martes, 6 de enero de 2015

El día en el que Howard Hughes aterrizó en Moscú

Howard Hughes, el atractivo y excéntrico empresario norteamericano aficionado al cine, los aviones y las mujeres bellas, visitó la Unión Soviética en 1938. No se trató de un viaje turístico o protocolario sino simplemente de una escala técnica durante una de las muchas proezas aéreas que realizó a lo largo su vida: la vuelta al mundo en menos de cuatro días. Pese a que su visita fue anecdótica, no deja de ser paradójico, e interesante desde un punto de vista socio-psicológico, que un ultraliberal anticomunista como Hughes pisase territorio soviético en uno de los momentos clave en las políticas estalinistas de aquella década. La historia nos enseña que las vidas de las personas a menudo se entrelazan en contextos sociales donde parece imposible que se den semejantes interacciones, como los enamoramientos entre miembros de etnias enfrentadas o la amistad momentánea entre tropas atrincheradas en ejércitos enemigos que horas más tarde se aniquilarán mutuamente. Lo cierto es que si ese viaje se hubiese retrasado tan solo un año, seguramente el multimillonario productor y director de cine jamás hubiese podido aterrizar en suelo ruso, por lo menos sobrevolando el continente europeo como fue aquel caso. Tras la invasión alemana de Polonia en 1939, el estallido de la Segunda Guerra Mundial aplazó durante años cualquier tentativa de batir récords mundiales a bordo de un avión. Y justo después, la Guerra Fría sepa definitivamente el mundo al que pertenecía uno de los representantes del sector más recalcitrante del conservadurismo norteamericano de aquel otro encarnado por la Unión Soviética. 

Howard Hughes fue una de las personalidades más influyentes de su tiempo, hasta el punto de que se le ha vinculado con la revelación de algunos secretos que provocaron la dimisión del presidente Richard Nixon a raíz del caso Watergate. Sin embargo, el magnate e inversionista tejano tuvo tiempo de cultivar otras muchas aficiones en el trascurso de su existencia. Aparte de las actrices de Hollywood, lo que le apasionaba realmente era diseñar y pilotar aviones. El 10 de julio de 1938, embarcados en un bimotor Lockheed Modelo 14 Super Electra (NX18973), Hughes y cuatro tripulantes más despegaron del aeropuerto de Nueva York en dirección hacia Europa. Tras hacer escala en París, Moscú, Omsk, Yakutsk, Fairbanks y Minneapolis, aterrizaron el día 14 en Nueva York completando una vuelta al mundo de 23.612 kilómetros en un tiempo récord de 91 horas (3 días y 19 horas), rebajando en cuatro horas la anterior marca. El 12 de julio fue el día en el que el Lockheed de Hughes tomó tierra en el aeródromo de la capital rusa, siendo agasajado por el embajador soviético en Estados Unidos, Alexander Troyanovsky, y por ingenieros y militares del Ejército Rojo que no quisieron perderse la presencia de aquel extraño personaje en un momento en el que las relaciones diplomáticas entre ambos países comenzaban a ser un tanto ambiguas. El avión permaneció en el aeródromo moscovita durante dos horas y luego prosiguió su viaje hacia las ciudades soviéticas de Omsk (Siberia), situada a 1.390 kilómetros de la capital, y Yakutsk, en el extremo oriental del país. Existen pocos datos y escasos testimonios gráficos que recuerden el paso de Hughes por Moscú, pero dado que el aeropuerto de Vnukovo, el segundo construido en la ciudad, no se inauguró hasta 1941, el Lockheed tuvo que aterrizar a la fuerza en el Aeropuerto Frunze, conocido popularmente como Central o Khodynka y que aún existe, aunque fue clausurado en 2003. Actualmente, sus pistas en forma de equis se utilizan solamente como espacio destinado a actividades lúdicas y a ocasionales entrenamientos militares. Una colección de aviones de combate desvencijados languidecen en un descampado del aeródromo.

Howard Hughes, pese a sus éxitos aeronáuticos y financieros, no tuvo una existencia tan placentera como pudiera creerse. Padeció desde joven una serie de desordenes psicológicos que dificultaron enormemente su vida social, concretamente un trastorno obsesivo-compulsivo relacionado con el miedo a infectarse (bacilofobia) y otro que le producía ataques de pánico al sentirse observado (escopofobia). Pasó los últimos años de su vida encerrado en hoteles de Las Vegas y México, sin afeitarse ni cortarse las uñas, orinando en botellas y comunicándose únicamente con un reducido grupo de personas de su confianza. Hay quien afirma que caminaba descalzo sobre pañuelos de papel que iba depositando cuidadosamente en el suelo a medida que se desplazaba de un rincón a otro de la habitación. Este extremo, sin embargo, nunca ha podido ser demostrado.

Irónicamente, Hughes falleció en un avión el 5 de abril de 1976, a los 70 años de edad, cuando se dirigía como pasajero desde México a un hospital de Texas. Con el aspecto de un mendigo malnutrido y con ambos brazos llenos de fragmentos de agujas hipodérmicas, el dictamen de la autopsia fue que murió de un fallo renal. Aquel despojo humano nada tenía que ver con el héroe nacional que había aterrizado en Moscú casi treinta y ocho años antes. Martin Scorsese rodó una película sobre su vida en 2004, "El Aviador", donde se menciona esta hazaña.

 El Aeródromo Khodynka, en el distrito Airport, en pleno centro de Moscú. Está cerca de la Leningradsky prospekt y de la estación de Bielorrusia


 Las imágenes muestran a Howard Hughes (con sombrero) junto al embajador soviético en EE.UU. Alexander Troyanovsky (1882-1955). Hughes aparece sonriente y distendido, pronunciando unas palabras en el Aeródromo Frunze (o Khodynka) aquel 12 de julio de 1938. En la foto se puede ver el aparato Lockheed Super Electra (NX18973) justo detrás de las personas que recibieron y acompañaron al norteamericano durante las dos horas en que hizo escala en el aeropuerto moscovita. Troyanovsky, embajador de la Unión Soviética entre 1934 y 1938, fue un activo revolucionario y un estrecho colaborador de Lenin durante la Revolución de Octubre. El contraste ideológico entre estos dos personajes era extremo, aunque ese día mostraron un talante relajado y cordial

Noticiario de la época anunciando el tiempo récord empleado por Hughes en el trayecto Nueva York-París-Moscú. Aún le quedaba completar la vuelta entera al mundo para rematar esa plusmarca de la aeronáutica

Trailer de la película The Aviator (Martin Scorsese, 2004)


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