. El eslogan escogido para la ocasión fue "Moscú, capital de la URSS" (Москва, столица СССР - Moskva, stolitsa SSSR). Tanto la estela como los escudos eran obra del escultor Stepan Alexándrovich Shchekotikhin (1942).

La visita en 1988 del presidente norteamericano Ronald Reagan, en plenas negociaciones sobre desarme nuclear, provocó la introducción de un nuevo lema: "La URSS es el baluarte de la paz" (СССР оплот мира - SSSR oplot mira), con las tres palabras colocadas una debajo de la otra. Es la frase con la que ha pasado a la historia, ya que el 1 de noviembre de 1991, casi tres meses después del golpe de estado contra las reformas de Gorbachov y dos meses antes de la disolución de la URSS, el conjunto fue parcialmente desmantelado (desapareció el escudo pero no la columna de cemento) siendo substituido por el nombre y el logo de la entidad financiera "Inkombank", de plástico y con letras azules. Un logotipo que mostraba una extraña y morbosa similitud con los dos haces de espigas del escudo soviético, uno de los cuales parecía haber sido girado ciento ochenta grados.

El emblema de acero y las tres palabras del eslogan fueron transportados al Muzeón, el parque público moscovita que sirve de cementerio espontáneo para los monumentos soviéticos retirados de su lugar de origen. Y allí continúan en la actualidad, expuestos al aire libre cerca de la Casa Central de los Artistas. Es uno de los elementos más fotografiados por los visitantes del parque, aunque probablemente muchos desconocen su historia. El escudo se mantiene en pie gracias a una simple estructura metálica, parecida a la que en 1961 sostenía el emblema primigenio.

El "Inkombank" quebró siete años después de que su logo substituyera el escudo de la URSS, llevándose por delante los ahorros y las ilusiones de muchos rusos que buscaban en el capitalismo y el consumismo las respuestas a sus anhelos como ciudadanos ex soviéticos. La estela sobrevivió en ese mismo lugar durante dieciséis años más, sirviendo de soporte para otros anuncios publicitarios. Hasta que una reforma en la normativa municipal sobre mobiliario urbano obligó a su demolición en 2014. Sesenta años después, nada queda de todo aquello en la jardinera central de la Leninsky prospekt.

El periodista catalán Rafael Poch, corresponsal del diario La Vanguardia, mantuvo una relación directa con aquel escudo, porque durante los últimos años de la URSS su domicilio se encontraba cerca del cruce de la avenida Lenin con la calle Kravchenko. En su excelente artículo Leonov, una vida al servicio del estado soviético (Ctxt, 07/05/2022) explica los paralelismo entre esta historia y la biografía del teniente general del KGB Nikolái Sergéyevich Leonov, último jefe de su departamento analítico, recientemente fallecido. En el artículo, habla de la nostalgia que le provocó el desmantelamiento del emblema. Concretamente, de la sensación de "carencia", "tristeza" y "pérdida", y no precisamente por la caída de un socialismo ya en decadencia sino por algo más profundo e íntimo, relacionado con su generación y con el paso del tiempo. La misma que sentimos muchos cuando desaparece un símbolo soviético de las calles de cualquier ciudad. Un símbolo que durante muchos años representó una realidad que nunca más volverá a existir.

Mayakovski




Con un punto rojo, el cruce entre la avenida Lenin y la calle Kravchenko, donde se encontraba el emblema soviético. En la parte superior del primer mapa se ve el meandro del río Moscova entre el estadio Lenin (luego Luzhnikí) y el edificio de la Universidad Lomonósov




En 1961, año en que supuestamente se instaló en esta esquina el emblema de la URSS, la Leninsky prospekt era una carretera de circunvalación. Más allá de este punto, hacia el sur, solo había descampados donde se comenzaban a edificar grandes bloques de apartamentos. En la primera imagen, de ese mismo año, se puede ver un enorme socavón frente al escudo soviético, una foto de Karl Marx y lo que parece un panel publicitario de una compañía aérea. En la segunda, aparecen dos carteles en los que se puede leer, a la izquierda, "Gloria al pueblo soviético - Constructor del comunismo" (СЛАВА СОВЕТСКОМУ НАРОДУ - СТРОИТЕЛЮ КОММУНИЗМА / SLAVA SOVETSKOMU NARODU - STROITELYU KOMMUNIZMA); y a la derecha, "Gloria al Partico Comunista de la Unión Soviética" (СЛАВА КОММУНИСТИЧЕСКОЙ ПАРТИИ СОВЕТСКОГО СОЮЗА - SLAVA KOMMUNISTICHESKOY PARTII SOVETSKOGO SOYUZA)




