Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de octubre de 2017

«¿Cuándo amanecerá, camarada?» (Jean-Paul Ollivier, 1967): una crítica personal


Título original: Quand fera-t-il jour, camarade? Histoire de la Révolution d'Octobre
Autor: Jean-Paul Ollivier
Año de publicación: 1967
Edición actual: Ed. Clave intelectual (1ª ed. – 2017)
ISBN: 978–84–946343–6–9
Páginas: 450 (463 con los índices)

Escrita por el periodista francés Jean-Paul Ollivier (1923), esta obra sobre los orígenes y los momentos clave de la Revolución Rusa es una pequeña joya y un libro imprescindible en su género, de lo mejor que se ha publicado sobre este acontecimiento fundamental del siglo XX. Tiene la gran ventaja, a menudo poco valorada por los aficionados a la historia, de haber sido escrita hace justo cincuenta años, ofreciendo así una visión retrospectiva de aquellos hechos. Además, vio la luz precisamente en la década de más estabilidad social y económica en la URSS. Atrás quedaba el inicio del proceso de desestalinización tras el XX Congreso del PCUS de 1956, y lejos estaban aún los años más aciagos del período soviético, desde finales de los años 70 hasta el colapso de 1991. A diferencia de la mayoría de libros escritos tras esta fecha, los cuales suelen tomar como eje central de la narración el análisis del «fracaso del comunismo» como un camino previsible que comenzó en octubre de 1917, este ensayo histórico analiza cronológicamente la Revolución Rusa desde una óptica objetiva y fenomenológica, es decir, desde la experiencia cotidiana de sus protagonistas. No en vano Ollivier concibió su escritura durante una visita que hizo a la URSS en 1964, obteniendo buena parte de los materiales que lo integran a partir de las entrevistas que realizó a ciudadanos soviéticos que habían participado en las revueltas de 1917 y también a personalidades de distintas ideologías políticas exiliadas desde entonces fuera de la Unión Soviética (entre ellos, Aleksandr Kérenski). Tardó tres años en completar este trabajo. Los eventos relatados van desde 1876 –con la llegada a Rusia de los primeros textos marxistas y, más adelante, la ejecución del hermano de Lenin– hasta unos días después del asalto al Palacio de Invierno de Petrogrado por las tropas del Comité Militar Revolucionario, comandado por el Soviet de la ciudad.

Que nadie se espere un estudio pormenorizado de la historia de la Revolución de Octubre al estilo de la monumental «La Revolución rusa. La tragedia de un pueblo (1891-1924)», de Orlando Figes. El libro de Ollivier no contiene tantos datos enciclopédicos y archivísticos ni un análisis político tan detallado. Su lenguaje es sencillo y casi periodístico, de columna diaria sobre el conflicto ruso, y la información que aporta está bien sintetizada y relacionada con la que aparece en páginas precedentes, sin la dispersión que a menudo presenta el texto de Figes. Estructurado en 72 capítulos cortos, la amplitud temporal de cada uno de ellos se va acortando a medida que avanza su lectura, como un crescendo en una pieza musical, hasta desembocar en una parte final del libro que desgrana hora a hora lo sucedido en la noche del 25 de octubre de 1917 (7 de noviembre en el calendario gregoriano). Se agradece especialmente que Ollivier no cayese en la trampa, con la que tropiezan la mayoría de historiadores, de emitir juicios de valor sobre los sucesos y personajes reseñados, dejando de lado las típicas lecciones sobre democracia y libertad que suelen inundar estos tratados. La lectura de esta obra invita a pasear por los paisajes urbanos de la Revolución de 1917 que aún existen en la ciudad de San Petersburgo –prácticamente todos siguen intactos– para ver en persona los escenarios y ambientes descritos en sus páginas. Hay momentos impactantes como el relato minucioso del trayecto a pie que siguió Lenin la noche de la insurrección desde su piso clandestino en Petrogrado hasta el Instituto Smolny, esquivando los controles de la policía gubernamental gracias al disfraz que llevaba puesto y a un amigo que distrajo a sus posibles captores. Un paseo a pie que cambió la historia para siempre –cabe preguntarse qué hubiese sucedido de no haber llegado a su destino–.

