sábado, 10 de enero de 2015

"Moskva" (Mijaíl Kaufman, 1927), documental sobre el Moscú soviético diez años después de la Revolución de Octubre


"Moskva" es un documental mudo de 60 minutos de duración que el director de fotografía Mijaíl Kaufman rodó en 1927 en la capital soviética. Tres aspectos destacan poderosamente en este híbrido entre el reportaje urbano constructivista y el melodrama no ficcionado: su musicalidad, el uso de numerosos planos picados y el hecho de que sus protagonistas no miran a la cámara en ningún momento. Desde la mañana a la noche, el espectador asiste a una "danza" que la estructura visual diseñada por el director se encarga de coreografiar. De esta forma, tranvías, carros, coches, bicicletas, transeúntes, animales domésticos y luces nocturnas "bailan" al son de un montaje que no tergiversa la realidad sino que la realza. Porque eso es "Moskva": un musical en forma de poema visual. O un poema visual musicado. En definitiva, una declaración de amor a la ciudad soviética. Kaufman era hermano de Dziga Vértov, el creador de la teoría del Cine-Ojo y de la serie de noticiarios Kino-Pravda. También del director de fotografía Boris Kaufman, que desarrolló su carrera junto a grandes realizadores de los EE.UU. Este bagaje familiar no pasa desapercibido a lo largo del film. Además, Kaufman dejó claro su punto de vista cinematográfico cuando en los títulos de crédito iniciales incluyó la frase "un recorrido del Cine-Ojo", una solución artística que cristalizó de inmediato en el plano cenital fijo con el que comienza la cinta. Con la cámara colocada perpendicularmente sobre unos raíles de tranvía, filmó unos vagones que se cruzaban rítmicamente con algunos carros tirados por caballos. Los movimientos espontáneos de todo este conjunto poseen una extraordinaria armonía que está perfectamente sincronizada con la pieza a piano del compositor Viktor Fridman. Esa es la tesitura de toda la película.

El estreno de la obra de Kaufman coincidió con la publicación del "Diario de Moscú" de Walter Benjamin, cuya lectura permite contrastar las vivencias del filósofo alemán con las escenas del pasado contenidas en esta crónica. Unas escenas rodadas en rincones de la ciudad que son reconocibles por cualquier entusiasta de su paisaje urbano: la plaza Komsomólskaya y sus tres estaciones (min. 02:00); la estación de Bielorrusia filmada desde lo alto del Arco del Triunfo, cuando aún se encontraba en la calle Tverskaya (min. 03:32 y 05:10); la Puerta Roja (Krasnye Vorota), en la antigua plaza Lermontovskaya, que fue demolida poco después (min. 04:13); la plaza Lubyanka, antes de llamarse Dzerzhinski (min. 05:00); la plaza Stratsnaya, con el Monasterio de la Pasión aún en pie (se convirtió en Museo del Ateísmo al año siguiente) y con la estatua de Pushkin en su antiguo emplazamiento (min. 05:46); la Puerta Nikitskiy con la estatua de Timirzayev (min. 06:14); el viejo puente Moskvoretskiy, antes de que fuese desplazado hacia la izquierda (min. 06:59); la plaza Roja, aún con farolas y atravesada por tranvías, carros y coches (min. 07:09); y la plaza Sverdlov, más ajardinada que ahora y cruzada también por numerosas líneas de tranvía (min. 07:32).

Pero ésta es sólo una muestra de los lugares de Moscú que aparecen en el documental. Porque también pueden contemplarse monumentos que ya no existen en la actualidad y que fueron construidos entre la victoria soviética y el año de la realización del reportaje. Son, entre otros, el "obelisco de la libertad" en la plaza Mossoviet (min. 54:09), el Mausoleo provisional de Lenin hecho de madera (min. 55:02) y las primeras tumbas y monolitos en el cementerio del Kremlin, luego substituidas por las que se conservan hoy en día (min. 55:15). Uno de esos monolitos (ver el min. 55:18) se instaló en dicha necrópolis en recuerdo del periodista norteamericano John Reed. En el minuto 47:45 se puede observar con claridad la silla donde Lenin se sentó como primer Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo y que se conservó vacía, después de su fallecimiento, en la sala de reuniones del Sovnarkom, junto a su apartamento en el Kremlin. Una silla que permaneció intacta en ese lugar hasta la desaparición de la URSS en 1991.

