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sábado, 26 de diciembre de 2015

La tumba de Antón Chéjov en el cementerio de Novodévichi

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"Antón Chéjov, muerto en Alemania y trasladado a Rusia en un vagón-frigorífico con la inscripción «ostras», fue enterrado en Novodévichi en el Jardín de los Cerezos, donde le acompañan los directores del Teatro del Arte. El monumento funerario de Chéjov, uno de los más bellos del cementerio, es una pequeña capilla modernista. En primavera, con los cerezos en flor, esta zona del cementerio parece el decorado de alguna obra todavía por escribir".

(Pigariova, T. (2001) Autobiografía de Moscú. Barcelona: Ed. Laertes, 2001, p.213)


 La tumba del dramaturgo Antón Pávlovich Chéjov se encuentra situada en el sector 2 de Novodévichi, uno de los más visitados del cementerio. En el mapa oficial de la necrópolis aparece catalogada con el número 180. Una vez dentro del cementerio, se accede a ella torciendo a la derecha a través de un muro divisorio de color rojizo. Luego hay que tomar de nuevo la primera calle a la derecha, la que transcurre entre unos nichos y el Jardín de los Cerezos



 La tumba de Chéjov fue diseñada por el arquitecto Fiódor O. Shéjtel, el mismo que seis años antes había construido el Teatro del Arte de Moscú. También fue el creador de la extraordinaria casa modernista de los Riabushinski, donde residió Gorki entre 1931 y 1936. Curiosamente, Gorki fue uno de los intelectuales rusos que se mostró indignado por el hecho de que Chéjov hubiese sido transportado a Rusia en un vagón para ostras. Parece como si Shéjtel hubiese servido de nexo involuntario de todos estos personajes. Las fotografías de la tumba las realizó el autor del blog en el año 2006

  Antón Pávlovich Chéjov fue un dramaturgo, escritor y médico ruso nacido en Taganrog, el puerto principal del mar de Azov, en 1860. Aunque murió trece años antes de la Revolución de Octubre (y uno antes de la Revolución de 1905), merece ocupar un lugar destacado en la historia soviética de la ciudad de Moscú. Su figura y su creación literaria planearon sobre el país a lo largo del siglo XX y sus obras se siguen representando hoy en día en los teatros de todo el mundo. Encuadrado en la corriente 'Realista psicológica' y maestro del relato corto y de la técnica del monólogo, compaginó la literatura con la medicina. Sus obras de teatro más conocidas son 'La gaviota', 'Tío Vania', 'Las tres hermanas' y 'El jardín de los cerezos', mientras que en el terreno de los relatos cortos destacaron 'Campesinos', 'La sala nº 6' y, sobre todo, 'La dama del perrito', una contraposición a 'Anna Karénina' de Tolstói. Casado en 1901 con la actriz Olga L. Knipper, contrajo tuberculosis mientras ejercía la que él denominaba "mi esposa legal", la medicina (consideraba la literatura como su "amante"). Falleció en 1904, a los 44 años de edad, mientras se encontraba en el balneario de Badenweiler, en Baden-Wurtemberg (Imperio alemán)

Hace apenas una semana, el crítico de El País Marcos Ordóñez publicó un extraordinario artículo a propósito del estreno del monólogo 'Chéjov' en el Festival Temporada Alta de Girona-Salt, a cargo del actor británico Michael Pennington. El siguiente texto, publicado en el suplemento Babelia del citado diario, dan muestra una vez más de la actualidad de la obra del autor de 'La gaviota' (un dibujo de esta ave preside la fachada del Teatro del Arte). Rendir homenaje al dramaturgo ruso frente a su tumba debería ser un ritual obligatorio para todo aficionado al teatro que se encuentre de visita en la ciudad de Moscú. 


