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sábado, 4 de febrero de 2017

El monumento dedicado a los pensadores revolucionarios (1918-2013) [Plan de Propaganda Monumental de Lenin]

Ir a la entrada anterior sobre el 'Plan de Propaganda Monumental de Lenin'


Cuando en diciembre de 2012 nació este blog, un diario dedicado a los vestigios soviéticos en la ciudad de Moscú, el "monumento a los destacados pensadores y luchadores por la emancipación de la clase trabajadora" era el único que aún quedaba en pie del Plan de Propaganda Monumental aprobado por Lenin en 1918. Sin embargo, un año más tarde, en 2013, acabó siendo substituido por una copia del obelisco de 1914 erigido en aquel entonces para conmemorar el tricentenario de la dinastía de los Romanov. Demostrando así, una vez más, aquello de que el tiempo nunca muere y que es un círculo que no se cierra jamás, el monumento zarista anterior a la Revolución de Octubre, que había sido reformado en 1918 para homenajear a los pensadores que la inspiraron, es el que desde hace tres años vuelve a presidir un precioso y emblemático parque junto al Kremlin. La fotografía anterior, con el hotel Moscú al fondo de la imagen, data de 1950.  

El 7 de noviembre de 1918, Primer Aniversario de la Revolución de Octubre, fue inaugurado frente al lugar donde se encuentra actualmente la Tumba del Soldado Desconocido, en la entrada norte de los Jardines de Alejandro, el monumento de granito dedicado a los "pensadores revolucionarios", obra del arquitecto N.A. Vsevolozhsky. De hecho, no se trató de una obra nueva sino de la reforma de un obelisco de S.A. Vlasev inaugurado en ese mismo lugar el 10 de julio de 1914 para celebrar -con un año de retraso- los tres siglos de existencia de la dinastía zarista de los Romanov, fundada por Mijaíl I en 1613. Siguiendo los preceptos del decreto SNK del 12 de abril de 1918 "sobre la eliminación de monumentos erigidos en honor de los reyes y de sus siervos, y el desarrollo de proyectos de monumentos de la Revolución Socialista de Rusia", las obras que se realizaron sobre el obelisco original suprimieron el águila bicéfala y los emblemas zaristas. El San Jorge fue substituido por el acrónimo RSFSR (República Socialista Federativa Soviética de Rusia; Российская Советская Федеративная Социалистическая Республика, PСФСР, en ruso; Rossíyskaya Soviétskaya Federatívnaya Socialistícheskaya Respúblika, en ruso transliterado) y la inscripción en la parte inferior del pedestal se cambió por la frase "Trabajadores del mundo, uníos!". 

Los nombres de los zares fueron reemplazados por una lista de diecinueve pensadores y políticos socialistas aprobada por el propio Lenin: los filósofos alemanes Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895); el fundador del partido socialdemócrata alemán Wilhelm Liebknecht (1826-1900), padre de Karl Liebknecht; el político socialista alemán Ferdinand Lassalle (1825-1864); el cofundador del partido socialdemócrata alemán August Bebel (1840-1913); el poeta y filósofo italiano Tommaso Campanella (1568-1639), autor de la obra "La ciudad del sol" en la que especulaba sobre una sociedad comunista ideal; el sacerdote católico y filósofo francés Jean Meslier (1664-1729), fundador del ateísmo y el anticlericalismo militante; el activista y reformador inglés Gerrard Winstanley (1609-1676), cofundador de "True Levelers" ("Igualitarios Auténticos"), precursor del socialismo; el teólogo y humanista inglés Thomas More (1478-1535), canciller de Enrique VIII (que lo mandó ejecutar) y autor de "Utopía", la obra que trata de una sociedad ideal asentada en una isla; el filósofo francés del socialismo utópico Henri de Saint-Simon (1760-1825); el dirigente del Partido Socialista Revolucionario de Francia Édouard Vaillant (1840-1915); el socialista francés y padre del "cooperativismo" (precedente del socialismo libertario) Charles Fourier (1772-1837); el político socialista francés Jean Jaurès (1859-1914), fundador de "L'Humanité" y asesinado tres días después del inicio de la Primera Guerra Mundial; el filósofo y político francés Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), creador del "mutualismo" (tendencia económica del anarquismo); el filósofo anarquista ruso Mijaíl Bakunin (1814-1876); el filósofo socialista ruso Nikolái Chernishevski (1828-1889), líder del movimiento "narodnik"; el matemático y político Piotr Lavrov (1823-1900) y el sociólogo Nikolái Mijailovski (1842-1904), teóricos e integrantes del movimiento "narodnik"; y el fundador del marxismo en Rusia Gueorgui Plejánov (1856-1918).