Si hay que poner alguna objeción a lo comentado hasta aquí es a la calidad de esta primera edición española en manos de Clave intelectual. Todos sabemos que las editoriales pequeñas están muy limitadas en cuanto recursos humanos y materiales, pero es un hecho indiscutible –y hasta cierto punto inexplicable– que este texto está plagado de errores tipográficos que llegan a dificultar su comprensión, comenzando por una equivocación garrafal en una fecha de la primera página del primer capítulo en la que se confunde la jornada fundamental del 7 de noviembre con un explícito «17 de noviembre», lo cual puede llevar a confusión a lectores poco avezados en este episodio de la historia. Esperemos que en una segunda edición de «¿Cuándo amanecerá, camarada?» estos errores queden subsanados. Aún así, es de agradecer que haya editoriales que se arriesguen con textos resucitados del pasado.

En definitiva, una obra no solo recomendable, sino necesaria para comprender nuestra historia reciente y la situación actual del mundo en el que vivimos. 

Mayakovski

lunes, 22 de mayo de 2017

Novedades literarias sobre la Revolución de Octubre en el año del Centenario

La conmemoración este año del Centenario de la Revolución Rusa está propiciando la publicación –en algunos casos, reedición– de una serie de obras dedicadas al análisis del que sin duda es el acontecimiento más trascendental de la historia del siglo XX. A continuación, once de los títulos más importantes aparecidos recientemente en el mercado literario de nuestro país: 

  • El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914, de Josep Fontana (Ed. Crítica, 2017). El profesor Fontana ha acometido una empresa enormemente ambiciosa: historiar el desempeño -¿la deriva?- del mundo desde el comienzo de la Gran Guerra (1914) hasta prácticamente el fin de 2016. Se trata de un periodo que ya ha sido colonizado por otros autores, aunque más bien a tramos y creo que nunca apurando los acontecimientos hasta virtualmente anteayer (...) ("Revolución en el siglo", artículo publicado en Babelia [El País] el 28/04/2017). 


  • La venganza de los siervos: Rusia, 1917, de Julián Casanova (Ed. Crítica, 2017). Una síntesis muy solvente de aquel año crítico, de sus alternativas en conflicto y de sus antecedentes y consecuentes, apoyado en una base bibliográfica muy amplia, actualizada y bien comentada. No en vano, acierta a considerar la llamada "Revolución Rusa" como una serie de revoluciones simultáneas y superpuestas" que alteraron profundamente la vida del país más grande del mundo (en el artículo "La nación y la revolución que no cesan" de Enrique Moradiellos, publicado en Babelia [El País] el 20/05/2017). Sinopsis y descarga del primer capítulo en https://www.planetadelibros.com/libro-la-venganza-de-los-siervos/248078.


  • Breve historia de la Revolución rusa, de Mira Milosevich (Ed. Galaxia Gutenberg, 2017). Milosevich analiza la revolución como un ciclo. Y responde, de un modo novedoso, a las preguntas fundamentales: cómo y por qué estalló la revolución, cómo los bolcheviques llegaron al poder, cómo y por qué el régimen evolucionó hacia el totalitarismo, cómo el modelo perduró durante 69 años, por qué colapsó y, finalmente, qué tipo de sistema emergió de las ruinas de la URSS. Todo el siglos XX ruso (en http://www.elcultural.com/revista/letras/Cuando-Rusia-adelanto-la-hora/39061).


  • El tren de Lenin. Los orígenes de la revolución rusa, de Catherine Merridale (Ed. Crítica, 2017). Como el título sugiere, este libro aparecido en enero se centra en los orígenes de la Revolución rusa. Cuenta el viaje del revolucionario a través de Europa en los primeros meses de 1917. Lenin, exiliado hasta entonces en Suiza, atravesó medio continente bajo las balas, en un tren sellado y con ayuda del gobierno alemán, que creía que, impulsando la revolución, podría sacar a Rusia de la guerra. Intrigas, espionaje e historia, mucha historia (en http://www.elcultural.com/revista/letras/Cuando-Rusia-adelanto-la-hora/39061). Sinopsis y descarga del primer capítulo en https://www.planetadelibros.com/libro-el-tren-de-lenin/230919.


