viernes, 29 de agosto de 2014

Esoterismo y magia negra en el Mausoleo de Lenin

La Unión Soviética fue un Estado aconfesional y ateo que quiso acabar con las supersticiones y creencias místicas de la cultura rusa. Después de la Revolución de Octubre muchos edificios religiosos fueron demolidos o reconvertidos en locales para uso civil. Fue el caso del Monasterio Strastnoi en la plaza Pushkin (transformado en Museo del Ateísmo) o el de la iglesia de la Virgen de Kazán en la plaza Oktyabrskaya (convertida en el cine Vanguardia). Sin embargo, tal como afirma María Sánchez Puig en su libro "Guía de la Cultura Rusa" (Ed. Atenea, 2003), "los espíritus, los duendes y las fuerzas sobrenaturales del bien y del mal están arraigados en la tradición popular rusa desde los tiempos más remotos hasta hoy, y han quedado reflejados en su historia, folclore, lengua y creencias de la vida cotidiana". La muerte de Lenin en 1924 y el posterior culto a su vida e imagen convirtieron el "leninismo" en una nueva forma de religión que vino a substituir al culto ortodoxo. En cierta manera, los principios del marxismo y del materialismo dialéctico no consiguieron cambiar la forma de pensar del pueblo ruso. Dios y el zar fueron substituidos por Lenin y Stalin.

Existe una leyenda urbana en Moscú que demuestra hasta qué punto un simple detalle arquitectónico puede convertirse en una fantasía esotérica de proporciones bíblicas. Esta historia nace en el Mausoleo de Lenin, el sanctasanctórum soviético y uno de los lugares más estimulantes del mundo.



Vladímir Ilich Ulianov falleció el 21 de enero de 1924 en la localidad de Gorki. El cuerpo del líder bolchevique fue embalsamado en Moscú y depositado seis días más tarde en una pequeña tumba de madera situada en el mismo lugar donde más tarde se erigió el mausoleo. El diseñador de la modesta sepultura fue el arquitecto Alekséi V. Shchúsev, quien en agosto de ese mismo año la substituyó por una cripta más grande también de madera. Konstantín Mélnikov, uno de los ideólogos del constructivismo, fabricó el sarcófago donde fue colocado el cuerpo de Lenin. Como se vio claro que la momia se conservaría durante mucho tiempo, entre 1929 y 1930 el mismo Shchúsev, junto con los arquitectos I.A. Frantsuz y G.K. Yakovlev, construyeron el mausoleo que conocemos hoy en día, elaborado a base de mármol, pórfidos, labradorita y granito. Fue inaugurado en octubre de 1930.

Hay un detalle en la versión definitiva del mausoleo que llamó poderosamente la atención de mucha gente. En la esquina derecha de la fachada principal existe una oquedad que rompe con la simetría del conjunto. Así mismo, en esa misma esquina la pequeña valla de piedra que separa el mausoleo de la plaza Roja aparece quebrada en cuatro segmentos. ¿Qué pretendía Shchúsev con esa solución arquitectónica? Nadie lo sabe. Lo más seguro es que fuese una simple innovación para armonizar la nueva construcción con las del resto de la plaza Roja. Sin embargo, el ocultismo ruso comenzó a elaborar la leyenda de la "pirámide".

Cuando se describe el mausoleo de Lenin se lo suele comparar, por su sentido metafórico, con una urna funeraria para depositar cenizas. Sin embargo, nunca ha pasado desapercibido su extraordinaro parecido con la parte superior de los "zigurats", los templos mesopotámicos en forma de pirámide donde moraban los dioses y a los cuales solamente podían acceder los sacerdotes. Para dar sentido a esta idea, las mentes más imaginativas comenzaron a fantasear con la imagen de un zigurat enterrado junto a la muralla del Kremlin del cual sólo sobresaldría el mausoleo. Llegados a este punto es inevitable no hacer referencia a la escena final de la película "Abierto hasta el amanecer" (Robert Rodríguez, 1996), cuando los espectadores descubren que el bar "Titty Twister" es precisamente la parte superior de una de esas pirámides que simbolizaban, en la antigua Mesopotamia, el terraplén que unía el Cielo y la Tierra.


Aunque los zigurats son estructuras reales (hoy en día aún se conservan treinta y dos, repartidos entre Irak e Irán), nadie ha creído nunca que exista una pirámide debajo del Mausoleo de Lenin porque todo el mundo pudo ver cómo eran colocados sus cimientos a finales de los años veinte. Entonces, ¿Cómo encaja en toda esta historia la idea de una pirámide? Pues porque ya existía una desde hacía mucho tiempo a pocos metros del lugar ocupado por el cadáver de Lenin.


Situados en el lado Norte del Kremlin, el edificio del Arsenal (iniciado en 1702 por orden de Pedro I) y el Palacio del Senado (construido a partir de 1776 durante el reinado de Catalina II), tienen forma de trapecio y triángulo, respectivamente, y encajan formando un triángulo mayor. Es la llamada "pirámide que todo lo ve", con el ejército en la base y la política en su punta. A partir de aquí la imaginación de muchos rusos se desató hasta límites que es imposible resumir en este espacio. Si existe la pirámide del Kremlin, ¿No podría existir también la "pirámide de Lenin y Stalin"? Hizo falta mucho ingenio para conseguirlo pero, en efecto, esa pirámide existe. Por lo menos sobre el papel.


En 1934 se inauguró en el Kremlin el Palacio del Presidium, construido en el solar dejado tras la demolición de dos monasterios y un palacio zarista. Uniendo con tres líneas imaginarias el lugar donde se sitúa el asta de la bandera en el Presidium, la esquina quebrada en la valla del mausoleo y el monumento a Minin y Pozharsky (frente a la Catedral de San Basilio) se forma un triángulo isósceles abstracto.