Oficialmente se lo considera el primer monumento soviético del plan propagandístico de Lenin, aunque ese mismo 7 de noviembre de 1918 fueron inaugurados en la ciudad varios monumentos más: el dedicado a la primera Constitución Soviética en la plaza Soviétskaya, el mural "Caídos por la paz y la hermandad de los pueblos" en la plaza Roja y la escultura de Marx y Engels en la plaza de la Revolución. Debido a la construcción de la Tumba del Soldado Desconocido, en 1966 el obelisco fue trasladado un centenar de metros en dirección sur, hasta un rincón del parque frente a la gruta de la muralla del Kremlin.

Durante estas dos últimas décadas el monolito soviético ha pasado casi inadvertido para los miles de turistas occidentales que han visitado Moscú desde la desaparición de la URSS, atraídos por los lugares emblemáticos de la ciudad y ajenos al significado, en su día trascendente, de este símbolo de la Revolución de Octubre. El 2 de julio de 2013 el obelisco desapareció de su pedestal y cuatro meses más tarde, el 4 de noviembre, reapareció transformado en una copia -con algunos defectos y errores ortográficos- del monumento de Vlasev de 1914, colocado ahora en una posición que deja al Kremlin como telón de fondo. Casualidad simbólica o no, esta reaparición de espaldas al centro del poder político en Rusia parece cerrar un círculo histórico vinculado a sus ciclos de gobernanza. Aunque este círculo ya sabemos que jamas se cierra, en un tiempo que nunca muere.

 Con un punto rojo, el lugar donde estuvo ubicado el obelisco entre 1914 y 1918 (en su versión zarista) y entre 1918 y 1966 (en su versión soviética). El punto azul indica el sitio donde permaneció, tras su traslado, entre 1966 y 2013. Es el punto donde se encuentra actualmente la nueva copia zarista de 2013 que ha substituido al monumento a los pensadores revolucionarios (la imagen de Google Maps permite entrever su parte superior)

Inauguración de monumento zarista en julio de 1914

 El obelisco, transformado con la iconografía soviética, fotografiado en 1918, el año de su (re)inauguración

 La lista de los 19 pensadores socialistas, que incluía a un sacerdote católico, un teólogo y un matemático



Imágenes del monumento a los pensadores revolucionarios en sus últimos años de existencia, tal como lo veían entonces los numerosos turistas que paseaban por los Jardines de Alejandro. La primera fotografía es de 2008 y las dos siguientes son del autor del blog y fueron realizadas en septiembre de 2011

Obras de demolición del pedestal el 2 de julio de 2013

Segunda reinaguración del obelisco -transformado de nuevo con símbolos zaristas- el 4 de noviembre de 2013, girado ahora 90º respecto de su posición anterior y dando la espalda al Kremlin

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Un año después de la desaparición del obelisco revolucionario del jardín de Alejandro


Cada vez que en Rusia desaparece un monumento soviético, los amantes de este tipo de arte albergan la vana esperanza de que la pieza en cuestión será restaurada y devuelta a su ubicación original. O quizás a otro lugar diferente, como esos museos al aire libre convertidos en tristes cementerios del arte soviético, léase el Museión o el VDNJ. Pero siempre confían en que el sentido común, la sensibilidad artística y la compasión de los gestores culturales permitirán que el monumento de turno continue entre nosotros, recordándonos una parte de la historia sobre la que se está echando tierra con más prisas de lo esperado. Ese fue el caso de El obrero y la koljosiana, la magna obra de Vera Mújina, desaparecida de su pedestal durante seis años (2003-2009) y que durante mucho tiempo se dio por perdida para siempre. Hasta que volvió a ocupar el mismo lugar donde estuvo plantada desde 1937, sólo que ahora sobre un zócalo mejor, una espectacular reproducción del pabellón soviético de Borís Iofán expuesto en París ese mismo año.