  • La Revolución Rusa. La fábrica de una nueva sociedad, de Mª Teresa Largo Alonso (Ed. Los Libros de la Catarata, 2017). Rusia era a finales del siglo XIX un enorme país atrasado y, contra todo pronóstico, en él triunfó una revolución que vislumbró una sociedad más justa e igualitaria, puso al frente de un gran Estado a un partido representante de los trabajadores y difundió su modelo en todo el mundo, llegando a convertirse en una potencia hegemónica en la segunda mitad del siglo XX. Pero las sucesivas guerras y su deriva totalitaria pronto frustraron los objetivos revolucionarios. Con motivo de su centenario, esta historia divulgativa de la Revolución rusa repasa uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX y pone en relación conflictos armados y sensibilización de las élites, concienciación del proletariado y avances sociales y políticos, conectando los principales hitos de su historia política con sus contextos sociales y culturales (en http://www.marcialpons.es/libros/la-revolucion-rusa/9788490972618/).

 

  • Cartas desde la revolución bolchevique, de Jacques Sadoul [Reedición de la obra original de 1919] (Ed. Turner, 2016). Entre octubre de 1917 y mayo de 1918, Jacques Sadoul, diplomático francés enviado a Petrogrado (San Petersburgo) en misión técnica, asiste a los acontecimientos de la revolución bolchevique y comparte cada día impresiones y negociaciones con Lenin, Trotski y los miembros del nuevo poder revolucionario. Sus cartas enviadas a Francia dan cuenta del día a día en las calles, y también de las tensas relaciones entre las potencias, que dudan entre apoyar al nuevo poder de los sóviets o mantener sus políticas conservadoras e imperialistas. Una crónica única, de un testigo que consigue a la vez ser imparcial y caluroso, realista y visionario. Jacques Sadoul (1881-1956) fue un abogado, político y escritor francés que después de su estancia en la Rusia bolchevique se convirtió en uno de sus mayores defensores en Europa. Participó en la fundación del Partido Comunista francés y fue una figura polémica tanto dentro como fuera de la organización. Sus cartas al ministro Albert Thomas son el reflejo de una época convulsa que cambió el curso de la historia (en http://www.turnerlibros.com/book/cartas-desde-la-revolucion-bolchevique.html).  


  • ¿Cuándo amanecerá, camarada?, de Jean-Paul Ollivier [Reedición de la obra original de 1967] (Ed. Clave Intelectual, 2017). Este libro no habla de las consecuencias de la revolución rusa ni de lo que ha significado la URSS, porque el relato de Ollivier comienza en 1876 y finaliza el día que triunfa la revolución rusa en 1917. El autor narra, como si estuviésemos asistiendo en directo, la noche del 6 al 7 de noviembre de 1917. Valdimir Ilich Ulianov ha decidido salir de su escondite, escoltado sólo por un hombre al que una patrulla ha interceptado ya. Y avanza por una Petrogrado en estado de sitio. Lenin va a ponerse al frente de la insurrección que dará todo el poder a los soviets. Antes, Ollivier, se ha remontado décadas atrás para contar lo que sucedía en Rusia y en el mundo hasta que se fraguó el movimiento bolchevique, que condujo al pueblo ruso hacia una revolución que cambió Rusia y el mundo (en http://www.marcialpons.es/libros/cuando-amanecera-camarada/9788494634369/).


  • Atrapados en la revolución Rusa, de Helen Rappaport (Ed. Palabra, 2017). Atrapados en la Revolución rusa, 1917, es el magistral relato de Helen Rappaport sobre el estallido de la Revolución Rusa a través de testimonios directos dejados por ciudadanos extranjeros que vieron el drama en primera persona. Entre el primer estallido de febrero de 1917 y el golpe bolchevique de Lenin en octubre, Petrogrado (el antiguo San Petersburgo) estaba en plena ebullición, sentida con especial intensidad en la gran avenida, Nevsky Prospekt. Allí, los visitantes extranjeros que llenaban hoteles, clubes, oficinas y embajadas eran muy conscientes del caos que brotaba fuera de sus puertas y debajo de sus ventanas. Entre este variopinto grupo estaban periodistas, diplomáticos, hombres de negocios, banqueros, institutrices, enfermeras voluntarias y socialistas expatriados. Muchos guardaban diarios y escribían cartas a casa: desde una enfermera inglesa que ya había sobrevivido al hundimiento del Titanic, al ayudante de cámara afroamericano del embajador de los Estados Unidos, a la líder del movimiento sufragista Emmeline Pankhurst, que había venido a Petrogrado para inspeccionar el indomable Batallón de la Muerte -formado íntegramente por mujeres- dirigido por Maria Bochkareva. La autora del bestseller Las hermanas Romanov se basa en este valioso material, en gran parte inédito, para llevarnos hasta la acción: poder ver, sentir y oír la Revolución como les sucedió a un grupo de personas que, de repente, se sintieron atrapados en un Petrogrado convulso. Helen Rappaport (Bromley, 1947) es una reputada especialista en historia de Rusia y la Inglaterra victoriana. Tras estudiar en la Chatham Grammar School for Girls, cursó estudios rusos en la Universidad de Leeds (en https://www.palabra.es/atrapados-en-la-revolucion-rusa-1917-1818.html). 