Seguidamente, repitiendo la misma operación con una pieza elevada que hay en el tejado del Palacio del Presidium, con el mismo punto en la valla del mausoleo y con el Lobnoye Mesto (la tarima circular destinada a discursos y ejecuciones en la plaza Roja) aparece en el espacio otro triángulo imaginario, en este caso equilátero.


Ambos triángulos tienen una altura geométrica común (un vector) que une la esquina quebrada con la Torre Spasskaya del Kremlin. El descubrimiento de esta "pirámide de Lenin y Stalin" fue como el disparo de salida para que todos los seguidores del esoterismo lanzasen al aire sus extravagantes hipótesis sobre este zigurat leninista de la plaza Roja.

¿Es el mausoleo una especie de "antena" emisora de flujos de energía que mantenía controlada a la población soviética? Es poco probable teniendo en cuenta el contexto social en el que fue construido. Aunque lo cierto es que las colas para visitar a la momia de Lenin siempre se situaron en la dirección hacia donde apunta ese vector definido por los dos triángulos. ¿Existe alguna relación entre Rusia y Mesopotamia, la civilización multiétnica que duró varios milenios? Todo en historia tiene relación, pero para los defensores de estas teorías ambos imperios tienen en común haber tratado igual de mal a su clase proletaria. ¿Tiene alguna relevancia que en el interior del supuesto zigurat yaciese el cadáver del líder soviético? Un muerto embalsamado siempre es un elemento que causa impresión. Pero es que además en muchas culturas mesopotámicas existían unas figuritas llamadas "terafines" que tenían propiedades mágicas ligadas a la fertilidad y la buena suerte. Y una momia es, por encima de todo, un muñeco inerte. ¿Son esos dos triángulos una simple casualidad matemática fruto del azar? Casi siempre es posible trazar figuras geométricas regulares a partir de muchos puntos aleatorios. Sin embargo, es una coincidencia bastante sorprendente que en 1931 el monumento a Minin y Pozharsky fuese cambiado de ubicación en la plaza Roja (antes estaba frente a los almacenes GUM) justo cuando estaban a punto de comenzar las obras del Palacio del Presidium. El motivo oficial del cambio fue que estorbaba durante los desfiles militares.

Que cada cual opine lo que quiera. En internet circulan otras teorías sobre las supuestas propiedades mágicas del Mausoleo de Lenin, la mayoría expuestas en páginas web escritas en ruso. Algunas de estas webs aprovechan la leyenda para cargar contra la URSS, el comunismo y sus dirigentes. Lo que está claro es que las campañas antirreligiosas en la Unión Soviética sólo tuvieron un efecto superficial sobre la población. En una encuesta realizada en los años ochenta, el 16% de los ciudadanos soviéticos se consideraba creyente. En la actualidad, esta cifra llega hasta el 75%. La categoría de "creyente" hace referencia en Rusia a los cristianos ortodoxos, pero incluye también a todo tipo de seguidores de ideas supersticiosas y de magias de todos los colores. Los valores religiosos, igual que los prejuicios, no cambian de la noche al día. Y, pese a los esfuerzos de las autoridades, no lo hicieron en los años posteriores a la Revolución de 1917. Ni siquiera entre todos sus líderes y artistas.

Hay un hecho histórico que causa inquietud en todos aquellos que no quieren ver más que aspectos materiales y simbólicos en esta leyenda. Está probado documentalmente que Alekséi Shchúsev, mientras diseñaba el mausoleo, se entrevistó con el reputado arqueólogo F. Poulson, una eminencia mundial de la cultura mesopotámica. ¿Por qué Shchúsev se encontró con un especialista en arqueología mientras ideaba un edificio que pretendía rendir culto al líder de la mayor revolución obrera conocida en la historia? Puede que simplemente quisiera construir algo que estuviese a la altura de la grandeza de su morador. Y lo cierto es que lo consiguió. Durante sesenta años por el balcón de este zigurat ruso sólo asomaron los "sumos sacerdotes" de la nueva religión soviética. Y el mausoleo continúa siendo actualmente un elemento del pasado revolucionario que parece intocable y que sigue presidiendo los desfiles de la plaza Roja. Sin embargo, con sus ideas arquitectónicas Shchúsev contribuyó a reforzar ese místicismo ruso que el comunismo combatió y no consiguió vencer.

lunes, 25 de agosto de 2014

Vladímir Putin planea demoler el Palacio del Presídium del Kremlin



El Presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, ha propuesto al alcalde de Moscú que el Palacio del Presídium del Kremlin (primera imagen) sea demolido para reconstruir en su lugar los monasterios de los Milagros y la Asunción (extremos izquierdo y derecho de la segunda fotografía). Ambos monasterios, además del Pequeño Palacio Nicolás, fueron derruidos a principios de los años treinta. El Palacio del Presídium (1932-1934) es una de las primeras grandes obras realizadas durante el estalinismo que tenían como finalidad substituir la arquitectura zarista y religiosa por otra propiamente revolucionaria
(Fuente: Colección personal del autor del blog del año 2007 y http://www.liveinternet.ru/users/sdor/post191174909/comments)


¿Habrá una reforma en los edificios del Kremlin?

14 de agosto de 2014 Dmitri Romendik, RBTH

El presidente Putin ha propuesto al alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, demoler un edificio administrativo del Kremlin y reconstruir en su lugar dos monasterios ortodoxos. Los expertos analizan si estas reformas dañarán el conjunto arquitectónico del Kremlin y si será posible recrear adecuadamente estos dos monasterios derruidos en los años 30.

El edificio 14 del Kremlin está situado entre la puerta de la torre Spásskaya y el Palacio del Senado. Fue construido por el arquitecto Iván Rérberg en 1934 en el lugar donde anteriormente se encontraban dos monasterios: Chúdov y Voznesenski. Estos dos monasterios fueron derruidos en 1929 y 1930 durante una campaña del gobierno contra la religión. En aquella época se demolió una gran cantidad de iglesias por todo el país.