Sin embargo, el caso del monumento de Mújina es una excepción. Los turistas que pasean actualmente por el jardín de Alejandro de Moscú, orientados con una guía de viaje publicada antes de noviembre de 2013, se encuentran con una extraña sorpresa. Y es que el obelisco con los nombres de los diecinueve pensadores internacionales ensalzados por la Revolución de Octubre ha cambiado de decoración (esos nombres han sido substituidos por otros) e incluso de ubicación (ha sufrido un desplazamiento y un giro de noventa grados en dirección hacia la muralla del Kremlin). Desde un punto de vista estrictamente material, el obelisco soviético no ha desaparecido del jardín, simplemente ha mutado de aspecto por segunda vez en un siglo. Como si sobre un lienzo apareciese, desapareciese y volviese a aparecer la figura de algún personaje histórico adorado por un régimen y repudiado por el siguiente (y vuelto a bendecir por otro que se supone que no tiene nada que ver con los anteriores).

El 10 de junio de 1914 se inauguró en este jardín un obelisco de granito gris para conmemorar, con retraso, el tricentenario de la dinastía Romanov, la estirpe imperial entronada en 1613 y que tuvo en el zar Mijaíl I a su primer vástago. Su aspecto era más o menos el mismo que tiene ahora el monumento restaurado hace un año, con un águila bicéfala en lo alto, un San Jorge a caballo grabado en el pedestal y la lista de todos los zares de la Casa Romanov inscrita en el cuerpo del obelisco. Se hallaba erigido no en este lugar sino a unas decenas de metros hacia la izquierda, donde actualmente se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido. Tres años más tarde estalló la Revolución y la familia imperial al completo fue ejecutada el 17 de julio de 1918. Un mes después se llevó a la práctica sobre el obelisco la reforma impulsada por Lenin "sobre la eliminación de monumentos erigidos en honor de los reyes y de sus siervos, y el desarrollo de proyectos de monumentos de la Revolución Socialista de Rusia" (Decreto SNK del 12/04/1918). Se suprimió el águila bicéfala y se retiraron los emblemas zaristas. El San Jorge fue substituido por el acrónimo RSFSR (República Socialista Federativa Soviética de Rusia; Российская Советская Федеративная Социалистическая Республика, PСФСР, en ruso; Rossíyskaya Soviétskaya Federatívnaya Socialistícheskaya Respúblika, en ruso transliterado) y la inscripción en la parte inferior del pedestal se cambió por la frase "Trabajadores del mundo, uníos!". Los nombres de los zares fueron reemplazados por una lista de diecinueve pensadores y políticos socialistas aprobada por el propio Lenin: Marx, Engels, Liebknecht, Lassalle, Bebel, Campanella, Meslier, Winstanley, More, Saint-Simon, Vaillant, Fourier, Jaurès, Proudhon, Bakunin, Chernishevski, Lavrov, Mijailovski y Plejánov. Toda esta transformación fue supervisada por el arquitecto N.A. Vsevolzhsky. La versión sovietizada del obelisco se presentó públicamente el 7 de noviembre de 1918, para celebrar el primer aniversario de la Revolución de Octubre. Oficialmente se trató del primer monumento del nuevo régimen, cuando el país ni siquiera se llamaba aún Unión Soviética. No muy lejos de ese lugar se había inaugurado días antes, el 3 de noviembre, una estatua del revolucionario francés Maximilien Robespierre, obra de la escultora rusa Beatrice Y. Sandomirskaya (1894-1974). Sólo duró cuatro días, el mismo 7 de noviembre fue objeto de un atentado terrorista que la redujo a un montón de escombros. Con el fin de construir la Tumba del Soldado Desconocido, en 1966 el obelisco fue trasladado al espacio vacío dejado por la estatua de Robespierre destruida en el atentado. Se trató de un desplazamiento del todo simbólico: el obelisco dedicado a los emancipadores de la clase trabajadora fue a parar al lugar ocupado brevemente por el monumento del revolucionario francés, destruido a su vez por agentes contrarrevolucionarios. Y allí ha permanecido discretamente todos estos años, hasta que en 2013 diversas organizaciones civiles y religiosas propusieron aprovechar el cuarto centenario de la dinastía Romanov para recuperar el aspecto original del obelisco, previo a los cambios de 1918. Tras las oportunas discusiones, el 2 de julio del año pasado el monolito fue trasladado a un taller y el pedestal desmantelado. La explicación oficial, que provocó muchas suspicacias entre los moscovitas, fue que el monumento tenía que "ser restaurado" debido a los problemas de estabilidad que presentaba (fruto del traslado sufrido en los años sesenta). Sin que nadie haya llegado a negar este extremo, ahora sabemos que la intención era otra muy diferente. Tan solo tres meses y medio después reapareció en el mismo lugar que había ocupado desde 1966, pero de nuevo con todos los nombres de los zares Romanov, cubierto de la misma simbología zarista que tenía el obelisco primigenio y ligeramente desviado hacia la parte de la muralla del Kremlin donde se encuentra el edificio del Arsenal. Esta restauración ha causado mucha controversia debido a los diversos errores ortográficos cometidos y a que algunas de las imágenes reconstruidas difieren del original de 1914. Pese a todo, fue inaugurado solemnemente el 4 de noviembre de 2013 en presencia del Patriarca Kiril, del ministro de cultura ruso y de otras autoridades municipales y estatales.