  • La Revolución rusa, de Rosa Luxemburgo [Reedición de la obra original de 1918] (Ed. Página Indómita, 2017). «Toda institución democrática tiene sus límites y deficiencias, algo que comparte con el resto de las instituciones humanas, pero el remedio de Lenin y Trotski, la eliminación de la democracia como tal, es peor que la enfermedad. […] La libertad solo para los partidarios del Gobierno, solo para los miembros de un partido —por muy numerosos que estos sean— no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para quien piensa de manera diferente». Antes que Orwell y Koestler, antes incluso que Victor Serge, estuvo Rosa Luxemburgo, una firme defensora de la democracia y, en palabras de Schumpeter, «una de las críticas más implacables de las prácticas bolcheviques». El carácter polémico y visionario de este sorprendente texto, escrito en la cárcel en 1918 y publicado de manera póstuma, se comprende fácilmente si tenemos en cuenta que, hasta la Gran Purga de finales de la década de 1930, la fascinación occidental por la Revolución rusa era incluso mayor que la actual. (...) (en http://www.paginaindomita.com/la-revolucion-rusa/).


  • Lunacharski y la organización soviética de la educación y de las artes (1917-1921), de Sheila Fitzpatrick [Reedición de la tesis doctoral de 1970] (Ed. Siglo XXI, 2017). Un bolchevique para los intelectuales, un intelectual para los bolcheviques. Anatoli Vasílevich Lunacharski, el primer Comisario del Pueblo para la Educación, es una de las figuras más representativas de la contradicción existente en la Rusia revolucionaria entre las grandiosas aspiraciones de transformación social que mueven a los protagonistas de la revolución y los terribles condicionamientos bajo los que deben acometer su intento de crear una sociedad nueva. Lunacharski se enfrentó a la incomprensión de los académicos, cuyo supuesto talante liberal se siente ofendido ante el intolerable espectáculo de una revolución popular y trató de evitar que el radicalismo ingenuo e idealista de los partidarios de la 'proletkult' llevara a un imposible salto en el vacío en el terreno cultural. Tarea complicada, pero titánica si tenemos presente la falta de personal cualificado, la falta de todo tipo de medios materiales, el hambre, el frío, la miseria y las destrucciones de la guerra. El héroe cultural necesito de cuatro años para conquistar las ambiciosas metas que los bolcheviques se marcaron en el terreno de la educación y de las artes: una nueva pedagogía, una enseñanza integral, un arte cuyo sujeto sea el pueblo, una cultura nueva revolucionaria y para el pueblo (en https://www.sigloxxieditores.com/libro/lunacharski-y-la-organizacion-sovietica-de-la-educacion-y-de-las-artes-1917-1921_18008/).


  • La Revolución Rusa de 1917, de Vicente Blasco Ibáñez [Reedición de los materiales publicados en "Crónica de la guerra europea 1914-1918", 9 volúmenes, 1914-1921] (Sílex Ediciones, 2017). Cuando a principios de 1917 Vicente Blasco Ibáñez comenzó a recopilar información acerca de los inesperados sucesos que estaban teniendo lugar en Rusia, no imaginaba que estaba componiendo la mejor y más completa narración sobre la Revolución Rusa jamás llevada a cabo por un autor español. Un español contemporáneo de los hechos y fogueado en la labor de periodista bélico desde el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914. Durante los años de la todavía llamada Gran Guerra, Blasco Ibáñez levantó para la posteridad una obra monumental: la Crónica de la Guerra Europea de 1914. Una auténtica enciclopedia en nueve grandes tomos que incluyen el material que conforma este libro: todas las noticias y comentarios sobre la Revolución Rusa de 1917, un hecho histórico de primera magnitud que determinaría la historia del siglo XX no sólo en Rusia, sino en todo el mundo. Vicente Blasco Ibáñez aun siendo apartado por la dictadura franquista por sus ideas progresistas y republicanas, es algo más que uno de los mejores escritores españoles de todos los tiempos: es también un historiador colosal cuyo trabajo de investigación sobre los acontecimientos revolucionarios en Rusia se recuperan hoy para el lector en este volumen que recoge un trabajo periodístico fuera de serie (en http://www.marcialpons.es/libros/la-revolucion-rusa-de-1917/9788477375265/).