En un principio se había contemplado la reforma total del edificio. Pero el presidente ha asegurado que lo más efectivo será derribarlo. La historia de este edificio administrativo es corta, pero está cargada de acontecimientos.

Durante los años 30 albergó la Escuela Militar, que más tarde fue trasladada a un edificio más amplio, y en el edificio 14 se instaló la comandancia y el Secretariado del presidio del Consejo Supremo. En 1958 una parte del edificio fue reformada y convertida en el Teatro del Kremlin, pero el edificio no estaba preparado para la celebración de eventos masivos, además de que se encontraba en la parte de acceso restringido del Kremlin, lo cual dificultaba la entrada de la mayoría del público, por lo que en 1961 se abandonó la idea.

A finales de la época soviética, en 1991, el entonces presidente soviético Mijaíl Gorbachov destinó una parte del edificio a Borís Yeltsin, que había sido elegido poco antes presidente de la Federación Rusa (todavía en la Unión Soviética). Tras la caída de la URSS, el edificio 14 comenzó a ganar protagonismo: hasta el año 2008 en él se celebraron la mayor parte de las ruedas de prensa de los presidentes rusos.

Reconstrucción o nueva obra

La demolición del edificio en sí no ha provocado comentarios negativos (no se trata de un monumento arquitectónico), pero podría dañar la imagen del conjunto del Kremlin de Moscú, que forma parte de la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

“Por ahora únicamente se ha decidido detener las obras de reforma. La demolición deberá ser negociada con la UNESCO”, comenta a RBTH el secretario de prensa de la dirección de los asuntos del presidente, Víktor Jrekov.

¿Será posible recrear la imagen exacta de estos antiguos monasterios? El coordinador de Arjnadzor, institución independiente que se dedica a proteger el legado arquitectónico de Moscú, Rustam Rajmatullin, opina que falta información para poder llevar a cabo una reconstrucción fiel (los planos de los monasterios no se conservan) y que se tratará más bien de una obra nueva, es decir, una copia aproximada que no se corresponderá exactamente con la versión histórica.

El arquitecto Mijaíl Leikin se muestra de acuerdo con Rajmatullin, aunque en una entrevista para RBTH propone el ejemplo de la exitosa reconstrucción de la Catedral de Nuestra Señora de Kazán en la Plaza Roja, derruida en 1936 y reconstruida de nuevo en los años 1990-1993.

Los monasterios de Chúdov y Voznesenski son dos de los más antiguos de Rusia, datan de los años 1365 y 1386. Sin embargo, desde entonces han sido derruidos y reconstruidos en numerosas ocasiones, por lo que perdieron hace tiempo su imagen inicial. Algunos arquitectos han apoyado la idea de reconstruir los monasterios a partir de la enorme cantidad de fotografías que se conservan: “Es algo perfectamente posible y no presenta ninguna complejidad, -asegura el vicepresidente de la Unión de Arquitectos de Moscú, Alexéi Bavykin-, incluso si no se consigue que coincidan exactamente”.

Víktor Jrenov asegura que incluso si la UNESCO aprueba la demolición del edificio administrativo, la construcción de los monasterios no comenzará en seguida: “Si se alcanza un acuerdo con la UNESCO, la cuestión comenzará a debatirse ampliamente con los especialistas: los representantes de la Unión de Arquitectos, las organizaciones de mantenimiento de monumentos arquitectónicos y los representantes de la administración de los museos del Kremlin”. 

El Kremlin de dominio público

Por ahora nadie sabe cómo reaccionar a las palabras del presidente. La demolición del edificio podrá realizarse o no (depende de la UNESCO), los monasterios podrán ser reformados o no (esta cuestión se encuentra por ahora en la fase más inicial de la discusión). Existe también una opción alternativa: crear en el lugar del edificio demolido (si se acaba demoliendo) un parque arqueológico en el que podrán verse los restos de los antiguos cimientos de ambos monasterios. 

Pero lo importante es que la parte del Kremlin que antes estaba cerrada al público general ahora será de dominio público. Recientemente en el Kremlin se tomó la decisión de abrir a los turistas la puerta de la torre Spásskaya, por la que antes únicamente pasaba el cortejo del presidente y el árbol de navidad del Kremlin en las fiestas navideñas.

Hace unos días, el administrador principal del Kremlin, Serguéi Jlebnikov, declaró que la parte del Kremlin situada entre la torre Borovítskaya y la torre Tainitskaya iba a abrirse al público. El Kremlin está cediendo parte de su territorio cerrado, concediendo cada vez más espacio a los lugares turísticos. 


Sala de reuniones del Soviet Supremo de la URSS en el Palacio del Presídium

miércoles, 20 de agosto de 2014

Chistes y buen humor moscovita en tiempos de la Unión Soviética

"Muchos son los que aseguran que el destino de Rusia (ampliamente reflejado en el de su capital) es tan trágico y absurdo que el único antídoto contra su arbitrariedad es la percepción de la vida a través del humor, tratándose por supuesto de risas a través de las lágrimas. En la mayoría de los casos las explicaciones históricas sobran al lado de un chiste, género llevado a la perfección en un país siempre escaso de otras libertades. ¿Cómo describir aquel Moscú de Bréznev? Basten las seis contradicciones del socialismo: no hay desempleo, pero nadie trabaja; nadie trabaja, pero todos cumplen con el plan estatal; todos cumplen con el plan estatal, pero en las tiendas no hay nada; en las tiendas no hay nada, pero en casa hay de todo; en casa hay de todo, pero nadie está contento; nadie está contento, pero todos votan a favor. ¿Cómo no hacerse un lío entre los dirigentes soviéticos? Para eso está la historia del tren que vuela hacia el comunismo y se le acaban los raíles. Lenin llama al pueblo al subbonik (sábado rojo de trabajo comunista); con música y pancartas, la gente coloca los raíles pero no dan para mucho. Sale Stalin, ordena fusilar a los de los vagones impares, los pone de raíles y el tren sigue. Cuando se vuelve a parar, Jruschov propone desmontar las vías, ponerlas delante del tren, moverse un poquito y así, paso a paso. Bréznev ordena cerrar las ventanillas, correr las cortinas, subirse al tren y todos al tiempo hacer: «Cha-ca-cha-ca-chá...». Al final llega Gorbachov, bajan todos del tren y empiezan a gritar: «¡No hay vías! ¡No hay vías!».