Una cosa parece evidente: los mandatarios rusos quieren que el Kremlin y sus alrededores vuelvan a ser territorio zarista, aunque sin zar. Como muestra, la inauguración el 27 de mayo de 2013 de un monumento dedicado al Patriarca Hermógenes (1530-1612) en el mismo jardín de Alejandro, a pocos metros del obelisco. Además, a la temprana desaparición de la estatua de Lenin dentro del Kremlin, se le puede añadir próximamente la demolición del Palacio del Presidium. Rusia busca convertir el centro de Moscú en un aparador del clasicismo arquitectónico al estilo de Viena o San Petersburgo. Un decorado que se ajuste a esa milla de oro de las calles Tverskaya, Nikolskaya y aledaños, donde predominan los hoteles de lujo y las tiendas caras.

De la estatua de Robespierre ya nadie se acuerda. Es una anécdota del pasado que seguramente le llevó muchos meses de trabajo a su autora y que ahora apenas ocupa una línea de texto en los libros de historia. El turista desinformado que se encuentre de repente con el "nuevo" obelisco seguramente se preguntará si se halla frente a un monumento histórico. La respuesta es que no, de hecho es una mala copia de otro monumento. Pero entonces, ¿Se trata de un monumento nuevo? La respuesta es que tampoco. Ese granito de Finlandia (por lo menos con esa forma) tiene exactamente cien años de existencia. A continuación, ese viajero confuso probablemente se interrogará sobre si el obelisco "comunista" ha sido demolido o si ha sido trasladado a otro lugar. La respuesta es que ni una cosa ni la otra. Los nombres de todos esos pensadores estaban inscritos en la misma piedra que tiene frente a él, donde ahora predominan los de Alejandro, Nicolás y Pedro. Por cierto, la dinastía Romanov estuvo formada por diecinueve zares. Exactamente diecinueve, como el número de revolucionarios que Lenin hizo grabar sobre los nombres de sus odiados adversarios. Queda claro que los bolcheviques tenían un sentido del humor bastante sarcástico y una necesidad urgente de crear simbologías paralelas con el objetivo de reescribir la historia de la humanidad y ajustarla a los principios del materialismo dialéctico.

La desaparición del "obelisco dedicado a los destacados pensadores y luchadores por la emancipación de los trabajadores" es otro ejemplo más del juego metafórico que los rusos se traen entre manos con sus monumentos. De hecho, los obeliscos tienen una semblanza extraordinaria con los alfiles del ajedrez, aunque estos en teoría representan a un obispo (y aquí también tenemos a la iglesia de por medio, aunque sea la Ortodoxa). Sea como sea, a eso han jugado siempre los rusos con su pasado, a mover piezas, a matarlas y a convertirlas en otras diferentes cuando culminan su papel en la historia. Sin embargo, el obelisco revolucionario del jardín de Alejandro no volverá nunca más a este lugar porque, en cierta manera, todavía continúa allí.

