viernes, 18 de agosto de 2017

La Revolución Rusa en la prensa española: 7 de noviembre de 1917 (segunda parte)


A las ocho y veinticinco minutos de la mañana del 7 de noviembre (25 de octubre) de 1917, el embajador ruso en Francia, Vasili Maklakov, declaraba a su llegada a la estación de Orsay en París: «La situación interior de Rusia es menos inquietante de lo que se puede pensar a distancia». Veinticuatro horas después de hacer estas declaraciones, el gobierno al que representaba dejaba de existir.


Algo idéntico debían pensar los redactores de La Vanguardia cuando esa misma mañana sacaron a la calle una edición en la que apenas se mencionaba la situación extrema que se vivía en Rusia. Mientras tanto, en el Instituto Smolny de Petrogrado, el Soviet y el Comité Militar Revolucionario se preparaban para lo que parecía inevitable: la insurrección armada. Una insurrección de la que Lenin había dicho que «debía tener lugar el 7 de noviembre, porque el 6 era demasiado precipitado [el II Congreso Panruso de los Soviets comenzaba al día siguiente] y el 8 demasiado tarde [el Congreso se opondría a la toma del poder]».

En la página 12 de la edición de ese día, en el apartado sobre «Rusia» de la sección «La guerra europea – Dieciséis naciones en armas», se decía (respetando la ortografía original):

Ukase de Kerensky
Petrogrado, [día] 6. –El generalísimo Kerensky ha publicado un úkase [un "ucase" era un decreto del zar, del gobierno o de un líder religioso que tenía fuerza de ley] autorizando la formación de 15 nuevas divisiones ukranianas en el frente. –Havas

Nombramiento 
Petrogrado, 6. –EI antiguo subsecretario de Estado de Negocios Extranjeros, Arsimovitch, ha sido nombrado ministro plenipotenciario ruso cerca de la República Argentina. –Havas.

De política interior
Petrogrado, 6. Dicen los periódicos que el gobierno provisional ha venido desaprobando ciertas actuaciones del ministro de la Guerra, singularmente algunas de sus ideas sobre política exterior, en las que toma con frecuencia el carácter internacionalista, llegando así a producirse un verdadero conflicto entre el gabinete y el general Verkhovsky, hasta que al fin ha pedido éste, pretextando motivos de salud, una licencia de quince días, que le han sido otorgados en el acto y en seguida se ha encargado del ministerio de la Guerra el general Manikovsky. [Tanto Aleksandr I. Verkhovsky que siendo un joven cadete fue degradado por el zar por reclamar una constitución para su pueblo– como Alekséi A. Manikovsky durante un tiempo comandante de la fortaleza de Kronstadt se acabaron unieron al poder soviético después de la Revolución de Octubre de 1917. El general Manikovsky, organizador del sistema de suministro de artillería y municiones del Ejército Rojo, murió en un accidente de tren, en Taskent, en 1920. Verkhovsky, que nunca pudo vencer la desconfianza que el gobierno soviético sentía por su pasado político, fue ejecutado en 1938 acusado de sabotaje y actividades antisoviéticas]

Los generales Aleksandr I. Verkhovsky (1886-1938)  y
Alekséi A. Manikovsky (1865-1920), protagonistas
 ambos de esta noticia en La Vanguardia

El Consejo de obreros y militares de Petrogrado [el Soviet] instituyó no ha mucho un Comité revolucionario [Comité Militar Revolucionario, conocido por sus siglas CMR] principalmente encargado de mantener el mas estrecho contacto entre las tropas del frente y las que guarnecen la capital.

Ayer envió este Comité comisarios militares especiales á los principales sectores del frente y á las poblaciones más importantes del país.

Al hablar de esto algunos diarios dicen que esos últimos actos del Consejo de obreros y militares de Petrogrado constituyen una verdadera tentativa de los maximalistas [bolcheviques] para apoderarse del poder.

Sábese que el gobierno ha tomado la resolución de poner un término á esas peligrosas tentativas. –Havas.

Ministro relevado
Petrogrado, 6. El gobierno ha concedido licencia ilimitada por motivos de salud al ministro de la Guerra, general Verkhovsky, relevándosele en su cargo.

El general Manikovsky, agregado al ministerio, ha sido encargado provisionalmente del ministerio, bajo la alta dirección de Kerensky. –Havas.