Pendiente de publicación: Historia de la Revolución Rusa, de Neil Faulkner (Ed. Pasado y Presente, 2017). En junio.

martes, 14 de marzo de 2017

Paulus y yo: En memoria de Piotr Vasílievich Alkhutov


La editorial La Esfera de los libros acaba de reeditar la traducción al castellano de las memorias de Friedrich (von) Paulus, el mariscal de la Wehrmacht a las órdenes de Hitler que en 1942 intentó conquistar Stalingrado. Dichas memorias, en realidad un compendio de textos recopilados por Walter Goerlitz y prologados por su hijo Ernst Alexander Paulus, se titulan, precisamente, “Stalingrado y yo”. La noticia de esta publicación me ha llevado a recordar la cadena de hechos casuales que hace algo más de cinco años me permitieron visitar el que fuera el centro de mando de Paulus en el sótano de unas tiendas del actual Volgogrado, en Rusia, y conocer personalmente a uno de sus captores, un legendario y respetado veterano del Ejército Rojo.

Todo comenzó en la primavera de 2005, año en que se conmemoraba el sexagésimo aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial. Con motivo de esa efeméride, la librería de unos grandes almacenes de mi ciudad sacó a la venta un pack especial de dos libros y un DVD sobre aquel episodio bélico. Eran “Berlín. La caída: 1945” y “Stalingrado”, ambos del historiador y ex oficial del Ejército británico Antony Beevor, y un documental de corta duración y mensaje pacifista elaborado justo después de la contienda y reeditado para la ocasión. Sobre una humilde mesita, en un rincón de la tienda, los responsables de la librería colocaron esos tres objetos con la intención de homenajear el final de la guerra y probablemente para quitarse de encima un excedente de libros. Solo algunos bibliófilos y amantes de la historia como yo caímos en la cuenta de su existencia y los compramos.
 
Nunca antes había leído una obra perteneciente a este género literario, ni me atraía especialmente lo relacionado con las tácticas de guerra. Pero dio la casualidad que un par de meses atrás había visitado Berlín y aquella experiencia, unida a mis recuerdos de juventud, en plena Guerra Fría, provocaron en mi interior una súbita regresión hacia antiguos intereses que marcaron mis años de adolescencia. En 2005 internet era todavía un fenómeno relativamente incipiente en el que no existían, por lo menos tal como los conocemos hoy en día, ni los traductores virtuales, ni los mapas vía satélite, ni muchas de las miles de páginas web que podemos visitar en la actualidad de forma fluida. Es por este motivo que la lectura de aquellos libros, que hacían referencia a lugares del pasado que aún existían, supuso para mí un descubrimiento que me cambió la vida. Comencé a sentir lo que Walter Benjamin denominaba «la pasión por buscar e intentar entender el sentido de la historia a partir de sus producciones más pequeñas, incluso a partir de sus ruinas».
 
Después de dos viajes consecutivos a Rusia −en 2006 y 2007−, concretamente a las ciudades de Moscú, Volgogrado y San Petersburgo, entablé amistad con un experto en la batalla de Stalingrado, el abogado y urbanista catalán Eduard Moreno Ibáñez. Nos conocimos a través del foro de la página web casarusia.com, de muy grato recuerdo para mí. Fue él quien me dio el espaldarazo definitivo que me permitió acceder al universo histórico y simbólico de la “madre de todas las batallas”. Por aquella época asistí a varias conferencias suyas en el Ateneu Barcelonès y en una de ellas, en el mes de junio de 2009, fui presentado al matrimonio Fedosov, una pareja de profesores universitarios de Volgogrado −la ciudad llamada Stalingrado entre 1925 y 1961− que se encontraban de visita en Barcelona para participar en unas jornadas dedicadas a la historia y cultura de los cosacos del Don. Desgraciadamente a Yuri Fedosov sólo pude conocerlo y disfrutar de su compañía a lo largo de esos pocos días en los que estuvo de viaje con su mujer, compartiendo una cena y algún que otro paseo hasta el hotel donde se alojaban. Falleció al año siguiente, de forma repentina, mientras daba una clase de antropología en su facultad. Aún conservo la botella de vodka que me regaló en aquella ocasión.