 Inauguración del obelisco zarista en 1914

 El obelisco, entre 1914 y 1918. Se construyó una especie de túmulo ajardinado para dar más relevancia al monumento

 El obelisco, tal como quedó tras la reforma de 1918. La fotografía fue realizada por el autor del blog en septiembre de 2011. Los personajes que aparecen inscritos son: los filósofos alemanes Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895); el fundador del partido socialdemócrata alemán Wilhelm Liebknecht (1826-1900), padre de Karl Liebknecht; el político socialista alemán Ferdinand Lassalle (1825-1864); el cofundador del partido socialdemócrata alemán August Bebel (1840-1913); el poeta y filósofo italiano Tommaso Campanella (1568-1639), autor de la obra "La ciudad del sol" en la que especulaba sobre una sociedad comunista ideal; el sacerdote católico y filósofo francés Jean Meslier (1664-1729), fundador del ateísmo y el anticlericalismo militante; el activista y reformador inglés Gerrard Winstanley (1609-1676), cofundador de "True Levelers" ("Igualitarios Auténticos"), precursor del socialismo; el teólogo y humanista inglés Thomas More (1478-1535), canciller de Enrique VIII (que lo mandó ejecutar) y autor de "Utopía", la obra que trata de una sociedad ideal asentada en una isla; el filósofo francés del socialismo utópico Henri de Saint-Simon (1760-1825); el dirigente del Partido Socialista Revolucionario de Francia Édouard Vaillant (1840-1915); el socialista francés y padre del "cooperativismo" (precedente del socialismo libertario) Charles Fourier (1772-1837); el político socialista francés Jean Jaurès (1859-1914), fundador de "L'Humanité" y asesinado tres días después del inicio de la Primera Guerra Mundial; el filósofo y político francés Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), creador del "mutualismo" (tendencia económica del anarquismo); el filósofo anarquista ruso Mijaíl Bakunin (1814-1876); el filósofo socialista ruso Nikolái Chernishevski (1828-1889), líder del movimiento "narodnik"; el matemático y político Piotr Lavrov (1823-1900) y el sociólogo Nikolái Mijailovski (1842-1904), teóricos e integrantes del movimiento "narodnik";  y el fundador del marxismo en Rusia Gueorgui Plejánov (1856-1918)

 Estatua del revolucionario francés Maximilien Robespierre, obra de la escultora rusa Beatrice Y. Sandomirskaya (1894-1974). Fue inaugurada el 3 de noviembre de 1918 y destruida cuatro días más tarde

 El día 2 de julio de 2013 comenzaron las obras de desmantelamiento del obelisco



 Reinstalado casi en el mismo lugar a finales de octubre, el obelisco con su nueva simbología se inauguró oficialmente en el mes de noviembre de 2013 con la presencia de autoridades y otras personalidades rusas

domingo, 1 de junio de 2014

Stalin en el palacio Poteshny del Kremlin

"Aproximadamente a las siete de la tarde del 8 de noviembre de 1932, Nadia Alliluyeva Stalin, de treinta y un años, de rostro ovalado y ojos marrones, casada con el secretario general de los bolcheviques, se vestía para la atronadora fiesta con la que se conmemoraba el decimoquinto aniversario de la Revolución. Puritana, seria, pero frágil, Nadia se jactaba de su «modestia bolchevique», usaba vestidos sumamente sobrios y sin forma, chales sencillos, blusas de cuello caja, y no utilizaba maquillaje. Pero aquella noche iba a hacer un esfuerzo especial. En los lúgubres aposentos que ocupaba Stalin en el edificio de dos pisos del siglo XVII conocido como palacio Poteshni, que significa «palacio de la diversión», así llamado porque en otro tiempo había albergado un teatro zarista y a sus actores, Nadia daba vueltas ante su hermana, Anna, luciendo un vestido largo, singularmente moderno, con rosas rojas bordadas alrededor, importado de Berlín. Por una vez, se había permitido llevar un «peinado a la moda», en vez del severo moño de diario. Se había colocado graciosamente una rosa de té roja en su cabellera negra.

La fiesta, a la que asistían todos los jerarcas bolcheviques, como el primer ministro Molotov y su esposa Polina, delgada, lista y coqueta, que era además la mejor amiga de Nadia, era celebrada anualmente por el comisario de Defensa, Voroshilov, que residía en el edificio de la Caballería, alto y estrecho, a unos pasos apenas del palacio Poteshni, cruzando una pequeña calleja. En el pequeño mundo íntimo de la élite bolchevique, aquellas veladas sencillas y cordiales solían acabar con los jerarcas y sus esposas bailando danzas cosacas y cantando lamentos georgianos. Pero aquella noche la fiesta no acabaría como de costumbre.