La destitución de Verkhovsky
Petrogrado, 6 El gobierno ha ordenado la suspensión del periódico de Bourtzoff, «Obstchee Dielo», que publicó anoche la noticia de que el Ministro de la Guerra propuso al comité de Guerra del ante-Parlamento [o pre-parlamento, con sede en el Palacio Mariinski de Petrogrado] que quería concluir la paz por separado con los alemanes, sin comunicarlo á los aliados. [Vladímir L. Bouztzoff (o Burtsev) fue un revolucionario y editor ruso opuesto tanto al zarismo como a los bolcheviques cuando estos llegaron al poder. Su diario Общее дело («Obstchee Dielo» o «Obshcheye Delo», traducible como «Causa Común») se publicó entre 1909 y 1910, y después entre 1917 y 1938. Murió en el exilio]

Vladímir L. Burtsev
(Fort Petrovski, Kazakhstan, 1862 - París, 1942)

Hoy la noticia ha sido desmentida por el gobierno y el presidente de dicho comité.

Por su parte, el ministro ha declarado á los periódicos que jamas hizo proposiciones de tal género, y expone que esta noticia obedece solo á la campaña emprendida por sus adversarios políticos, que se esfuerzan en provocar su dimisión.

El general Verkhovsky añade que siempre protestó contra la idea de la paz por separado, que sería muy peligrosa para los intereses de Rusia.

Varios periódicos de la mañana aseguran que el incidente provocará, no obstante, la salida del ministro, quien mientras tanto, dicen, perseguirá á Bourtzoff ante los tribunales, por calumnia.

Otros periódicos creen saber que el general Verkhovsky mostraba estos últimos tiempos gran nerviosidad, que el gobierno atribuye á enfermedad.

Kerensky ha propuesto al ministro de la Guerra se tome una licencia suficiente para restablecer su salud. Havas.

Situación peligrosa
Londres, 6. Dice un despacho de Petrogrado que habiendo ocurrido desordenes en la ciudad de Kalonga, fueron llamadas fuerzas de cosacos, y al saber esos soldados que el Consejo revolucionario de la misma era casi todo maximalista [bolchevique], abrieron el fuego contra el edificio en que se alberga, hiriendo á algunos1 individuos del Consejo.

Dice un periódico que ya no se darán ahora pasaportes para el extranjero á ningún ciudadano ruso. Havas.


Mientras tanto, los antiguos imperios que habían dominado el mundo hasta ese momento comenzaban su lento declive. El austrohúngaro, con el nuevo emperador Carlos I de Habsburgo al frente –desde la muerte el 21 de noviembre de 1916 de su tío abuelo Francisco José– continuaba con sus enquistados conflictos internos fruto de siglos de intromisión de Austria en los asuntos de sus reinos vecinos.

Otros países, con organizaciones políticas y límites geográficos diferentes tal como los conocemos en la actualidad, dilucidaban sus disputas territoriales en el tablero geoestratégico de la Primera Guerra Mundial. Entre otros, el Reino de Grecia (con Constantino I en el trono), el Imperio Alemán (con Guillermo II de Prusia como emperador), el Reino de Italia (con Víctor Manuel III, rey también de Albania y emperador de Etiopía), el Reino de Serbia (Pedro I), el Reino de Rumanía (Fernando I) o el Reino de Hungría, cuyo rey era, precisamente, el emperador austrohúngaro Carlos I. 

De todos ellos trató la edición del 7 de noviembre de 1917 de La Vanguardia, mientras Rusia se aprestaba a dar un giro histórico sin precedentes.

lunes, 14 de agosto de 2017

La Revolución Rusa en la prensa española: 7 de noviembre de 1917 (primera parte)

A diferencia de lo que sucede actualmente y dejando de lado honrosas excepciones, hace un siglo el periodismo era un oficio austero y creativo cuyos obstáculos convertían a sus trabajadores en una suerte de artistas bohemios con alma de aventureros intrépidos. Sin internet ni móviles, sin redes sociales ni ordenadores, sin apenas teléfonos, así trabajaban aquellos reporteros en pos de unas noticias que nunca sabían cuándo ni en qué condiciones llegarían hasta sus lectores, pero que redactaban con pasión y compromiso. Uno de los periódicos españoles que relataron lo sucedido en Rusia en 1917 fue La Vanguardia, un diario que en aquel entonces llevaba la apostilla de «independiente» bajo el logotipo de su portada. La hemeroteca en línea de este rotativo, aún en manos de sus fundadores, la familia Godó, nos permite regresar a aquellos días y revivir, desde la perspectiva de los miles de kilómetros de distancia y del contexto social en que fue escrito, todo lo sucedido en ese país durante aquellas jornadas decisivas de la Revolución de Octubre.