Un viejo amigo

Uno de los mejores regalos de final de año ha sido la visita a Temporada Alta de Michel Pennington con ‘Chéjov’, conmovedor monólogo sobre el maestro ruso
Marcos Ordóñez 18 DIC 2015 - 16:08 CET 

Tercera visita del enorme Michael Pennington a Temporada Alta. Rememoro: la primera fue Love is my sin, con Nastasha Parry, una zambullida en los sonetos de Shakespeare, dirigida por Peter Brook, en 2009. La segunda, Sweet William, sobre su dilatada pasión por el Bardo, en 2010. Y el pasado día 4, función única en Salt, Chéjov: otra fascinación igualmente duradera pero más íntima, una amistad que roza la hermandad. El actor británico ha pasado más de treinta años puliendo y lustrando este magnífico monólogo, rastreando historias del buen doctor, pasajes de relatos, fragmentos de sus cartas y entrevistas (todo lo que se dice aquí es de Chéjov), pero sobre todo intentando aproximarnos a su espíritu. La idea destelló en 1975, en el Transiberiano (inmejorable lugar), gracias al poeta Lucien Stryk, y germinó en 1984, cuando el National Theatre encargó a Pennington un texto conmemorativo del ochenta aniversario de Chéjov. Todo ese periodo de búsqueda y barbecho (y lo que vino luego) lo cuenta el actor, por cierto, en su muy recomendable Are You There, Crocodile? Inventing Anton Chéjov (Oberon Books, 2004). Tres décadas, pues, paseando el espectáculo por medio mundo, y sin trazas, felizmente, de acabar la gira.

Cuando Pennington entra en escena vemos a Chéjov más allá de la vieja chaqueta de lino blanco o los quevedos a mitad de la nariz. Lo percibimos en el andar lento, a pasos cortos, el cuerpo un poco estremecido, y casi sentimos el frío invernal de las largas noches de Yalta. Pese al reiterado insomnio y la tos irremediable, el maestro habla con suavidad, con su humor benévolo. Es la voz sabia y calma de alguien que ha visto y vivido todo y ha aprendido a llevarse pasablemente bien con la existencia, aunque la leve agitación de los dedos de su mano derecha delata su inquietud por la muerte cercana (el “molesto castigo”) cuando todavía queda tanto por hacer, por cantar, por disfrutar.

Como el maestro, Pennington es un gran contador de historias, y atrapa nuestra atención desde el principio. Es un monólogo inusual, porque apenas asoma el teatro de Chéjov o su relación con Olga Knipper, pero, capa tras capa, nos descubre a ese hombre ejemplar (su “hombre favorito”) para quien la medicina era la esposa y la escritura la amante, que atrapaba lo pequeño y específico y lo convertía en vasto y universal, al que no se le escapaba un detalle significativo pero nunca estuvo satisfecho de su obra; el hombre humilde, solitario, a ratos melancólico, apático y frío, siempre comprensivo y lúcido, obsesionado “por la facilidad con que ignoramos las necesidades del prójimo”; al médico “responsable de veintitrés pueblos, cuatro fábricas y un monasterio” que buscó la alegría de la vida y quiso “comer las cerezas de veinte en veinte, como deben comerse”, y ante cuya presencia, cuenta Pennington en el prólogo del texto, “todos sentían la necesidad de ser más sencillos y más auténticos”. 

El maestro habla de los placeres que le salvan, la pesca, la horticultura, y que Tolstoi diga de él que “escribe incluso peor que Shakespeare”; extiende con deleite, como si fueran manteles, los mapas de sus bosques perdidos, igual que Astrov en Tío Vania, y considera que releer sus propios textos equivale a “encontrar una cucaracha en la humeante sopa de col”.

