sábado, 7 de noviembre de 2015

98º Aniversario de la Revolución de Octubre


Ahora mismo son las tres de la madrugada del día 7 de noviembre de 2015, el 25 de octubre según el antiguo calendario juliano. Se cumplen pues noventa y ocho años de la Revolución de Octubre de 1917. Si lo que queremos es celebrar esta efeméride de forma rigurosa deberemos esperar unas cuantas horas, hasta las nueve y treinta y cinco minutos de la noche, para así conmemorar formalmente el inicio del asalto al Palacio de Invierno en Petrogrado. Fue en ese preciso instante cuando el crucero Aurora realizó un disparo de fogueo desde el río Neva como aviso para las tropas revolucionarias que se encontraban apostadas frente al centro del poder zarista en Rusia. A partir de ese momento el rumbo de la historia viró bruscamente en medio de un contexto social y político de una trascendencia equiparable a la de la Revolución Francesa y la Revolución Industrial.

Si yo viviese en Moscú, algo que realmente me encantaría, mañana por la mañana celebraría este aniversario recorriendo los paisajes urbanos de la ciudad relacionados con la Revolución de Octubre. Comenzaría, por supuesto, en la plaza Roja, concretamente visitando el exterior de la torre Nikolskaya, el punto de la muralla del Kremlin por donde penetraron los revolucionarios en la fortaleza moscovita. Para ser sinceros, y que nadie nos acuse de tergiversar la historia, este enfrentamiento no sucedió exactamente el mismo día que la toma del Palacio de Invierno, sino unos días más tarde. Al contrario que en Petrogrado, en Moscú las tropas bolcheviques fueron inicialmente repelidas por el ejército zarista hacia calles adyacentes a la plaza Roja. La Revolución, como todos los hechos importantes, no se fraguó en un solo día. Hicieron falta  muchos años de lucha obrera y campesina para lograr lo que se consiguió tras la victoria en la Guerra Civil Rusa. El 25 de octubre es, simplemente, una jornada simbólica en la que, como decía Lenin, se precipitaron décadas en las que parecía que no pasaba casi nada.

Siguiendo con mi ruta conmemorativa, a continuación me dirigiría hacia el edificio del Arsenal, en el interior del Kremlin, lugar de combates y de fusilamientos de soldados que se unieron a la Revolución (una placa recuerda estos acontecimientos). Y no estaría nada mal aprovechar la entrada en este recinto amurallado para dar una vuelta por todo el conjunto de construcciones civiles y religiosas que lo integran, imaginando emplazamientos ya desaparecidos hace mucho tiempo -como, por ejemplo, el Pequeño Palacio Nicolás en el sitio del actual Palacio del Presidium- con las marcas de los proyectiles lanzados durante las escaramuzas que tuvieron lugar a lo largo de esos días. Una vez de regreso a la plaza Roja, visitaría, cómo no, el Mausoleo de Lenin y las tumbas colectivas del cementerio del Kremlin. Concretamente, la ocupada por el periodista norteamericano John Reed, el autor de 'Diez días que estremecieron al mundo'. Para acabar el paseo por esta zona de la capital rusa, recorrería de arriba a abajo la moderna y comercial calle Nikolskaya, denominada 25 de Octubre entre 1935 y 1990. Se trata de la vía que penetra perpendicularmente en el Kremlin a través de la torre Nikolskaya. De ahí sus respectivos nombres, tanto el zarista como el soviético.




Seguidamente, comenzaría un tour mucho más amplio a lo largo de la ciudad. Por ejemplo, yendo hasta el bulevar Tverskoy y localizando el cubo revolucionario de granito que se encuentra instalado en el césped del paseo central. Un monumento que señala el lugar exacto donde se produjeron durísimos combates durante las revoluciones de 1905 y 1917. Al final del bulevar, en la Nikitsky Vorot, hay una placa que conmemora estos hechos, concretamente en la fachada de la esquina con la bolshaya Nikítskaya, antigua calle Herzen. Y, aunque no hace referencia a la Revolución de Octubre sino a la de 1905, merecería la pena acercarse también al espectacular monumento de la plaza Krasnoprenenskoy Zastavy.



Ya por la tarde iría al Museión, frente al parque Gorki, para contemplar las estatuas de las figuras más señeras de la Revolución de 1917: la de Dzerzhinski, la de Sverdlov, la de Maksim Gorki y, por supuesto, los bustos de Lenin y Stalin diseminados por este singular espacio abierto al público en pleno centro de la ciudad. Y, ya que se encuentra prácticamente al lado del Museión, es casi inevitable acudir a la plaza Kaluzhskaya, para rendir tributo a la última estatua de Lenin instalada en Moscú antes de la desaparición de la URSS. Hoy, dada la fecha que celebramos, esta plaza merecería recuperar, por un día, su antiguo nombre: Oktyabr'skaya (Octubre). En la misma dirección, unos cientos de metros más al este, está la plaza Serpukhovskaya, donde se halla la estación de metro Dobryninskaya. Allí, junto a la puerta de entrada, hay un busto del revolucionario Pietr Georgiyevich Dobrynin (1884-1917), muerto en este mismo lugar combatiendo contra los cosacos y los dragones del zar. 





Y para acabar el día, qué mejor que honrar a los muertos visitando sus tumbas. En el sector más antiguo del cementerio de Novodévichi reposan los restos de los personajes que, con mayor o menor relevancia, vivieron en primera persona la Revolución de Octubre. Un rato en su compañía, mientras el Sol nos va dejando un nuevo atardecer, es casi como revivir aquellos momentos históricos irrepetibles.


Pese a la ilusión puesta en el empeño, lo cierto es que no vivo ni me encuentro de visita ahora mismo en la ciudad de Moscú. Así que mañana no podré realizar este paseo tan apasionante que he planificado. Sin embargo, soñar es gratis. Haber imaginado toda esta ruta -la 'ruta de la Revolución'- ha sido lo más parecido a recorrer todos esos rincones de Moscú en busca de las vibraciones del pasado que nos permiten viajar en el tiempo. Por unas horas, he vuelto a la Rusia de 1917, acompañado por todas esas celebridades cuyo recuerdo e importancia se desvanece con el paso de los años.

Mayakovski

1 comentario:

  1. Precioso texto camarada. Algún día volveremos a ver algo así. El resurgir del comunismo es inevitable como la salida del Sol...

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