John Silas Reed (Portland, Oregón, 1887 - Moscú, 1920),  
periodista apasionado, profesional y comprometido

El ejemplar 16.158 de La Vanguardia, correspondiente al miércoles 7 de noviembre de 1917 –25 de octubre en Rusia, que aún se regía por el calendario juliano–, costó aquel día cinco céntimos. Era el trigésimo sexto año de existencia de este periódico cuya suscripción anual valía entonces una peseta. Sus veinte páginas se distribuían de forma muy diferente a cómo lo hacen en la actualidad los escasos medios de prensa escritos que todavía se editan a diario. En las cuatro primeras venían, por este orden, las esquelas de los fallecidos, la publicidad comercial y las notas locales. Éstas incluían la información meteorológica del día anterior y algunas noticias particulares, como las designaciones de los maestros a sus respectivas escuelas o los nombramientos de cargos públicos. En la quinta página aparecían las noticias de sociedad, política local y deportes –fundamentalmente de Barcelona– y en las tres siguientes, tras la sección conjunta sobre religión y cotizaciones bursátiles, los anuncios de espectáculos y las columnas de opinión. En la página nueve había un extenso apartado cuyo encabezamiento da una idea de cómo era esta profesión en aquella época: «Información telegráfica y telefónica particular de La Vanguardia – Servicio de nuestros corresponsales especiales y de las Agencias HAVAS, París; REUTER, Londres; WOLFF, Berlín; CORRESPONDANT BUREAU, Viena – Recibida directamente por aparatos instalados en nuestra Recepción». Dicha información se dividía por países: primero «España», hasta la página once; a continuación, «La guerra europea – Dieciséis naciones en armas», subdividido en una sección para cada uno de los Estados contendientes en la Primera Guerra Mundial. En la página doce se publicaba un resumen de noticias recibidas mediante telégrafo, o lo que ellos denominaban «sin hilos», con la curiosa adenda de haber sido recogidas en la «Estación del Prat del Llobregat» (donde más adelante nacerá el aeropuerto de la capital catalana). La edición acababa con la «crónica telegráfica por provincias» y las informaciones recibidas a través de ese mismo medio pero procedentes de otros países. También con noticias culturales, marítimas y militares y una sección de anuncios con ofertas de trabajo. En todo el diario no había ni una sola fotografía, tan solo dibujos publicitarios pintados en blanco y negro.


Las once esquelas mortuorias de ese día, dos en catalán y nueve en castellano, ocuparon la portada y parte de la segunda página de la edición. No se diferenciaban demasiado de las actuales, si exceptuamos algunas costumbres funerarias que, con el paso del tiempo, se han ido perdiendo. Es el caso de la tradición de «asistir á la casa mortuoria (…) para acompañar el cadáver á la iglesia parroquial» o el ritual de «las misas después del oficio y en seguida la del perdón». Todos los fallecidos estaban casados o eran viudos y la mayoría tenía descendencia, incluida una joven de 28 años que en el momento de su muerte era madre de tres hijos, una descripción bastante fidedigna de la organización social y familiar que imperaba en este país hace cien años. Una de las esquelas, con el encabezamiento «Los soldados y marinos británicos», invitaba a la colonia del Reino Unido residente en Barcelona a un funeral colectivo en la parroquia de «San Vicente», en el barrio de Sarrià. La Primera Guerra Mundial, que iba por su tercer año, aparece escrita en ese recordatorio como «guerra actual».