A esa misma hora, a unos centenares de metros hacia el este, cerca del mausoleo de Lenin y de la Plaza Roja, en su despacho del segundo piso del palacio Amarillo, edificio triangular del siglo XVII antigua sede del Senado, Iosif Stalin, secretario general del Partido Bolchevique y Vozhd -caudillo- de la Unión Soviética, a la sazón de cincuenta y tres años, veintidós más que Nadia, y padre de los dos hijos de ésta, se reunía con su policía secreto preferido [Genrij Yagoda]. (...)

A las 20.05, Stalin, acompañado por los demás, bajó parsimoniosamente las escaleras para dirigirse a la fiesta, atravesó las callejas y las plazas nevadas de aquella fortaleza medieval de murallas rojas, vestido con su guerrera del Partido, sus viejos pantalones anchos, botas de cuero flexibles, el viejo gabán del ejército y el shapka de piel de lobo con orejeras. (...)

Los jeraracas y sus esposas no tuvieron más que cruzar el Kremlin para reunirse en casa de Voroshilov, ajenos a la tragedia que estaba a punto de precipitarse sobre Stalin y Nadia [ésta se acabó suicidando esa misma madrugada]. Ninguno tenía que andar mucho. Ya desde que Lenin trasladara la capital a Moscú en 1918, los dirigentes habían vivido en aquel mundo secreto aislado, tras unos muros de cuatro metros de espesor, de bastiones almenados y elevadas puertas fortificadas que, más que otra cosa, recordaba a un parque temático sobre la historia de la vieja Moscovia de 26 hectáreas de extensión. «Por aquí solía pasear Iván en Terrible», decía Stalin a los visitantes. Cada día pasaba por delante de la catedral de San Miguel Arcángel, donde estaba enterrado el propio Iván el Terrible, ante el campanario de Iván el Grande, y ante el palacio Amarillo, donde trabajaba, que había sido construido por Catalina la Grande: en 1932 Stalin llevaba catorce años en el Kremlin, tantos como había pasado en la casa de sus padres.

Aquellos potentados -los «trabajadores responsables», según la terminología bolchevique- y el personal a su mando, los «trabajadores de servicio», residían en pisos espaciosos y de altos techos ocupados en otro tiempo por los dignatarios y mayordomos zaristas, sobre todo en el palacio Poteshni o en el edificio de la Caballería, y llevaban una vida tan enclaustrada en aquellos patios adornados con pináculos y pórticos abovedados, que recordaba la de los catedráticos de los colleges de Oxford: Stalin se dejaba caer cada dos por tres por sus casas y los otros dirigentes solían visitarlo a él regularmente en su domicilio para charlar un ratito, casi como el vecino que se presenta a pedir la típica taza de azúcar.

La mayoría de los invitados no tenían más que cruzar el pasillo para ir al apartamento de Kliment Voroshilov y su esposa Ekaterina, situado en el segundo piso del edificio de la Caballería (nominalmente el edificio de la Guardia Roja, aunque nadie lo llamaba así). Se entraba en la casa por una puerta situada en el pórtico en cuyo interior se encontraba el pequeño cine en el que solía recalar Stalin y sus amigos después de cenar. El interior era acogedor, pero espacioso, con habitaciones provistas de tarima de madera oscura y ventanas que daban a las murallas del Kremlin y a través de las cuales se veía la ciudad. Voroshilov, el anfitrión, de cincuenta y dos años, era el héroe más popular del panteón bolchevique, un oficial de caballería genial y fanfarrón, en otro tiempo un simple alfarero, que lucía un elegante mostacho a «lo D'Artagnan», de cabello rubio y un rostro mofletudo y sonrosado casi angelical. Stalin llegaría en compañía del pedante Molotov y el licencioso Kuibishev. La mujer de Molotov, la formilable Polina, de hermosa cabellera oscura, siempre bien vestida, llegó directamente de su casa, situada en el mismo edificio. Nadia cruzó el callejón desde el palacio Poteshni en compañía de su hermana Anna. (...)