Conocemos, en pocas frases, a su amigo el pintor Levitan, que cada tarde golpea a su ventana y le dice “¿Estás ahí, cocodrilo?”, y Chéjov le hace pasar, y charlan y ríen: “Últimamente Levitan sufre unos terribles ataques de melancolía, pero si le cuento una historia divertida se retuerce por el suelo y lanza alegres patadas al aire. Es terrible ser médico porque sé que tiene una dilatación aórtica y pronto ya no llamará a mi ventana”. Nos cuenta también su nostalgia de Francia, “donde todo es civilización y cualquier criada sonríe como una duquesa teatral, aunque esté terriblemente cansada”. Y el inolvidable recuerdo de aquella muchacha armenia de pies descalzos, con la cara más hermosa que vio nunca, “dormido o despierto”, brotando como una brisa en el centro de un verano ardiente para dejar en su corazón infantil “una tristeza cruel y placentera, vaga y neblinosa como un sueño”. Del recuerdo al relato, en el mismo tono, con la misma cadencia, vuelve a vibrar El cazador, y Pennington nos instala en esa prosa seca y sublime, y nos hace ver de nuevo, frase a frase, el reencuentro sin futuro del áspero Yegor y la bondadosa Pelagueia. 

De repente, ante la sorpresa de todos, el escritor consagrado abandona Moscú, y recorre miles de kilómetros de taiga para describir y denunciar la espantosa vida de los reclusos de la isla Sajalín, el peor presidio de Siberia, y levanta la gran piedra fundacional de la crónica moderna. Aparece el Chéjov vindicativo, enfrentado al poder, y cuenta el horror con ira contenida y sin énfasis, que sería como rebajar con agua un alcohol de alta graduación. Nos habla de aquel preso que mató a su mujer con un martillo pero aún tiene su fotografía presidiendo la celda, y del que recibe noventa latigazos metódicos y feroces, y reseña su cara blanca empapada en sudor, los dientes castañeteantes, la mirada perdida, la piel cayendo a tiras, y cuando aparta la mirada ve también la sonrisa del funcionario fascinado por la tortura, y se dice y nos dice: “El mundo que creó Dios es bueno. Solo una cosa es mala: nosotros”.

El espectáculo, modulado como una sonata, es un cuadro puntillista que cobra vida y consigue el prodigio de hacernos sentir que hemos pasado una velada con el maestro como quien visita a un viejo amigo: solo lamenté que esa noche de sábado, en el Teatre de Salt, no hubiera más gente compartiendo el regalo, gente que se perdió una emoción poderosa y serena, casi epifánica. Han pasado dos semanas y resuenan todavía las palabras de Chéjov despidiéndose, vivas de nuevo en la voz de Michael Pennington: “Dad recuerdos de mi parte al sol caliente y el mar en calma. Disfrutad. Sed felices. No penséis en enfermedades. Escribid a menudo a vuestros amigos. Cada hora es preciosa. Cuidaos y alegraos, y procurad no padecer de indigestión ni de mal humor”. Felices fiestas y feliz teatro para todos.

domingo, 15 de junio de 2014

El Teatro del Arte (MJAT)

"«El Teatro del Arte es tan soberbio como la Galería Tretiakov, la catedral de San Basilio y todo lo que hay de admirable en Moscú. Es imposible no quererlo», dijo Máximo Gorki, cuya obra Bajos Fondos, interpretada allí fue una de las piedras angulares del nuevo teatro. El Teatro del Arte (abreviado MJAT) nació durante una comida entre Konstantín Stanislavski, hijo de un mercader y director de un grupo de aficionados, y Vladímir Nemiróvich-Dánchenko, dramaturgo y escritor. Empezaron a hablar el 22 de junio de 1897 en el restaurante Bazar de los Eslavos y siguieron en la dacha hasta el día siguiente. La conversación, que duró dieciocho horas, cimentó las bases del nuevo teatro y del sistema Stanislavski, cuyos preceptos ya llevan más de cien años marcando el desarrollo del teatro.