A la coreografía callejera ejecutada por personas, animales y vehículos se le añaden después, como si se tratase de una escena operística, las máquinas de algunas fábricas de Moscú danzando de forma mecánica. También los trabajadores de las oficinas de correos, teléfonos y telégrafos moviendo rítmicamente sus cables y matasellos hasta casi alcanzar el paroxismo. Y riadas de personas reunidas en el quehacer cotidiano del "consumidor soviético", concretamente en los almacenes Mostorg, en el mercado Sújarev y en las calles Petrovka y Kuznetsky Most. Sin embargo, mientras Kaufman metaforizaba sobre la ciudad con su montaje vertiginoso, no desaprovechó la ocasión para hablar también de política. En su cinta aparecen dirigentes soviéticos y diplomáticos extranjeros entrando en edificios institucionales o reunidos alrededor de mesas de trabajo trazando acuerdos y decidiendo el destino del país. Se ve también a vigorosos adolescentes, en escuelas y clubes obreros, recitando versos revolucionarios como el que reza "jóvenes comunistas por el buen camino de Lenin". Y a un grupo de (supuestos) burgueses paseando por una acera como parásitos erráticos pertenecientes a un "viejo mundo" en decadencia. En relación a estos últimos, un letrero entrecomillado que aparece en pantalla nos hace saber, de forma absolutamente irónica, que "se dirigen a sus trabajos", un detalle mordaz que deja clara la intención última de este film vanguardista. Sin que sea posible discernir si se trata de actores o de simples moscovitas que ese día iban especialmente bien arreglados, en una escena posterior se les ve en un restaurante cenando suntuosamente y bebiendo vino. Pero Kaufman no fue del todo complaciente en su obra. Más allá de ese material propagandístico, no evitó incluir en su trabajo a los numerosos jóvenes vagabundos que en esa época malvivían por las calles de la ciudad. Preadolescentes con harapos fumando en las esquinas que desafiaban con su presencia los éxitos del nuevo orden. Ni tampoco eludió los orfanatos donde eran recluidos aquellos que no tenían familia. El "ballet" de los niños sentados en sus orinales ofrece una visión simpática y esperanzada de los futuros ciudadanos soviéticos y sirve a su vez para suavizar la crueldad de sus circunstancias personales. Así pues, Kaufman hizo un retrato poético, triunfal y futurista de una ciudad donde se intrincaban dos momentos históricos, el del viejo orden zarista que se iba extinguiendo y el de la revolución socialista que justo arrancaba en aquel tiempo. Pero es de agradecer también que no fuese benévolo con aquellos primeros años de la incipiente Unión Soviética mostrándonos algunas de sus contradicciones.

Sin entrar en más detalles artísticos, se trata además de un reportaje imprescindible para conocer cómo era la ciudad de Moscú en la década inmediatamente posterior a la Revolución de 1917 y antes de la gran reforma urbanística de los años treinta. Una reforma que transformó muchos de esos espacios dejándolos casi irreconocibles. Y sirve también para tomar el pulso al ambiente social que había en aquel tiempo, más allá de los desfiles y discursos que nos han llegado hasta hoy. Las que aparecen en el documental son las calles donde los bolcheviques se impusieron a sus oponentes y donde comenzó la construcción de la gran utopía social del comunismo. Calles con comercios nacionalizados y viejos palacios convertidos en sedes de organismos oficiales. Que nadie busque imágenes del VDNJ, de las 'Siete hermanas de Stalin' o del 'Obrero y la koljosiana', emblemas de la ciudad que resultan inevitables en cualquier retrato actual de Moscú. Aún quedaban algunos años para que fuesen diseñados todos esos símbolos del progreso soviético.

La guinda en el pastel lo ponen las imágenes de la torre hiperboloide de Shújov, usada en aquel entonces como antena de la emisora de radio "Bolshoi Komintern". Desde aquel lugar el mensaje de lo que estaba sucediendo en la Unión Soviética era transmitido a todo el mundo, de la misma forma que la crónica de Mijaíl Kaufman nos explica lo que estaba pasando en el Moscú de 1927. Unas magistrales escenas metacinematográficas en un recorrido impactante por esa parte de la historia soviética.

Hay más información sobre este documental en la ficha correspondiente del excelente blog Cine Rusia, donde se pueden descargar la película y los subtítulos.

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