En la tradición urbana de Moscú los chistes conviven con las anécdotas, la historia real con la imaginación, puesto que ninguna ficción puede superar las bromas crueles de la realidad. Hay historias moscovitas no verídicas que merecerían serlo, en cambio algunos episodios reales de este libro pueden saber a puro invento. Cuando a Stalin le presentaron el proyecto del primer gran hotel de construcción soviética, estampó su firma sin darse cuenta de que había dos versiones distintas de la fachada. Nadie se atrevió a molestarle de nuevo y la mitad del Hotel Moscú se hizo conforme al primer proyecto y la otra mitad, conforme al segundo. Algo parecido ocurrió cuando Stalin vio el «edificio elevado» del Ministerio de Asuntos Exteriores, todavía en obras, y preguntó: «¿Y no van a poner una torre?». Los arquitectos recibieron la orden inmediata de añadir la torre no prevista en los cálculos del proyecto. No hubo más remedio que colocar deprisa y corriendo un pastiche de chapa pintada y allí está, recordando una época de pocas risas. Además, circulaban multitud de leyendas sobre el carácter brutal de las injerencias del poder en la arquitectura... Por ejemplo, Stalin, señalando la iglesia del Salvador, la más antigua del Kremlin, al lado de la cual había un montón de leña, exclama: «¡Qué desorden, esto hay que quitarlo!». Cómo no precisó de qué se trataba, se quitaron ambas cosas, la leña y la joya de la arquitectura. Algo parecido se contaba de Bréznev, que un día se lamentó del estado de las puertas de un jardín medio caídas y amanecieron reparadas y derechas. Los moscovitas se decían que habría que prestárles Bréznev a los de Pisa para que les arreglase por fin la torre.

En nuestra época universitaria se solía citar a los pretendientes poco interesantes junto a la estatua de Dzerzhinski: tan vigilada en medio de la plaza del KGB, era prácticamente inaccesible. Pero peor era fijar una cita en el monumento al cincuentenario de la Revolución de Octubre. Para encontrarlo había que llegar al centro de la enorme plaza del Manège, donde no había más que una piedra de granito gris que anunciaba: «Aquí será erguido el monumento al cincuenta aniversario de la Revolución». La promesa nunca se cumplió, ni en el sesenta, ni en el setenta aniversario, hasta que se desvaneció, convertida la plaza en un centro comercial subterráneo. A lo mejor hay algún pretendiente esperando... Moscú les gastaba bromas a sus habitantes y los moscovitas hacían lo mismo. Cuando en el siglo XIX apareció la cuádriga sobre el Teatro Bolshói, la vox populi enseguida declaró que el Apolo de la cuádriga era el único cochero de Moscú que no estaba borracho. Cuando para los Juegos Olímpicos de Moscú celebrados en plena guerra fría se construyó la Villa Olímpica, se aseguraba que el material empleado era «microhormigón»: 10% de hormigón y 90% de micrófonos. El monumento al zar Alejandro II rodeado de columnas existió hasta su demolición con el apodo de «bolera»; mientras que los «edificios elevados» se conocen como los «siete dientes postizos» y
Novi Arbat como la «dentadura postiza» de Moscú. Las costumbres no cambian, cambian los temas.

Un toque de humor, una anécdota o una simple frase pueden cambiar la percepción del lugar, dando un interés especial a lo que hubiera parecido ordinario o humanizando lo que de otro modo sería demasiado oficial. La plaza del Ayuntamiento tan solemne con su estatua ecuestre de Yuri Dolgoruki se percibe de forma distinta si se sabe de la exclamación irónica del compositor Siguismund Katz en la inauguración del monumento: «No se parece nada». Desconocemos el aspecto de los antiguos guerreros, y lo relativo de su imagen está plasmado en esta frase ya inseparable del monumento. La misma estatua es personaje de otra historia, buen ejemplo de cómo el carácter heterogéneo del Imperio ruso está presente en las bromas moscovitas. Dice el chiste que al salir del restaurante georgiano Aragvi, un georgiano borracho se topa con la estatua de Yuri Dolgoruki. «¡Anda! ¿Y este quién es?», pregunta. «El fundador de Moscú», le contestan. «¡Pues menuda ciudad ha hecho alrededor de nuestro restaurante!». La tradición no se extingue. La reconstruida catedral de Cristo Redentor es conocida como Cristo sobre los Aparcamientos; al recuperado escudo de la Rusia imperial, el águila bicéfala que sustituyó a la hoz y el martillo en los edificios gubernamentales, se le llama «pollo de Chernóbil».

El humor, sarcástico, cruel o bondadoso, es un componente indispensable en la percepción de Moscú, un elemento clave de la aleación moscovita y una de las válvulas de escape hacia su cuarta dimensión." 