El 1898 el Teatro del Arte, gracias al apoyo de varios mecenas y del propio Stanislavski, estrenó su primera obra, El zar Fiódor Ivánovich de Aléxei Tolstói, en un teatro alquilado en el Jardín Ermitage. La profunda y psicológica interpretación, los esmerados decorados y accesorios (en parte encontrados en las expediciones etnográficas organizadas con los actores) supusieron una percepción diferente del arte escénico: no era un simple pasatiempo, debía ser al contrario una escuela existencial. El teatro aguantó aún cuatro años en el Ermitage. En cierta ocasión, Stanislavski estuvo a punto de cancelar una representación porque no se podía vestir, el traje colgado de la pared se había helado. El nuevo concepto del arte exigía condiciones más convenientes, es decir las que habían sido establecidas en el Bazar de los Eslavos.

Antes de poder exigir que el actor transmita arte, hay que crear para él condiciones dignas. Tradicionalmente, tres cuartas partes partes del teatro pertenecen al público; pasillos, ambigús y salas para fumadores. En el resto se amontonan los decorados y los sucios y angostos camerinos por debajo del escenario. «El teatro debe ser una casa para los actores. Los camerinos decorosos, limpios como una patena», proclama Stanislavski, lo que le parece igual de importante que los principios creativos: «No hay papeles pequeños, sino actores pequeños». «Hay que amar el arte dentro de sí, y no amarse a sí mismo en el arte»...

Hacía falta una fortuna para construir un nuevo teatro, y en ese momento apareció Sava Morózov: el mercader se convirtió en la tercera figura clave del teatro. En el caso de Sava Morózov el cambio generacional fue más que patente. Su madre, que pertenecía a los viejos creyentes, era una de las mujeres más ricas de Rusia, pero nunca utilizó la electricidad, ni salió de viaje, ni abrió un periódico hasta su muerte en 1911. Su hijo, en cambio, estudió física y química en Inglaterra y empezó una tesis en Cambridge. Nombrado por su padre director de la fábrica familiar, modernizó la tecnología, mejoró la situación de los obreros e incluso fomentó entre ellos la distribución de literatura ilegal de tendencia marxista, lo cual le parecía educativo. Su padre le tachó de socialista y puso la mayor parte de los bienes a nombre de la madre. Al conocer a Stanislavski, Sava Morózov se contagió de su pasión por las artes escénicas. Literalmente regaló al teatro su nuevo edificio, donando más de medio millón de rublos para las obras. Otra importante donación fue la del arquitecto Fiódor Shéjtel: hizo gratis el proyecto de reconversión de un antiguo cabaret. «En pocos meses un burdel se convirtió en el templo del arte», recordaba Stanislavski. Durante el verano de 1902, cuando empiezan las obras, Sava pasa sus vacaciones en Moscú, durmiendo en el teatro, en una pequeña habitación en medio de ladrillos, yeso y pintura; parecía un albañil en vez de un mecenas millonario. Las obras, supervisadas por él día y noche, iban con tanta rapidez que Shéjtel tenía que precisar los detalles del proyecto sobre la marcha, dibujando con tiza en la pared.

Por dentro el edificio cambió de arriba a abajo: interiores sobrios y elegantes, modernos equipos técnicos, escena rotatoria, camerinos y dependencias cuidados. Cuando Stanislavski lo vio acabado, pronunció su famosa frase: «El teatro empieza en el guardarropa». Se interpretó de forma metafórica, pero no era más que un piropo al proyecto de Shéjtel, realizado por Morózov. Por falta de medios, hubo que conservar la antigua fachada, aunque enriquecida con algunos detalles, sobre todo el portal modernista añadido en un extremo con un relieve de la escultora Anna Golúbkina: una gaviota sobre el mar. La gaviota de Chéjov, el primer y rotundo triunfo del Teatro del Arte, que logró «amaestrar» esta obra indomable, quedó representada en su emblema y en su edificio.

Sava Morózov pasaba todos sus ratos libres en el teatro, participando en los detalles de las puestas en escena. Se hizo miembro del consejo artístico, proponía y discutía, a veces sobrepasando en sus atribuciones. Se ofreció a ser regidor y trajo del extranjero los equipos más modernos. Para sentir la presencia de su personalidad hay que trasladarse a la calle Spiridónievka, donde vivió en un palacio neogótico, por supuesto, obra de Shéjtel. Ahora el palacio de Sava Morózov se usa para recepciones del Ministerio de Asuntos Exteriores. (...)