Tres textos fundamentales sobre la batalla de Stalingrado: el de Antony Beevor (Ed. Crítica, 2005), el de William Craig (Ed. RBA, 2006) y el de Stephen Walsh (Ed. Libsa, 2002)

Dos años después, en septiembre de 2011, Moreno organizó un viaje a Volgogrado centrado en todo lo relativo a la batalla de Stalingrado, una expedición cultural que se convirtió en una vivencia decisiva para mí. Le acompañamos Enric Crusat de Abaria, ateneista como él, su nieto Ivo Recoder y yo mismo. Con Oksana Fedosova, la viuda de Yuri, como cicerone y traductora, en seis días frenéticos recorrimos los lugares más emblemáticos relacionados con la Segunda Guerra Mundial. Aún hoy en día, cumplidos casi tres cuartos de siglo desde aquellos acontecimientos, las plazas y calles de la antigua Stalingrado continúan supurando patriotismo, nostalgia, comunismo, guerra y heroicidad. Sin embargo, hay dos visitas que destacaron por encima de las demás. Son las que hicimos al Club de Veteranos “Stalingrado”, cuya sede está situada en los sótanos de la legendaria Casa de Pávlov, y al Museo Pamyat (“Memoria”), en la planta subterránea de los Almacenes Univermag, lugar donde se instaló en 1942 el puesto de mando del 6º Ejército alemán comandado por Paulus. Construidos en 1938, en la actualidad esos almacenes comerciales siguen funcionando como tales, aunque en un formato moderno y de titularidad privada.

Los Almacenes Univermag de Stalingrado (Volgogrado) fotografiados en 1943 y 2011 (la fotografía de la derecha es del autor del blog)

En los seis años que habían transcurrido desde que me topé con aquellos libros sobre las dos grandes batallas del siglo XX, la figura de Friedrich Paulus −el "von" fue un añadido suyo− había vagado a mi alrededor de una forma casi difusa, adquiriendo corporeidad a medida que leía más sobre él. A la obra de Beevor sobre Stalingrado habían sucedido la de William Craig, considerada más rigurosa, y la de Stephen Walsh. En el artículo publicado en El País sobre la reedición de esa recopilación de textos personales, titulado “El regreso del mariscal Von Paulus”, su autor, Jacinto Antón, calificaba al militar alemán de «guapo, elegante, estirado, agrio, adusto, de nula empatía, indeciso, pretencioso y cargante». Sin embargo, su biografía me provocó desde el primer momento una mezcla extraña de compasión, perplejidad y admiración. Rechazado inicialmente por la Marina imperial debido a su origen pequeñoburgués, sobrevivió en Stalingrado a una serie de circunstancias que superaron lo humanamente soportable –el cerco soviético, una disentería atroz que lo dejó en los huesos, la traición de Hitler al no acudir al rescate de su ejército–, viviendo sus últimos años como un ciudadano más de la República Democrática Alemana, el pequeño país comunista fundado en 1949 por los enemigos del III Reich. Con estas sensaciones en la mochila, la mañana del 12 de septiembre de 2011, la primera que pasábamos en Volgogrado después de diecinueve horas en un tren nocturno procedente de Moscú, me encontré de repente frente al pequeño y austero cubículo subterráneo donde Paulus intentó infructuosamente no perder la guerra, debatiéndose entre luchar hasta el final, rendirse o pegarse un tiro. En aquellos días, la historia de la humanidad se decidió para siempre en un margen de maniobra de apenas doscientos metros junto al río Volga. Casi me pareció ver al fantasma del mariscal observándome desde alguno de los pasillos tenebrosos del Museo Pamyat, entre suplicante y relajado, conociendo, cómo sabría tras ser detenido, el final de aquel desastre. En aquel instante me di cuenta que lo que había comenzado en 2005 en la planta baja de unos grandes almacenes de mi ciudad, culminaba aquel día en un lugar similar, aunque en Rusia y una planta más abajo, más cerca del infierno.