Fotografías de 1963 y 1964, respectivamente, donde se observa con claridad el primer escudo soviético adornado con banderitas rojas








Imágenes de 1965 y 1966 en las que queda de manifiesto que los amplios espacios urbanos habituales en aquella época, además de la escasa circulación de vehículos, magnificaban la presencia, en medio de la avenida, del emblema de la URSS, que debió causar un gran impacto visual y emocional entre los moscovitas


En 1967, quincuagésimo aniversario de la Revolución de Octubre, se aprovechó este espacio para conmemorar dicha efeméride


En 1972 la esquina seguía luciendo los mismos lemas revolucionarios que había diez años antes. En este caso, "Gloria al pueblo soviético" (СЛАВА СОВЕТСКОМУ НАРОДУ - SLAVA SOVETSKOMU NARODU) y "Gloria al PCUS" (СЛАВА КПСС - SLAVA KPSS)


Fotografía de 1973-1974 en direcció nordeste


Imagen de 1981-1982 tras la "reforma olímpica" del emblema. Se puede leer "La URSS, un único estado multinacional" (Единое союзное многонациональное государство - Yedinoye soyuznoye mnogonatsional'noye gosudarstvo)


Fotografía de 1983-1984 con el nuevo (y doble) emblema soviético de acero, instalado sobre la estela de cemento y hierro forjado, tal como los diseñó Stepan Alexándrovich Shchekotikhin (1942). El lema rezaba "Moscú, capital de la URSS" (Москва, столица СССР - Moskva, stolitsa SSSR)




En 1988 la visita del presidente norteamericano Ronald Reagan propició el cambio de eslogan por el otro que ha quedado ligado a la historia de este escudo: "La URSS es el baluarte de la paz" (СССР оплот мира - SSSR oplot mira)


Imagen de 1991 con una joven cruzando frente al escudo de la Leninsky prospekt. El estado de degradación de todo el conjunto, además de la bolsa de plástico con la bandera imperial rusa y una cruz, presagiaban el final de toda una era


Desmantelamiento del doble escudo y del lema soviético el 1 de noviembre de 1991




Entre 1991 y 1998 este fue el aspecto del anuncio publicitario de "Inkombank" que substituyó el escudo soviético de la Leninsky prospekt. De plástico, luminoso, de color azul, instalado sobre la misma estela de Shchekotikhin y con una forma sospechosamente parecida al emblema eliminado


Tras la quiebra de "Inkombank", desde 1998 hasta 2014 la misma estela sirvió de soporte a diversos anuncios publicitarios (y también, cómo no, a algún grafiti). Anuncios que se extendían a lo largo y ancho de la Leninsky prospekt




El escudo de Shchekotikhin se trasladó al Muzeón de Moscú, el cementerio de los monumentos soviéticos, donde hoy en día miles de personas lo visitan con la intención de hacer un viaje al pasado, nostálgico para algunos, curioso para otros. La primera fotografía es del autor del blog y fue obtenida en agosto de 2006

La flecha blanca indica el lugar exacto donde se encuentra el escudo en el Muzeón de Moscú, junto a la Nueva Galería Tretiakov. Al Muzeón se accede por la Krimskiy Val (la avenida en la parte inferior de la imagen), justo enfrente de la entrada al Parque Gorki