Con los años, la relación de Sava con el teatro del Arte empezó a deteriorarse. Nemiróvich-Dánchenko no toleraba sus intervenciones en la dirección artística; además, su turbulento romance con la actriz María Andréieva, que se aprovechaba de él para financiar a los bolcheviques, acabó con la traición de Andréieva con un amigo común, Máximo Gorki. La vida iba perdiendo sentido y en 1905 Sava Morózov se pegó un tiro en el Royal Hotel de Cannes. (...) En 1923, durante la triunfal gira del Teatro del Arte por los Estados Unidos, Stanislavski habló de Morózov, de su «indomable alma rusa», a los mecenas norteamericanos: «No podían comprender a este hombre, convencidos como estaban de que el mecenazgo tiene ante todo que reportar beneficios».

El MJAT sigue existiendo, sus espectáculos ya no lucen tanto, pero el edificio conserva el aire de sus decenios gloriosos. Una hora antes de los espectáculos se puede pedir permiso para dar una vuelta por sus pasillos y ver las fotos de las representaciones, los actores y directores, las de los autores, desde Tolstói y Dostoievski hasta Bulgákov y Pasternak. Es el pasado vivo que sigue llenando el alma del teatro. En medio de un salón vemos la escultura de Stanislavski y Nemiróvich unidos como si fueran hermanos siameses, en el otro está el busto de Sava Morózov con sus rasgos tártaros y una mirada triste. Para su centenario, en 1998, el MJAT recibió un regalo de la ciudad: la calle se hizo peatonal, aparecieron farolas y bancos modernistas y una hermosa estatua de Chéjov, que había escrito la mayor parte de sus obras pensando en este teatro. La calle Kamerguerski resultó mucho más acogedora y elegante que Arbat. Será por el campo de fuerza que sigue irradiando el teatro...".

(Pigariova, T. (2001) Autobiografía de Moscú. Barcelona: Ed. Laertes, 2001, pp. 265-268)


El callejón o pasaje Kamerguerski es paralelo a la calle Okhodnyy-Ryad y une la Tverskaya ulitsa con la ulitsa Bolshaya-Dimitrovka. Al otro lado de la esquina formada por el Kamerguerski pereulok y la calle Tverskaya se encuentra el gazetnyy pereulok. El Teatro del Arte (punto rojo) se halla cerca del Teatro Bolshoy y de la plaza Manezhnaya. Es peatonal desde 1998 (en la segunda fotografía, tomada desde la calle Tverskaya, el teatro está señalado con una flecha). Su nombre original es 'Московский Художественный Академический Театр' (MXAT), transliterado como 'Moskovski Judózhestvenny Akademícheski Teatr' (MJAT)
(Fuentes: Google Maps 21/04/2014 y Google Street View 21/04/2014)


Fotografías del Teatro del Arte realizadas en 1900 y 1902, respectivamente. Es obra del arquitecto peterburgués Fiódor Ósipovich Shéjtel (1858-1926) y fue inaugurado en 1898. Shéjtel aprovechó el edificio que albergaba un cabaret para diseñar el nuevo teatro. El interior cambió radicalmente pero se conservó la fachada del "burdel" 
Fotografía de 1940 con el "portal modernista" en primer término. Shéjtel es autor también, entre otras obras, de la mansión modernista de los Riabushinski (posteriormente, residencia privada de Gorki), del hotel Boyarski (junto a la antigua sede del CC del PCUS) y del edificio racionalista sede del diario "Madrugada de Rusia" (ver también el enlace a la plaza Pushkin)
Imagen del Teatro del Arte, posiblemente tomada en los años noventa (la calle no estaba reformada pero un cordón limitaba el paso de vehículos). Casi un siglo después continuaba en activo el proyecto del director moscovita Konstantín Stanislavski (1863-1938), del autor georgiano Vladímir I. Nemiróvich-Dánchenko (1858-1943) y del filántropo Sava Timofeyévich Morózov (1862-1905). De los tres, este último no llegó a conocer la Rusia soviética, Stanislavski falleció un poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial y Nemiróvich-Dánchenko murió durante la contienda de un ataque al corazón, el mismo año en el que fundó la Escuela del Teatro del Arte
 Estatua de Antón Chéjov situada enfrente del Teatro del Arte