(Pigariova, T. (2001) Autobiografía de Moscú. Barcelona: Ed. Laertes, 2001, pp. 36-39)

  Grupo de 'matrioskas' con casi todos los líderes ruso-soviéticos del siglo XX, desde Nicolás II hasta Boris Yeltsin. Faltan Andrópov, Chernienko y Vladímir Putin. Las "seis contradicciones del socialismo" apuntaban directamente a Brézhnev, el tercero por la izquierda. La parábola del tren está protagonizada por Lenin, Stalin, Jrushchov, Brézhnev y Gorbachov. No hubo tiempo de hacer chistes con Andrópov y Chernienko pues permanecieron muy poco tiempo en el poder
(Fuente: http://www.therussianshop.com/russhop/matryoshkas/Yelstin_Gorbachev_Nesting_Doll-7pieces_1.jpg)

 Fotografía del antiguo y asimétrico hotel Moscú, inaugurado en 1935 en la plaza Manézhnaya, junto a la plaza Roja. Según cuenta la leyenda, debido a que Stalin dio el visto bueno a los dos proyectos de fachada se construyeron dos torres laterales completamente diferentes
(Fuente: http://englishrussia.com)

En 2004 el hotel Moscú fue demolido. En su lugar se ha construido una replica casi exacta que continúa siendo... asimétrica. Se inaugurará este mismo año
(Fuente: http://www.lusine.ru/rus/construction/Gostinica-Four-Seasons-Hotels-v-vossozdavaemom-mnogofunkcionalnom-komplekse-Gostinica-Moskva-420.phtml)



 Sede del Ministerio de Asuntos Exteriores de la URSS (y de la actual Federación Rusa) en la Smolenskaya-Sennaya ploshchad, una de las "siete hermanas de Stalin" o uno de los "siete dientes postizos". El cucurucho que se ve en lo alto es el "pastiche de chapa pintada" que se puso a toda prisa a raíz del comentario de Stalin
(Fuente: Colección particular del autor del blog del año 2006)

 Dibujo de la Iglesia del Salvador en el Bosque de Pinos, construida en 1330 dentro del Kremlin. Según se dice, una confusión con un montón de leña que había junto a la iglesia condujo a su demolición en 1932. Sin embargo, esta historia parece poco verosímil porque en este espacio se edificó poco después un anexo del Gran Palacio
(Fuente: http://rbth.com/multimedia/pictures/2014/08/18/10_kremlin_monuments_weve_lost_39083.html)

 Quedar junto a la estatua de Félix Dzerzhinski que había frente a la sede del KGB era una manera de librarse de "pretendientes poco interesantes". Este era uno de los lugares más vigilados del Moscú soviético. Actualmente, la estatua se encuentra en el Museión (el museo de las estatuas abandonadas) donde es posible citarse sin ningún problema. Se habla de devolverla a este lugar
(Fuente: http://moscudelarevolucion.blogspot.com.es/2013/02/plaza-dzerzhinski-actual-lubyanka-2_12.html)

Más complicado resultaba encontrarse en el monumento conmemorativo del cincuentenario de la Revolución. Dicho monumento no llegó existir nunca. Lo único que había en medio de la plaza Manézhnaya era un pequeño monolito de color gris
(Fuente: http://moscudelarevolucion.blogspot.com.es/2013/05/plaza-del-cincuenta-aniversario-de-la_24.html)

Fotografía donde aparece Apolo, "el único cochero de Moscú que no va borracho", sobre la entrada del Teatro Bolshói. Encima se puede ver un "pollo de Chernóbil". El águila bicéfala fue restituido en la fachada hace tan solo tres años
(Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Quadriga)


Dos imágenes de la espectacular Villa Olímpica que se construyó en las colinas de Lenin (al sur de la Universidad de Lomonósov) para los Juegos de 1980. Los moscovitas bromeaban sobre el material que se utilizó: "microhormigón", un claro guiño a la tarea del KGB con los visitantes extranjeros
(Fuentes: http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=767746 y http://www.panoramio.com/photo/68488381)

Fotografía de la "bolera", el monumento dedicado a Alejandro II que se encontraba dentro del Kremlin (en su lugar se construyó la estatua de Lenin junto al Palacio del Presidium). La estatua del zar fue destruida por los bolcheviques en 1918, no así el resto de la construcción que sirvió de mirador durante diez años. En 2005 el alcalde Yuri Luzhkov la hizo reconstruir, aunque no en este lugar sino junto a la Catedral de Cristo Salvador
(Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Monument_to_Alexander_II_(Moscow))


La "dentadura postiza" de Novi Arbat, el conjunto de edificios construidos en la avenida Kalinin durante el mandato de Nikita Jrushchov. Está inspirado en los rascacielos de Nueva York
(Fuente: http://casarusia.com/foro/)

Estatua ecuestre del fundador de Moscú, Yuri Dolgoruki, en la antigua plaza del Mossoviet (actual plaza del Ayuntamiento). Ha sido objeto de bromas por parte de los moscovitas, aunque aparentemente nada en su aspecto invite a reirse de un monumento tan sobrio como éste
(Fuente: http://www.panoramio.com/photo/3806376)

Ni siquiera los edificios religiosos se libran del humor ruso. Esta es la Catedral de "Cristo sobre los Aparcamientos", algo así como "Khristos o Parkovke" ("ХРИСТОС O ПАРКОВКE"). Se trata realmente de la Cateral de Cristo Salvador (o Redentor)
(Fuente: Colección particular del autor del blog del año 2006)