Captura de Google Street View de mayo de 2019, realizada en la esquina de la Leninsky prospekt y la calle Kravchenko en dirección norte. Como puede verse, no queda ni rastro de la estela que soportó el emblemático escudo de la URSS

viernes, 22 de abril de 2022

La placa (sin nombre) dedicada a Markus Wolf, el espía sin rostro de la RDA



Sobre la fachada del número 8/2 de la Nizhniy Kislovskiy pereulok de Moscú se encuentra instalada una placa que conmemora los años en que los hermanos Markus y Konrad Wolf vivieron en este lugar poco después de haber huido de la Alemania Nazi. La placa, obra de Manfred Zalow y Carlo Wloch, fue inaugurada el 20 de diciembre de 1988, menos de once meses antes de la caída del Muro de Berlín. La inscripción en ruso reza:

В зтом доме жили с 1934 по 1945 год Участники антифашистского движения
немецкий писатель
ФРИДРИХ ВОЛЬФ
И
КОНРАД ВОЛЬФ
режиссер
Президенг Академии искусств ГДР

V ztom dome zhili s 1934 po 1945 god Uchastniki antifashistskogo dvizheniya
nemetskiy pisatel'
FRIDRIKH VOL'F
I
KONRAD VOL'F
rezhisser
Prezideng Akademii iskusstv GDR


En esta casa vivieron desde 1934 hasta 1945 los miembros del movimiento antifascista
El escritor alemán
FRIEDRICH WOLF
KONRAD WOLF
Director
Presidente de la Academia de Artes de la RDA

Curiosamente, en la inscripción no aparece el nombre de Markus Wolf, sino el de su hermano, Konrad, director de cine, y el de su padre, Friedrich, médico, escritor y primer embajador de la RDA en Polonia. Aunque en 1988 la RDA y la URSS todavía existían (y, por tanto, no se podían revelar determinados secretos que pudiesen afectar a los servicios secretos orientales), la identidad del espía apodado Mischa ya se había dado a conocer en 1979, cuando el semanario alemán Der Spiegel publicó en su portada del mes de marzo (número 10 de la revista) una fotografía de Wolf tomada en secreto durante una misión en Estocolmo. Es por ello que resulta como mínimo extraña la omisión del nombre de Markus Wolf en la placa de la calle Nizhniy Kislovskiy.
 




El pasaje Nizhniy Kislovskiy (con forma de arco) se halla a pocas calles del Manège, los jardines de Alejandro y el Kremlin (parte derecha de la primera imagen). Se encuentra situado entre las calles Vozdvizhenka y Bolshoy Kislovsky, cerca del bulevar Nikitsky








La placa (puntos rojos en los mapas) está clavada en la parte izquierda de la fachada, a la altura de la planta baja, casi al nivel de la acera. El bloque es fácilmente identificable por el ascensor exterior que tiene instalado sobre la puerta de entrada


Markus Johannes Wolf (Mischa) nació en Hechingen (Alemania) el 19 de enero de 1923. Era hijo del médico de origen judio y miembro del Partido Comunista Alemán Friedrich Wolf y hermano del cineasta Konrad Wolf. En 1933 y tras la victoria electoral de Hitler, su familia se exilió, primero a Suiza y Francia y a partir de 1934 a la URSS. Entre 1940 y 1942 estudió en la Escuela de Aeronáutica de Moscú. Fue evacuado a Kuschnarenkowo (Urales) y en 1943 se convirtió en redactor del periódico Deutscher Volkssender. En 1945 regresó del exilio con el 'Gruppe Ulbricht' y al año siguiente participó como comentarista de los Juicios de Núremberg. Entre 1949 y 1951 trabajó para los servicios diplomáticos en Moscú. En 1953 colaboró en la creació del Hauptverwaltung Aufklärung (HVA), el servicio de inteligencia en el extranjero de la RDA. Fue el responsable de la formación de los 'espías Romeo' que seducían a secretarias que trabajaban en el gobierno federal de la Alemania Occidental (RFA). Uno de ellos fue Günter Guillaume, que logró convertirse en el secretario personal de Willy Brandt, el canciller alemán que tuvo que dimitir en 1974. Se retiró del servicio activo en 1989, a los 66 años. Durante mucho tiempo se le conoció como el 'espía sin rostro', porque los servicios secretos occidentales no dispusieron de un fotografía suya hasta finales de los años setenta. Tras la reunificación alemana, huyó a la URSS, entregándose al año siguiente a la autoridades de la RFA. Fue condenado aunque no ingresó nunca en prisión, porque sus actividades las había llevado a cabo fuera del país. Murió el 9 de noviembre de 2006 mientras dormía en su casa de Berlín (la misma que le concedió el gobierno de la RDA cuando se jubiló). Tenía 83 años. Está enterrado en el cementerio central de Friedrichsfelde