 Entrada central del teatro. En la segunda foto se puede apreciar un relieve con una gaviota en lo alto del edificio (no es el mediorrelieve de Anna Golúbkina)
 Mediorrelieve "gaviota sobre el mar" situado sobre el portal modernista, en el extremo Nordeste de la fachada principal. Creado por la escultora Anna Golúbkina (1864-1927), es un homenaje a la primera obra de Chéjov representada en este lugar

 Fotografías de la entrada Sudoeste del Teatro del Arte, la más cercana a la calle Tverskaya. En este lugar se representaron las cuatro obras de teatro más importantes de Antón Chéjov: 'La gaviota' (estrenada en 1898), 'Tío Vania' (1899), 'Las tres hermanas' (1901) y 'El jardín de los cerezos' (1904)
 Portal modernista de Shéjtel sobre la fachada del antiguo cabaret. En 1987 el Teatro del Arte se escindió en el MJAT Chéjov (con sede en este mismo edificio) y el MJAT Gorki, situado en el bulevar Tverskoy
Placa que recuerda los orígenes de este lugar: la "granja" P.I. Odoevskoye. También menciona el MJAT y a su arquitecto Fiódor Shéjtel. Así mismo explica que todo el conjunto es patrimonio protegido de la ciudad

Fotografías de María Fyodorovna Andréieva (o Andréeva) y del benefactor Sava Morózov, uno de sus amantes. Durante su relación sentimental la actriz utilizó el dinero del empresario para financiar las actividades del incipiente partido bolchevique. Finalmente, lo abandonó por Máximo Gorki, alterando para siempre la relación del filántropo con el Teatro del Arte. Morózov se acabó suicidando en Cannes en 1905. Ella, sin embargo, llegó a ocupar cargos de relevancia en la Unión Soviética (no siempre relacionados con el mundo del arte), sobreviviéndole casi cincuenta años. Falleció en 1953 a los 85 años de edad. Se dice que inspiró la "Margarita" de Bulgákov

viernes, 25 de enero de 2013

Edificios emblemáticos en la calle 25 de Octubre: Casa de la Moneda, Departamento de Gobierno zarista, Bazar de los Eslavos e Instituto de Historia y Archivos


"En la calle 25 de Octubre [en ruso transliterado: Dvadtsat' Pyatogo Oktyabrya] está el antiguo Departamento de Gobierno zarista, construido en 1740 y convertido en cárcel para deudores, aunque también pasaron por sus mazmorras enemigos políticos del zarismo como Radischev, camino de Siberia, el autor de uno de los textos prerregeneracionistas a caballo entre el siglo XVIII y XIX: Viaje de Petersburgo a Moscú. Una lápida conmemora esta ilustre estancia y otra la de Emelian Pugachov, líder de otra guerra campesina, recluido y ejecutado con otros compañeros en la antigua Casa de la Moneda, también en la calle 25 de Octubre, a la que van a parar travesías ilustres, entre las que selecciono la Nikolskaya(*), por tres motivos asaz complementarios: porque en ella se ubicó la primera imprenta del zar, porque actualmente en ese edificio se alberga el Instituto de Historia y Archivos, ahora dirigido por el historiador Afanasiev, una de las cabezas más lúcidas de la perestroika intransigente y porque en el número 17, en el local del antiguo Bazar Eslavo, está el restaurante de Moscú, donde se puede comer excelente comida rusa, todavía llamado Bazar de los Eslavos, un precioso restaurante que conserva la atmósfera de la época en que eran sus clientes habituales Stanislavski, Chaikovski, Chejov, Bulgakov...". 