Existe una versión psicodélica del "pollo de Chernóbil" con el águila bicéfala agarrando una hoz y un martillo. Puede parecer otra broma, pero en este caso no lo es en absoluto. Se trata de uno de los símbolos de un proyecto de restitución del Imperio ruso (en forma de monarquía constitucional federal), retomándolo a partir del punto de vista político del zar Pedro I "el Grande". Los seguidores de esta nueva identidad patriótica negocian la compra de antiguos territorios del imperio pre-soviético. También emiten pasaportes electrónicos a quien así lo solicita
(Fuente: http://anatidaephilia.livejournal.com/54293.html)

viernes, 15 de agosto de 2014

La vida soviética de la multimillonaria Christina Onassis


La mañana del 2 de agosto de 1978 la prensa mundial abría muchas de sus portadas con una de las noticias más sorprendentes de los últimos años: La multimillonaria griega Christina Onassis, heredera de un imperio naviero de 500 millones de dólares, se había casado el día anterior con el funcionario soviético Sergei Danilovich Kauzov en el Palacio Central de Matrimonios de Moscú. La intención de la pareja, según se decía, era instalarse en un apartamento de la capital de la Unión Soviética. Esta foto fue difundida por la agencia de noticias TASS y en ella se ve a la pareja junto al embajador griego en la URSS, Pierre Calogeras, y su esposa. Solamente nueve personas más asistieron a la boda. (Fuente de la imagen: http://storiesstar.ru/wp-content/uploads/2014/06/st00199.jpg)

Ese fue el inicio de una de las historias más rocambolescas de la época de la Guerra Fría. Aunque la intención de Christina Onassis de casarse por tercera vez había sido difundida públicamente un mes antes de la boda, durante los días posteriores al enlace los diarios de todo el mundo fueron aportando más detalles sobre la vida de Sergei Kauzov. Unos detalles que hicieron correr ríos de tinta con multitud de leyendas que aún hoy en día no han sido aclaradas. Kauzov, casado y con una hija, era políglota, miembro del PCUS y trabajaba en la todopoderosa empresa estatal del transporte Sovfraht ("Совфрахт"), dependiente del Ministerio de Comercio Exterior. Esta empresa había sido fundada en 1929 por el Soviet del Trabajo y la Defensa y controlaba el transporte terrestre de mercancías en toda la Unión Soviética. Christina Onassis se había hecho cargo en 1976 de algunas actividades en el conglomerado de empresas de su padre (fallecido el año anterior) y esto la pudo llevar a conocer a Kauzov en Moscú, adonde viajó para tratar un tema relacionado con el transporte de grano. O puede que se conociesen al año siguiente en París negociando con el gobierno soviético los términos de un acuerdo de cooperación en materia de transporte (Kauzov había sido trasladado allí después del primer encuentro con Christina en Moscú). Además de insistir en el hecho de que Sergei Danilovich había abandonado a su mujer y a su hija para casarse con una millonaria, la prensa occidental (la soviética carecía de 'páginas de sociedad') destacaba su carácter seductor a pesar de que llevaba un ojo de cristal del cual, según parece, hacía pública ostentación. Es en este punto donde comienza el mito en la relación entre estas dos personas pertenecientes a mundos tan opuestos, un soviético de 37 años y una multimillonaria de 27 que había heredado el imperio creado por su padre Aristóteles, marido de Jacqueline Kennedy y Maria Callas. ¿Fue un enamoramiento mútuo y sincero? ¿O se trató de un capricho más de la millonaria heredera? ¿O quizás Kauzov era un "Romeo" del KGB con la misión de seducir a la joven griega y establecer contacto con la fortuna de la familia Onassis? El ex agente Vadim Melnikov aseguró que existía un plan denominado "Olympia" para extender los tentáculos del KGB hasta la mayor flota del mundo. Y el desertor Oleg Kalugin manifestó que Kauzov pudo haber estado implicado en un fraude de divisas que habría sido convenientemente utilizado para llevar a cabo una misión de alto calado aprovechando su gran visión para los negocios. (Fuente: http://read-this-text.blogspot.com.es/2013/07/blog-post_229.html)

Sea cual sea la verdad en esta extraña historia, el hecho es que nos permite descubrir dos lugares prácticamente anónimos en la ciudad de Moscú: el Palacio del Matrimonio (o de Bodas) y las viviendas construidas en los años 70 destinadas a la intelligentsia soviética.



 El Palacio Central del Matrimonio se encontraba en el número 10 del pasaje Malyy Kharitonyevskiy (antiguo pasaje Griboyédov). De hecho, sigue existiendo en la actualidad con el nombre de Palacio del Matrimonio nº1 ("Дворец бракосочетания №1") y publicita en internet todos sus servicios (por ejemplo, http://orgpoisk.ru/info/id/188). El lugar es conocido popularmente por el antiguo nombre de la calle, Griboyédov, que era a su vez el nombre de este palacio en 1909, año de su construcción. El Malyy Kharitonyevskiy pereulok se halla situado entre el Anillo de los Jardines y el Anillo de los Bulevares (es paralelo a ambos), cerca de la Krasnye Vorota (antigua plaza Lermontovskaya)
(Fuente: Google Maps 15/08/2014)


 La boda, anunciada con antelación, movilizó a muchas personas (básicamente periodistas) que no se quisieron perder el acontecimiento. Las crónicas hablan de todo un dispositivo del KGB que mantuvo al público en la acera opuesta del palacio. En 1961 el Comité Ejecutivo del Soviet de Moscú había trasladado a este lugar el Registro Civil de la ciudad, inaugurando aquí el "Palacio Central del Matrimonio" que aún sigue en funcionamiento. Como puede verse, su aspecto exterior apenas ha cambiado.
(Fuentes: Google Street View 15/08/2014 y http://pastvu.com)



 Transcurridos treinta y seis años desde aquel evento, la decoración de la sala de ceremonias tampoco ha variado significativamente

La boda congregó a once invitados, entre los cuales se encontraba el embajador griego Pierre Calogeras y algunos familiares de Kauzov. No vino nadie por parte de Christina Onassis. Hubo además una orquesta que amenizó el acto. La prensa destacó que Christina lucía un sencillo vestido estampado de verano de color violeta