Durante la semana, la familia Stalin vivía en el piso del Kremlin. Los Stalin tenían dos hijos, Vasili, de once años, un chico diminuto, obstinado y nervioso, y Svetlana, de siete, una niña pecosa y pelirroja. Estaba además Yakov, por entonces de veinticinco años, fruto del primer matrimonio de Stalin, que había ido a vivir con su padre en 1921, después de criarse en Georgia, un muchacho tímido y moreno, de ojos muy bellos [Stalin tenía también un hijo adoptivo, Artiom Sergeiev]. (...)

Alguien debió de acompañar a Nadia cuando se fue [de la fiesta, tras una discusión con Stalin]. Era la esposa del máximo dirigente, por lo que tuvo que cuidar de ella la esposa del segundo en la cadena de mando. Polina Molotova cogió su abrigo y siguió a Nadia hasta la calle. Dieron vueltas y vueltas por el Kremlin, como otros se verían obligados a hacer en los momentos de crisis. (...)

[Más tarde, cuando se hubo calmado] Polina dejó a Nadia a la puerta del palacio Poteshni y atravesando la calle se dirigió al edificio de Caballería.

Nadia fue a su habitación y se quitó la rosa de té del pelo en la misma puerta. El comedor, provisto de una mesa especial para los numerosos teléfonos del gobierno que tenía Stalin, era la habitación principal. Daban a ella dos gabinetes. A la derecha estaba el despacho de Stalin y un pequeño dormitorio en el que dormía el mandatario en un camastro militar o en un simple sofá, hábito propio de un revolucionario itinerante. El hecho de que Stalin se acostara a altas horas de la noche y de que Nadia asistiera cada día puntualmente a la Academia [Agraria] obligaba a que tuvieran habitaciones separadas. Carolina Til, el ama de llaves, las niñeras y los criados tenían sus cuartos un poco más allá, en ese mismo pasillo. El pasillo de la izquierda conducía a la pequeña alcoba de Nadia, cuya cama estaba adornada con sus mantones preferidos. Las ventanas daban a los perfumados rosales de los Jardines Alexandrovski".

(Sebag Montefiore, S. (2003) La corte del zar rojo. Barcelona: Ed. Crítica, 2004, pp. XXI, XXII, XXVIII, XXX, XXXVI, XXXVII del prólogo)


En la primera imagen, el palacio Poteshny está señalado con un punto rojo y el edificio de la Caballería (o de la Guardia Roja) con un punto azul. La mole que aparece frente a ambos es el Palacio de Congresos (construido en 1961). A la izquierda (fuera de la ciudadela) se halla el Jardín de Alejandro (o Jardines Alexandrovski), donde estaban los "perfumados rosales" que se podían ver desde las ventanas del apartamento de Stalin. En la segunda imagen, el palacio Poteshny y el edificio de la Caballería están marcados con los números 1 y 2, respectivamente. El número 3 señala el paso elevado donde está el Jardín de Invierno del Kremlin. En este lugar (justo al lado del edificio de la Caballería) Stalin instaló su sala de cine particular. El número 4 indica el punto exacto del Palacio del Senado donde el dirigente soviético tenía su despacho, en la segunda planta. En la parte inferior de la fotografía se pueden apreciar con claridad las cúpulas de las catedrales por donde Stalin pasaba cada día, lo cual indica que no caminaba en línea recta desde su residencia (1) hasta su despacho (4)
(Fuente: Google Maps 29/05/2014)



Este mapa de 1917 (con el palacio Poteshny marcado con un punto rojo) junto con la fotografía aérea que hay a continuación, nos permiten recrear el Kremlin de la década de los años veinte. La fotografía está tomada con un giro de 180º respecto al mapa. La antigua Armería (o cuarteles del Kremlin) estaba en el lugar que ahora ocupa el Palacio de Congresos. Para regresar a su domicilio desde el "palacio Amarillo" (palacio del Senado), lo más lógico era que Stalin caminase siempre hacia la derecha, entrando directamente por la calle de los Palacios, junto a la Torre de la Trinidad. Sin embargo, parece ser que prefería dirigirse hacia la plaza de las Catedrales y, desde allí, atravesar los edificios y palacios que lo separaban de su apartamento, pasando quizás por debajo de los arcos del Jardín de Invierno