(Vázquez Moltalbán, M. (1990) Moscú de la Revolución. Barcelona: Ed. Random House Mondadori, 2005, pp. 75-76)

(*) La referencia a una "travesía" de la calle 25 de Octubre llamada Nikolskaya es, posiblemente, un error del autor o del editor. Nikolskaya és el nombre de esta misma calle antes de 1935 y después de 1990. En ella se encuentra el Bazar de los Eslavos y el Instituto de Historia y Archivos, no en una travesía de la calle 25 de Octubre (ver los mapas que vienen a continuación)

 

 Dos mapas con la situacion de la Casa de la Moneda y el Departamento de Gobierno zarista (punto azul) y del desaparecido restaurante Bazar de los Eslavos (nº 17 de la calle) y el Instituto de Historia y Archivos (nº 15) (punto rojo). La [Antigua] Casa de la Moneda se encuentra junto a las Puertas de la Resurrección, en la esquina de la calle Nikolskaya con la plaza Roja, junto a la Catedral de Kazan, reedificada tras la desaparición de la Unión Soviética. El Departamento de Gobierno zarista fue una ampliación realizada en el siglo XVIII de la Casa de la Moneda. En el primer mapa de 1980 se puede observar como esta ampliación se unió al ala Sur del edificio de la Duma de Moscú (posteriormente convertido en Museo Lenin)
(Fuente: Google Maps 12/12/2012)


La Antigua Casa de la Moneda ('Staryi monetnyi Dvor' o Старый Монетный Двор), en la esquina de la plaza Roja con la calle 25 de Octubre (actual Nikolskaya), junto a las Puertas Voskrenskie. Vázquez Montalbán lo señala como lugar de reclusión y ejecución del líder revolucionario Emelian Pugachov. La posterior ampliación del edificio lo convirtió en sede del Departamento de Gobierno zarista, por donde pasó, "camino de Siberia", Aleksandr Radíshchev


 Tres imágenes del Bazar Eslavo (Славянский базар - ресторан): en el siglo XIX, en la actualidad y en tiempos soviéticos, respectivamente. Situado en el número 17 de la calle Nikolskaya, en este lugar se encontraba el restaurante de Moscú o Bazar de los Eslavos. Se incendió en 1993 y ahora es un teatro, el Pokrovsky
(Fuentes: http://all-pages.com/city_photo/1/5/13/12/15.html, Google Street View 21/01/2013, http://ru.wikipedia.org/wiki/Дом_губернского_правления y http://fotki.yandex.ru/users/med-yuliya/view/423683/?page=81, así como la colaboración de rusa del foro http://casarusia.com/foro/)


En el número 15 de la calle, junto al Bazar de los Eslavos, se encuentra la antigua imprenta del zar (primera imprenta en la historia de Rusia). Fue fundada en 1553, en tiempos de Iván el Terrible, de ahí su estilo arquitectónico tan peculiar. Tras la Revolución albergó los archivos soviéticos y en 1931 se convirtió en el Instituto de Historia y Archivos. Actualmente conserva el mismo nombre
(Fuente: http://ru.wikipedia.org/wiki/Московский_печатный_двор)    

 En la esquina formada por la Casa de la Moneda y la calle 25 de Octubre se encuentra la Catedral de Kazán. Pese a haber sido restaurada en 1929, fue demolida definitivamente en 1936 en virtud de los planes urbanísticos de la zona de la plaza Manezhnaya. En su lugar se construyó un pabellón conmemorativo de la III Internacional (obra de Borís Iofán) que después se convirtiría en unos baños públicos. La catedral fue reconstruida en 1993
(Fuente: http://ru.wikipedia.org/wiki/Казанский_собор_(Москва))