Recreación de la oficina de Paulus en el mismo espacio donde vivió el mariscal, en el sótano de los Almacenes Univermag (Museo Pamyat), tal como se la encontraron los soldados soviéticos el 31 de enero de 1943. En 2011, ese muñeco que aparece en la imagen, que supuestamente representaba al oficial alemán, se accionaba automáticamente poniéndose de pie cuando un visitante del museo se colocaba frente a la entrada de la habitación. Tiempo después fue suprimido. La fotografía es del autor del blog

Cinco días más tarde, el último de nuestra estancia en la ciudad, fuimos de visita al Club de Veteranos “Stalingrado”, con cuyos miembros habíamos concertado una entrevista. Una delegación de ex combatientes, capitaneada por el incombustible coronel Vladímir Semiónovich Turov, nos recibió en su sede en la Casa de Pávlov, el edificio de apartamentos –reconstruido tras la guerra– donde en 1942 el pelotón al mando del suboficial Yákov Pávlov resistió de forma numantina el asedio de las tropas alemanas. Uno de los objetivos de aquel viaje era grabar en vídeo los relatos de cuantos testigos de la batalla pudiésemos encontrar. Después de una arenga de Turov frente a un enorme retrato de Stalin, aquellos veteranos soviéticos, uniformados o trajeados pero con todas sus condecoraciones luciendo en sus pecheras, fueron desfilando uno tras otro frente a la cámara de Eduard Moreno para dejar testimonio de sus experiencias en la batalla.
 
Acabado el encuentro, fue el mismo Moreno quien, haciendo gala de una extraordinaria memoria visual, relacionó a uno de ellos con un cuadro que habíamos visto días atrás en el Museo Pamyat. En efecto, aquel anciano serio y prudente, de cabellos plateados, elegante en su traje gris y extremadamente atento a todo cuanto se dijo durante la reunión, era Piotr Vasílievich Alkhutov (o Aljutov), sargento de la 38º Brigada motorizada que el 31 de enero de 1943, a las tres de la tarde, descendió junto a doce miembros de su unidad, comandados por el jefe del Estado Mayor Iván Andréyevich Laskin y el teniente mayor Fiódor Mijáilovich Ilchenko, hasta el centro de operaciones del 6º Ejército alemán en el sótano de los Almacenes Univermag, cuyos oficiales ya se habían rendido. Con tan solo 19 años de edad, era el miembro más joven de aquel grupo de soldados y fue el que hizo la primera guardia como centinela frente a la oficina de Paulus, con el mariscal recluido en su interior. Participó así mismo en la reparación de su vehículo privado, averiado durante los combates, que fue usado por los soviéticos para conducir al alemán hasta el lugar donde debía permanecer arrestado, primero en la comandancia del 64º Ejército y luego en la del Frente del Don. Sin saberlo, aquella mañana le habíamos dado la mano a una parte de la historia viva de la batalla de Stalingrado, una leyenda equiparable al francotirador Záitsev o al mismo Pávlov. No he tenido acceso a la transcripción entera de la entrevista que se le hizo ese día, pero sí recuerdo como nuestra traductora mencionó «el estado lamentable en que se encontraba Paulus tras su rendición». Un comentario que me marcó especialmente porque aquel ex soldado de excelente memoria mostró compasión recordando al ser humano decrépito que aquel día tuvo frente a él, y no al odiado mariscal de campo al servicio de Hitler.


Fotografía del encuentro en el Club de Veteranos "Stalingrado" entre los ex combatientes del Ejército Rojo y el grupo de personas que ese día, el 17 de septiembre de 2011, les hicimos una visita para entrevistarlos. Piotr V. Alkhutov (Петре Васильевиче Алхутове) es el segundo comenzando por la izquierda. En la segunda imagen, el mismo Alkhutov aparece retratado en el cuadro del centro en una de las salas del Museo Pamyat, acompañado por otros miembros de la 38º Brigada motorizada. Esta casualidad fue la clave para comprender la relevancia del personaje que habíamos conocido aquella mañana. Ambas fotografías son del autor del blog