El matrimonio se instaló, por consejo de las autoridades locales y del mismo Andrópov, en un apartamento en el bloque de pisos del pasaje Protopopovskiy número 16 (antiguo Bezbozhnyy pereulok). Este nombre deriva de "bezbozhnik" que quiere decir "ateo". El moderno edificio había sido construido un año antes, en 1977, y se destinó a escritores soviéticos de élite. Con una calidad superior al estándar de la época, su estilo ya nada tenía que ver con las obras constructivistas destinadas a la intelligentsia de la URSS de los años veinte y treinta. El bloque, aún en pie y bastante bien conservado, hace esquina con el pasaje Astrakhanskiy y se encuentra cerca del Jardín Botánico de la prospekt Mira y de la plaza Komsomolskaya
(Fuente: Google Maps 15/08/2014)



El apartamento que la pareja ocupó en el edificio del Protopopovskiy pereulok era vecino de la vivienda del poeta Valentín Sorokin. Otra de las leyendas que circulan sobre todo este asunto habla de una agria polémica entre el poeta y las autoridades soviéticas y de un soborno a un funcionario que concluyó con el desalojo de Sorokin. Este hecho sirvió para ampliar el habitáculo de la pareja Kauzov-Onassis y convertirlo en un confortable piso de cinco habitaciones. Sin embargo, el ruido de los tranvías que pasaban por la calle hizo que abandonasen este lugar en enero de 1979. Se trasladaron a París y después a una isla del Mar Egeo
(Fuente: http://moya-moskva.livejournal.com/2002412.html?thread=30140140)



La pareja se divorció diecisiete meses después de la boda. Christina Onassis aún se casó una cuarta vez y falleció en Buenos Aires en noviembre de 1988 de un ataque al corazón. Sin embargo, algunas fuentes afirmaron que realmente se había suicidado con una sobredosis de fármacos. Después de dejar Moscú, Sergei Kauzov vivió en Londres donde realizó negocios privados aun siendo ciudadano de la Unión Soviética. Fue entonces cuando se comenzaron a producir transferencias a las cuentas del PCUS por un valor total de 500.000$ para las cuales nunca se ha encontrado explicación. Una hipótesis que se baraja es que Kauzov "pagó" a su propio partido para poder ser titular de un negocio privado en el extranjero. Aunque visto desde otro punto de vista, Kauzov financió a su partido con negocios en el exterior. Desaparecida la URSS, tuvo tratos con su antigua empresa (ahora privatizada) y se instaló definitivamente en Suiza, donde sigue disfrutando en la actualidad de una vida de millonario a sus 73 años de edad. Compró una propiedad en una isla caribeña compartiendo vecindad con David Bowie y Mick Jagger. Allí se vio envuelto en un caso de asedio a una joven francesa. Se desconoce con exactitud qué ha sido de su vida (no concede entrevistas), pero en 2005 hacía 15 años que no pisaba su patria de origen. Algunos ex altos mandos del KGB han negado categóricamente que Kauzov perteneciese a la Seguridad del Estado. 

La ironía de toda esta historia es que mientras que la joven heredera tuvo una vida muy desgraciada que finalizó en circunstancias no aclaradas cuando tenía tan solo 37 años, el oscuro burócrata soviético acabó amasando una fortuna como rico capitalista. Sin embargo, su boda en Moscú costó menos de 3 dólares (al cambio) y duró apenas 32 minutos.  
(Fuentes: Ottawa Citizen 01/08/1978, http://img1.liveinternet.ru/images/attach/c/7/97/656/97656575_kauzov.jpg y http://moya-moskva.livejournal.com/2002412.html?thread=30140140)

domingo, 10 de agosto de 2014

Diario de un sovietófilo (Capítulo II)

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El hundimiento

La imagen que Gorbachov proyectaba hacia el exterior relativizó todo lo que se había dicho hasta entonces sobre la maldad del comunismo. Sin dejar de pensar que era verdad, mucha gente comenzó a creer que se había exagerado un poco. El problema es que la apertura y la transparencia por él promulgadas contribuyeron a dejar al rey desnudo. Aspectos de la historia y de la vida en la URSS que quizás hubiese sido mejor conocer con cuentagotas, quedaron al descubierto de la noche a la mañana. El llamado “mundo libre” mostró una actitud hipócrita hacia ese país de la misma forma que las clases sociales elevadas han manifestado siempre una falsa complacencia con los seres considerados inferiores. Detrás de los halagos y la condescendencia se escondía el deseo de acabar para siempre con aquel sistema, igual que se atrae a un animal con comida para luego rematarlo con una maza. Llamar “Gorby” al dirigente soviético fue como hacer carantoñas a un niño pequeño, un intento de convertirlo en uno de los suyos mientras el capitalismo afilaba sus garras. Los occidentales se creyeron que dentro de cada ruso había un norteamericano deseoso de ir al McDonald’s. Y en un primer momento eso fue casi cierto. La catástrofe iba tomando forma y yo me la vi venir.

En aquella época me relacioné con amigos que militaban en el comunismo. Asistí a alguna de sus reuniones y contribuí económicamente a la causa. Una causa que, la verdad sea dicha, nunca me creí del todo. Mientras a mi alrededor todo el mundo soñaba ingenuamente con segundas residencias y una vida de lujo, nosotros debatíamos –también ingenuamente sobre la llegada de la revolución mundial. Una vez fui a un mitin comunista acompañado de mi padre. Se celebraba en una sala de actos cargada de humo y llena de gente hasta la bandera. Ya entonces comenzaba a aflorar en mí el sovietófilo que llevaba dentro. Me imaginé que ese debía ser precisamente el ambiente mítico de los grandes escenarios revolucionarios de principios de siglo. Sin embargo, recuerdo que en una ocasión repartí octavillas en una plaza de mi ciudad y que me sentí muy ridículo interpretando el papel de activista, sobre todo cuando alguien nos rechazaba diciendo “uy, comunistas”. Por aquel entonces mi madre me presentó a una mujer que estaba casada con un ciudadano de la RDA. Aquello me pareció muy sugerente: tenía frente a mí a alguien tangible que había estado en el “otro lado”, una persona que venía del “frío”. Aquella señora, de quien he olvidado su rostro, me facilitó la dirección postal de un joven soviético para que entablase amistad con él. Me dijo que le podía escribir una carta en mi idioma, que me entendería. Y así lo hice. Apunté sus señas en el sobre utilizando letras del alfabeto cirílico y la tiré en un buzón de mi barrio. Seguramente alguien en Correos se rió de aquella ocurrencia porque de la carta nunca más se supo. O quizás algún ruso conserva actualmente aquel papel con mis frases ingenuas y bienintencionadas. Quién sabe. Puede que hubiese respuesta y que se perdiera por el camino. Fuera como fuese, no conseguí hacerme amigo de ningún ciudadano de la URSS, pero aquella mujer me regaló una bandera de la RDA que aún conservo dentro de una caja. Como una verdadera reliquia.