Los anuncios publicitarios eran un compendio de productos y profesiones con un lenguaje de ventas completamente arcaico, inverosímil para los gustos actuales. Los médicos ofrecían sus servicios junto a torneros, vendedores de pianos y comerciantes de ultramarinos, como el caso de un urólogo experto en «vías urinarias, males secretos y matriz» que finalizaba su anuncio, en la segunda página, con un intrigante «especiales tratamientos para forasteros». Una substancia llamada «Fosfo-glico-kola» era descrita por sus creadores como un «poderoso reconstituyente» y el «Vino Nourry», «fortificante y depurativo» con «yodo y taninos», servía contra la «debilidad general, anemia, linfatismo y enfermedades del pecho». Sin embargo, se ofrecían también productos que continúan vigentes en la actualidad y que forman parte de las ancestrales obsesiones estéticas de la población occidental, como son los crecepelos y los tintes para las canas.


Por esas fechas, en el decimoquinto año del reinado de Alfonso XIII, la jefatura del gobierno la ocupaba desde hacía tal solo cuatro días Manuel García Prieto, del Partido Liberal, un político que llegó a estar hasta en cuatro ocasiones al frente del gobierno español, la última justo antes del golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en 1923. Y mientras las tribus del Rif continuaban sublevadas contra las autoridades coloniales españolas y francesas en Marruecos, un conflicto que iba por su sexto año y que se extendería hasta 1927, la ciudad de Barcelona se preparaba para las inminentes elecciones municipales. Es por ello que las páginas del diario destinadas a la política local dedicaban mucho espacio a los mítines de líderes como Cambó y Lerroux y a sus respectivos candidatos en el municipio. Los apartados de «sociedad» del periódico, el equivalente a la prensa rosa actual, informaban de noticias del tipo «Don Manuel Vives, teniente coronel de la guardia civil, ha pedido la mano de la lindísima, señorita Carlota Viada y Viada, para su hijo don Enrique» o «Los marqueses de Campins presentaban á sus amigos [en el teatro del «Liceo»], á su preciosa hija Pilar, alta y rubia como su madre, y también como ella elegante y distinguida». Un estilo periodístico que dejaba patente el talante ideológico clasista y liberal que tenía esta publicación hace un siglo.

La página ocho comenzaba advirtiendo en su primera columna, con un comunicado explícito, que La Vanguardia no aceptaba en aquella época «el auxilio concedido por el Gobierno a la prensa con motivo de la carestía del papel». Toda una declaración de principios sobre su jactanciosa «independencia» pero que da cuenta también de la situación crítica que se vivía en aquellos momentos en Europa. Hoy en día, en que el papel impreso está en vías de extinción por la comodidad del formato electrónico, cuesta comprender que hace tan solo tres o cuatro generaciones la escasez de un bien comercial tan básico como éste pudiese poner en peligro el derecho a la información y al conocimiento de toda una población. Tras esta advertencia, la página continuaba con columnas de opinión que son, sin lugar a dudas, el mejor retrato sociológico y antropológico de este país, desde todos los ámbitos sociales posibles. De la crítica teológica –la conveniencia o no de hacer aparecer a un actor vestido de diablo en una obra de teatro– a las reivindicaciones laborales –la elevada cifra de mujeres del sector textil que morían cada año por la tisis–, pasando por la crónica bélica sobre la Primera Guerra Mundial –con un título tan esclarecedor como «La ineficacia total de la guerra»–. La recopilación y lectura de todas estas columnas dan una visión más realista de la sociedad de 1917 que los datos aportados por los libros de historia escritos con posterioridad.

En el capítulo de ofertas y demandas laborales, pequeños anuncios de no más de treinta palabras solicitaban o ofrecían los servicios de viajantes, sirvientas, topógrafos, profesores de música, detectives, corredores de bolsa, representantes, abogados, mecanógrafas, cobradores, contables, reparadores, taquígrafas, modistas, secretarias, escribientes, encuadernadores, vendedores y mozos de almacén, incluso para «ayuda de cámara». En uno de ellos, la «Telegrafía sin hilos» era presentada como una «carrera de porvenir». Sin embargo, el reclamo que más llama la atención es el que aparece en la página dieciocho, dirigido a «Viudos y solteros», en el que se explica que «muchas señoritas de todas las edades y con dotes y fortunas de 100 a 100.000 duros desean casarse como Dios manda» y que «todas son honradas, instruidas y de buenas familias», acabando con un «no se admiten líos» y «única casa formal». Mientras tanto, algunas entidades financieras prestaban dinero «á interés módico» a cambio de papeletas del Monte de Piedad, unos resguardos que se guardaban durante un máximo de seis meses, y el gubernamental Banco Hipotecario de España concedía créditos al 3,5% para la compra de una vivienda o la edificación de obra nueva, con un ejemplo práctico publicado ese día para una cantidad de 10.000 pesetas (60 euros), a devolver en 15 años con cuotas mensuales de 84,58 pesetas (51 céntimos de euro).