Aspecto actual del palacio Poteshny, por el lado de la calle de los Palacios. Stalin ocupaba un apartamento de la primera planta. Las cúpulas doradas que aparecen en las imágenes son de hace tan solo diez años, cuando se construyó una iglesia dentro del palacio. Este proceso de restauración devolvió a todo el conjunto el aspecto original de 1651, año de su construcción. La de las fotos es la "pequeña calleja" que los jerarcas soviéticos atravesaban para dirigirse al domicilio de Kliment Voroshilov. En la primera imagen se puede apreciar lo que queda del edificio de la Caballería, al fondo de la calle a la izquierda, con la fachada de color amarillo. Se encuentra pegado al Palacio de Congresos y a los arcos que sostienen el Jardín de Invierno
(Fuente: Fotografías personales del autor del blog [2007], http://ru.wikipedia.org/wiki/Потешный_дворец y http://mosday.ru/)

Fotografía de lo que se conserva actualmente del edificio "alto y estrecho" de la Caballería, visto aproximadamente desde el palacio Poteshny (la imagen es de 1981). Aquí vivían Kliment Voroshilov y Viacheslav Mólotov con sus respectivas familias. Las fiestas se celebraban en el piso del primero, situado en la segunda planta. "Se entraba en la casa por una puerta situada en el pórtico en cuyo interior se encontraba el pequeño cine en el que solía recalar Stalin y sus amigos después de cenar"



El edificio del 5º Cuerpo de Caballería (conocido como "de la Caballería") fue derribado prácticamente en su totalidad para construir el Palacio de Congresos. En la fachada de lo que quedó en pie hay una placa que recuerda que en este lugar "vivió y trabajó Vladímir Ilich Lenin entre los meses de marzo y abril de 1918"








Sucesión de fotografías del palacio Poteshny a lo largo de los primeros setenta años del siglo XX. Una vez fallecido su constructor y primer propietario, Ilya Miloslavsky, se convirtió en un teatro (de ahí su nombre, "poteshny", que quiere decir "diversión"). Después se utilizó como oficina de la policía (durante el reinado de Pedro I) y más tarde sirvió de residencia del Comandante del Moscú. Finalmente fue el domicilio particular de V.I. Stalin y su familia. Las fechas de las fotografías son, respectivamente: 1) 1901-1907 [fecha inexacta], 2) 1907, 3) 1907-1909 (detalle del pórtico de entrada), 4) 1910-1920, 5) 1914-1918, 6) 1919, 7) 1959 y 8) 1967
  (Fuente: https://pastvu.com/)


Fotografías del patio del palacio, tomadas desde lo alto de la muralla. La primera es actual y la segunda fue realizada entre 1970 y 1975. La Torre de la Trinidad aparece a la izquierda y el Palacio de Congresos sobresale por el lado derecho de la imagen


Imágenes del interior del patio, en el lado Suroeste del edificio. Como comenta el autor, se trata de uno de esos "patios adornados con pináculos y pórticos abovedados". La primera fotografía fue tomada entre 1881 y 1900 (curiosamente se puede ver ropa tendida) y la segunda es de 1967. Pese al tiempo transcurrido, sólo se aprecian pequeños cambios en los arcos de las ventanas



Tres fotografías de la fachada que da a la muralla del Kremlin y a los jardines de Alejandro, realizadas en un intervalo de 150 años (1858-60, 1905-1909 y 2011)
(Fuente: Fotografías personales del autor del blog y https://pastvu.com/)

 Pórtico de entrada en el lado de la muralla. La fotografía fue realizada entre 1890 y 1917

Vista del palacio Poteshny desde los arcos del Jardín de Invierno, donde Stalin instaló su sala de cine particular. Esta fotografía fue hecha entre 1930 y 1935. Por entonces el dirigente soviético recorria este mismo camino en dirección al edificio de la Caballería, donde vivían los jerarcas de su gobierno (a la derecha del arco que aparece en la imagen). En el palacio Poteshny se suicidó Nadia Alliluyeva Stalin en 1932, cuando horas antes había atravesado esta calle para asistir a la fiesta de la familia Voroshilov. Leonid Brézhnev recuperó el Jardín de Invierno durante su mandato después de décadas en las que este espacio se había dedicado a otros usos