Parecía que el mundo soviético se movía a mi alrededor. Que me abría sus puertas pero que yo no podía traspasarlas. Uno de los dirigentes de las juventudes comunistas que yo conocía visitó la Unión Soviética en plena perestroika. Aquella aventura me pareció una hazaña comparable con viajar al espacio. Debido a que la visita tenía carácter oficial, cuando regresó convocó una rueda de prensa a la que sólo asistió un periodista. En aquella época ese era exactamente el interés real de los medios de comunicación por lo que sucedía en la URSS. Sólo querían publicar las grandes batallas políticas e ideológicas. Lo que hacía y decía la gente de la calle no les importaba. Durante meses, mi colega nos explicó anécdotas de ese viaje que a mí me parecieron bastante inverosímiles. Me sonaban más a panfletos propagandísticos que a otra cosa. Recuerdo una historia sobre una niña que reprendió a un adulto en plena calle por una colilla y otras cosas bastante extrañas. Sobre todo por la casualidad de haberlas podido presenciar durante una estancia tan corta como fue la suya. Esa supuesta falta de sinceridad me pareció tan estúpida que yo creo que a partir de esa experiencia decidí inconscientemente desvincularme de cualquier militancia. Cuando me reencontré con él veinte años más tarde, el ex dirigente comunista hizo ver que había olvidado todos aquellos años, incluido el viaje. Vivía con tal necesidad de aferrarse al presente que rechazaba lo que había hecho y pensado en aquel momento. Definitivamente, él no era un sovietófilo. Ni lo había sido nunca.

En aquellos años de la perestroika me tocó volar del nido. Asistí al primer curso de la carrera universitaria en mi localidad de residencia pero al año siguiente me vi obligado a marcharme a otra ciudad para continuar con la licenciatura. Aquella era la gran oportunidad de mi vida. El familiar que me acogió en su casa me había comprado meses antes un ejemplar de la biografía de Lenin publicada por Editorial Progreso. Fue un gran regalo de bienvenida que guardo como un tesoro en mi biblioteca particular. Esa persona fallecería al cabo de poco tiempo y eso fue una mala premonición. Sin embargo, en el momento de mi partida todo pintaba muy bien. Hice las maletas con una dosis asfixiante de inseguridad y pánico por el futuro. Con todo el valor que fui capaz de reunir llegué a mi nueva universidad a finales de septiembre de 1989 lo más animado que pude. Hacía meses que fantaseaba con todo lo que allí ocurriría. Creí sinceramente que sería como revivir el mayo del 69 pero en un plano más íntimo. Una amalgama de política, amor y sexo entre libros e independencia personal. Ahora veo claro que en mi adolescencia había visto demasiadas películas porque nada sucedió como yo pensaba. Ni en mis peores expectativas me podía imaginar que mi vida en aquel lugar se convertiría en la experiencia más triste y decepcionante de toda mi existencia. La universidad se había convertido en un nido de pijos provincianos que sólo buscaban sacarse un título académico para convertirse en aburridos consumistas. Pero eso lo descubriría más adelante. El primer bofetón lo recibí cuando derribaron el Muro de Berlín a los cuarenta días de mi llegada a aquella facultad. El segundo me cayó un mes y medio después cuando a finales de año ejecutaron públicamente a Ceaucescu. Lo que más me chocó de aquel suceso es que a todo el mundo le pareció sensacional. Después de aquello, la RDA sólo aguantó diez meses más. La URSS, que se iba disolviendo como un témpano de hielo, aún resistió dos años agónicos. Gorbachov proclamó su final en navidad de 1991. Adiós a la bandera roja en el Kremlin. Adiós a setenta y cuatro años de historia. Me di cuenta de que había comenzado la carrera universitaria en un mundo bipolarizado lleno de grandes y variadas opciones. Y que la iba a finalizar en otro muy diferente monopolizado por la creencia de que se había llegado al final de los tiempos. Fue entonces cuando eché la vista atrás y entendí que mis grandes ilusiones personales también se habían perdido por el camino.

En otoño de 1992 el nuevo curso comenzó sin mi padre, fallecido en junio, y con todo aquel mundo, que yo había magnificado en mi cabeza, extinguido como si nunca hubiese existido. Acabé los estudios, encontré trabajo, me ocupé de mis asuntos y me olvidé de la Unión Soviética durante diez años. Hasta el verano de 2002.

Mayakovski

Acababa de comenzar mi segundo curso de carrera universitaria cuando en la RDA se celebró el cuadragésimo y último aniversario de su fundación, ocurrida el 7 de octubre de 1949. Se disolvió cuatro días antes de su 41º aniversario


Discurso televisado de Mijaíl Gorbachov anunciando la disolución de la Unión Soviética y su dimisión como presidente. Era el 25 de diciembre de 1991. Poca gente se imaginaba que un suceso como ese llegaría a producirse algún día. Al final del segundo vídeo se ve a Gorbachov con la mirada perdida, seguramente reflexionando sobre el momento histórico que estaba viviendo