Esta era la España que el 7 de noviembre de 1917 miraba hacia Rusia a través de las páginas de La Vanguardia y contemplaba, con una mezcla de curiosidad, inquietud y estupefacción, la tormenta que justo aquel día se desencadenaba en un imperio que casi todo el mundo daba ya por agonizante. Tan agonizante como la profesión de periodista un siglo después.

Mayakovski

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jueves, 3 de agosto de 2017

El monumento más familiar dedicado a Lenin y Krúpskaya


El 21 de abril de 1989, coincidiendo con el 119º aniversario del nacimiento de Vladímir Ilich Lenin, se inauguró en la Leninskiy prospekt de Moscú un monumento dedicado al matrimonio formado por el líder bolchevique ruso y la también revolucionaria Nadezhda Konstantínovna Krúpskaya. Obra del escultor Oleg K. Komov (1932-1994) y del arquitecto V.A. Nesterov, el monumento los representa a ambos sentados plácidamente en un banco, ella leyendo en voz alta un ejemplar del periódico "Iskra" ("La chispa") y él, con un codo en el respaldo y la otra mano en el apoyabrazos, mostrándose pensativo mientras escucha las palabras pronunciadas por su mujer. Se trata de la única escultura "doble" de Moscú en la que aparece la figura de Lenin, y es también una de las caracterizaciones más "humanizadas" del dirigente comunista alejada de su habitual imagen de enérgico agitador de masas. El monumento se encuentra situado en una zona ajardinada en la esquina de la avenida Leninskiy con la calle Krúpskaya, junto al edificio con el número 82/2, en el distrito Lomonosovskiy de la capital rusa. Dicha calle, abierta en 1958 y denominada originalmente ulitsa Stroiteley (calle de los Constructores), fue rebautizada en 1963 con el nombre de la esposa de Lenin, en honor a su incansable actividad educadora en pro de la erradicación del analfabetismo en Rusia.



El monumento, que responde a los principios estéticos del realismo socialista, destaca sobre todo por su bella y estilizada composición, dando al conjunto una sensación ambigua de dinamismo y suspensión en el tiempo. El periódico "Iskra" fue publicado por primera vez en Leipzig el 24 de diciembre de 1900, como órgano oficial del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Su lema era «Из искры возгорится пламя» («Iz iskry vozgoritsya plamya», «De una chispa el fuego se reavivará»), la respuesta de Vladímir Odóyevski al poema que Pushkin escribió a los Decembristas antizaristas encarcelados en Siberia. El primer consejo de redacción estuvo formado por Lenin, Plejánov, Zasúlich, Axelrod, Mártov, Potrésov y, más adelante, Trotski. Trasladada su redacción primero a Múnich (1900-1902), luego a Londres (1902-1903) y finalmente a Ginebra (desde 1903, año en que los mencheviques tomaron el control de este medio de prensa), el periódico dejó de publicarse en 1905. Es por ello que la obra de Komov y Nesterov, en la que participó también el artista y diseñador V.E. Korsi, muestra a Lenin y Krúpskaya en algún momento entre 1901 y 1903, durante su exilio en Europa. Ambos se habían casado por el rito de la Iglesia Ortodoxa en julio de 1898, en la aldea de Shushenskoye, durante la deportación siberiana a la que les había condenado el zarismo. Tenían, respectivamente, 28 y 29 años.



Aunque el monumento fue inaugurado tan solo dos años y medio antes de la desaparición de la URSS, consiguió sobrevivir indemne a la destrucción de estatuas soviéticas perpetrada tras el golpe de Estado en agosto de 1991 y durante el mandato de Borís Yeltsin. Hoy en día esta escultura en la Leninskiy prospekt, que complementa a otra dedicada a Nadezhda Krúpskaya en el número 32 del bulevar Srétenski, es una de las más queridas y admiradas de Moscú, pese a encontrarse lejos del centro de la ciudad. Frente a ella suelen celebrarse muchos actos y encuentros del Partido Comunista de la Federación Rusa.