Cuando hace algunos días leí por casualidad el mencionado artículo de El País relativo a las memorias de Paulus, decidí buscar algún documento en internet que hablase sobre todos aquellos ancianos que de forma tan atenta y desinteresada nos recibieron hace cinco años en su club. Fue entonces cuando supe que, lamentablemente, Alkhutov había fallecido el pasado 7 de noviembre de 2016 a los 93 años de edad. La desaparición de este veterano, un héroe entre sus conciudadanos –su fallecimiento fue noticia en la televisión local–, pero un absoluto desconocido para el resto de la humanidad, me llenó de tristeza. Nacido el 2 de septiembre de 1923 en el distrito Sredneakhtubinsky de Tsaritsyn (Stalingrado a partir de 1925), trabajaba en una granja agrícola cuando en julio de 1942 fue llamado a filas por el Ejército Rojo, habiendo podido ir a la escuela durante tan solo siete años. Después de la batalla de Stalingrado entró a formar parte de la 7ª Brigada de la guardia y del 5º Ejército de tanques, combatiendo en Ucrania –participó en el decisivo cerco de Korsun-Cherkassy–, Kursk, Polonia y Alemania. Su intervención en la guerra finalizó el 10 de mayo de 1945 en la batalla de Breslavia. Desmovilizado en 1949, se convirtió en policía de transporte del servicio ferroviario de Stalingrado, siendo ascendido en los años sesenta a subinspector de investigación criminal. A sus condecoraciones como combatiente en la Gran Guerra Patria –Orden de la Estrella Roja, Medalla por la Defensa de Stalingrado, Medalla por la victoria sobre Alemania–, hay que añadir la Znak Pocheta (Placa de Honor) que obtuvo como policía gracias a su tarea escrupulosa y a las ochenta detenciones, algunas de peligrosos delincuentes, que acumuló a lo largo su carrera. Más adelante se dedicó a transmitir su experiencia como investigador criminal a futuros policías de transporte de todo el país.
 
Con su muerte, Alkhutov se lleva consigo unas vivencias irrepetibles que con el paso del tiempo se irán diluyendo poco a poco en el recuerdo colectivo de aquellos hechos, quedando para la posteridad el frío recuento enciclopédico de lo que sucedió en ese lugar del Cáucaso entre 1942 y 1943. Piotr Vasílievich fue enterrado con honores militares en el cementerio Dimitrov de Volgogrado, con salvas y el himno soviético sonando junto a su tumba. El británico David Frimpong, director de marketing de la asociación Stalingrad Heritage para la preservación del legado de la batalla, estuvo presente en la ceremonia.

Mayakovski




Imágenes del funeral de Alkhutov en el cementerio Dimitrov de Volgogrado, celebrado el 11 de noviembre de 2016. Son capturas del reportaje emitido por la televisión local Volgograd-TRV



Piotr Vasílievich junto a su esposa, fotografiados en su domicilio familiar unos meses antes de su fallecimiento



 

En la Escuela de Secundaria número 54 de Volgogrado existe una aula dedicada exclusivamente a la batalla de Stalingrado. En esta exposición permanente aparecen muchas fotografías de Piotr V. Alkhutov, algunas de ellas donadas por él mismo. Las imágenes anteriores son, respectivamente: 1) Un panel explicativo de la batalla de Stalingrado, 2) Alkhutov en los años 70 con jóvenes del regimiento 255, 3) Alkhutov junto a la llama eterna en los años 80, 4) Su gorro reglamentario cuando combatió en Stalingrado y 5) La Insignia de la Guardia que lució en esa misma época

Foto oficial con su uniforme de policía de transporte, aproximadamente en la década de 1960

Un grupo de soldados de la 38º Brigada motorizada fotografiados en 1943 en las proximidades de los Almacenes Univermag de Stalingrado

Retrato de Piotr V. Alkhutov, obra de los pintores Fiódor Novikov y Elena Novikova. Toda la serie, dedicada al regimiento inmortal de Stalingrado, se encuentra expuesta actualmente en el Teatro de Volgogrado


Dos instantes del encuentro celebrado en el Club de Veteranos "Stalingrado" el 17 de septiembre de 2011. En ambas imágenes aparece Piotr V. Alkhutov. Las fotografías son del autor del blog







Tras su reconstrucción después de la guerra, los Almacenes Univermag dejaron de hacer esquina en la manzana de casas a la cual pertenecían. La célebre fachada semicilíndrica donde durante unos meses pendió la bandera nazi se encuentra oculta desde entonces tras el hotel Intourist, que es el que ahora hace esquina en la calle Mira (de la Paz). Para acceder al Museo Pamyat hay que entrar en los grandes almacenes por la plaza de los Combatientes Caídos y descender por unas escalinatas hasta la planta subterránea. Existe una salida por una puerta trasera junto a la antigua fachada. Excepto las dos primeras, el resto de fotografías son del autor del blog





La sede del Club de Veteranos "Stalingrado" se encuentra ubicada en la mítica Casa de Pávlov, en uno de los sótanos del número 39 de la calle Soviétskaya. Se trata de un lugar emblemático situado cerca de la harinera en ruinas, del Museo-Panorama y detrás de una estatua de V.I. Lenin en una gran avenida que lleva su nombre