El cementerio de Friedrichsfelde (Berliner Gemeindefriedhof Friedrichsfelde) se encuentra situado en el barrio berlinés de Lichtenberg. En él reposan los restos de muchos líderes antifascistas del siglo XX, como Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg (aunque una autopsia realizada recientemente demostró que esto no era exactamente así). En 1926 Mies van der Rohe construyó un memorial dedicado a los Espartaquistas caídos durante la década anterior (el monumento fue destruido por los nazis en 1935). Durante la división de las dos Alemanias el cementerio de Friedrichsfelde perteneció a la RDA. Es por ello que se encuentran enterrados aquí algunos líderes y figuras destacadas de la Alemania Oriental. Entre otros, Walter Ulbricht, Wilhelm Pieck y Erich Mielke. Y también Friedrich, Konrad y Markus Wolf


En 1997 apareció publicada en inglés Man without a face: The Autobiography of Communism's Greatest Spymaster, una detallada y polémica autobiografía escrita por Markus Wolf en colaboración con la periodista británica Anne McElvoy. Una obra que muchos tildaron de blanqueo de la figura del espia alemán, aunque conocidos de sobra los prejucios que aún existen en relación a la extinta República Democrática Alemana, posiblemente se trate de otra calumnia infundada sobre este país. Sea como sea, el libro resulta apasionante como obra sobre el mundo del espionaje. Aquí se tituló L'home sense cara (en catalán, publicado por la editorial Quaderns Crema, 1999) y El hombre sin rostro (en castellano, de la editorial Javier Vergara, 1997).
 
Es esta autobiografía el autor hace mención de su etapa en Moscú. En la edición en catalán encontramos los siguientes extractos:
 
"En aquells moments, els nazis havien congelat els nostres comptes bancaris i confiscat les nostres propietats. L'asil que ens va oferir la Unió Soviètica representava la salvació per als meus pares, Koni i jo. Amb l'ajuda d'un amic, el dramaturg Vsevolod Vixnevski, el meu pare havia trobat un apartament petit de dues habitacions al carrer Nijni Kizlovsk, un dels carrers recargolats del segle XIX a l'antic centre de Moscou, al darrere del carrer principal, l'Arbat, estimat pels escriptors i els intel·lectuals . El març de 1934, la meva mare, el meu germà Koni i jo vam seguir-lo.
 
Ens vam adaptar lentament a una llengua i una cultura estranyes, espantats pel comportament rude de la mainada que compartia el nostre pati. 'Nemets, perets, kolbassa, kislaya kapusta', ens cridaven: 'Alemanys... pebre, salsitxa, sauerkraut'. També es reien dels nostres pantalons curts, i nosaltres pregàvem a la nostra mare que ens poses de llargs. Finalment, va cedir amb un sospir, tot dient:
 
- Ara ja sou uns homenets.
 
Però ben aviat ens va fascinar el nostre nou entorn. Després de la nostra infantesa provincial alemanya, aquella ciutat atrafegada, amb la seva manera de fer deseixida, ens emocionava. En aquella època, la gent encara escopia les cloves de les pipes de gira-sol a terra, i els carros de cavalls omplien els carrers de soroll. Moscou encara era un 'poble gran', una ciutat amb maneres de pagès. Primer vam anar a l'Escola Alemanya Karl Liebknecht (una escola per a fills de pares de parla alemanya, que rebia el nom en honor del líder socialista de la revolta espartaquista de gener de 1919, que va ser assassinat a Berlín no gaire després); posteriorment vam anar a un institut rus. Quan vam arribar a l'adolescència, amb prou feines sens podia distingir dels nostres companys de classe nadius, perquè parlàvem el mateix rus col·loquial amb accent de Moscou. Teníem un parell d'amics especials, George i Victor Fischer, fills del periodista americà Louis Fischer. Ells em van posar el motiu 'Mischa', que m'ha quedat per sempre més. El meu germà Koni, per no quedar de banda, va adoptar el diminutiu 'Kòlia'.
 
Conservo el Moscou dels anys trenta a la memòria com una època de llum i d'ombra. La ciutat canviava per moments. Jo era un adolescent força seriós, i ja no considerava Stalin un màgic. Però a mesura que els nous blocs d'apartaments de múltiples pisos apareixien al voltant del Kremlin i el trànsit s'incrementava sobtadament amb els cotxes negres que substituïen els cabriolés, era com si algú hagués fet una passada amb una poderosa vareta màgica i hagués convertit el Moscou del passat en un paisatge futurista. L'elegant metro, amb els llums Art Deco i les seves escales mecàniques esfereïdorament altes, brunzia de vida, i ens passàvem les tardes després de classe explorant-ne les cambres, que ressonaven com una vasta església subterrània. La desastrosa escassetat d'aliments dels anys vint havia millorat, però malgrat els nous edificis, els amics de la meva família, sobretot intel·lectuals russos, vivien apilonats en apartaments minúsculs. Hi havia espectaculars desfilades el dia 1 de maig. Les notícies emocionants del dia informaven de les gestes de l'època, com l'intrèpid rescat de l'expedició Txeliuixkin dels gels de l'oceà Àrtic després de conquerir el Pol Nord. Seguíem aquests esdeveniments amb el mateix entusiasme que la mainada occidental dedicava als seus equips preferits de futbol americà o de beisbol.
 
Amb una passió similar, Koni i jo vam ingressar als Joves Pioners Soviètics -l'equivalent comunista dels minyons escoltes- i vam aprendre cançons de batalla sobre la lluita de classes i la mare pàtria. Com a Joves Pioners, desfilàvem en la gran demostració de novembre a la Plaça Roja, en commemoració de la revolució soviètica, cridant consignes d'elogi a la figureta vestida amb un abric que s'estava a la balconada, al capdamunt de la tomba de Lenin. Passàvem els caps de setmana als boscos del voltant de Moscou, collíem mores i bolets perquè el nostre pare, fins i tot ara que era un habitant de la ciutat, estava decidit a conservar la seva adoració de la natura com a forma de vida. Jo encara trobava a faltar, però, els requisits culinaris alemanys, i l'escassa dieta soviètica, amb la seva base de farinetes de fajol i iogurt agre, em semblava desesperadament avorrida." (pp. 64-66)
 
"Tenia onze anys quan vaig abandonar Alemanya i vaig anara a Moscou, i vaig tardar onze anys més a retornar a Alemanya. Sovint m'han dit que era 'mig rus'; m'ho han dit de broma, amb condescendència, i a vegades com a crítica, però jo no m'ho he agafat mai com un insult, i el patrocini dels russos va ser un element essencial per a la meva carrera. Els meus companys comunistes alemanys sabien que la meva vida havia estat modelada a la Unió Soviètica per l'esperit profund dels russos. La meva proximitat a la Unió Soviètica em donava una autoritat que posteriorment podria utilitzar amb fermesa en les disputes.
 
Quan visitava Moscou per afers oficials, em treia del damunt la meva identitat alemanya formal de seguida que podia i adoptava el posat d'un moscovita, passejava per carrers i xerrava amb gent que em resultaven molt més familiars que no pas Berlín i els berlinesos. Anava fins al nostre antic edifici d'apartaments al carrer Nijni Kizlovsk, que ara llueix una placa commemorativa en honor del meu pare i el meu germà, i visitava molts dels meus antics amics de l'Arbat. Amb el meu amic Alik, que havia perdut una cama a la guerra i s'havia fet professor d'alemany, passejava pel nostre antic barri fins al carrer Gorki, que ara es torna a dir Tverskaia, com abans de la revolució. Quan érem estudiants vam estar-nos moltes hores fent cua al famós Teatre de l'Art de Moscou per poder aconseguir entrades per veure interpretar Anna Karenina a la gran Tarasova, o per veure Michoels, l'estrella del teatre jueu que hi havia prop de la nostra escola". (pp. 79-80)