lunes, 4 de mayo de 2015

"House of Cards" entra en el Kremlin


La tercera temporada de la extraordinaria serie "House of Cards" ha llegado con más fuerza que nunca a las televisiones de todo el mundo. El despiadado Frank Underwood (papel interpretado por Kevin Spacey) es ahora el Presidente de los EE.UU., un cargo al que ha accedido después de tenderle una trampa a su antecesor, miembro también del Partido Demócrata. Underwood, definido por los críticos como un lobo con piel de cordero, tendrá que lidiar con los entresijos del poder derivados de su nueva posición. Uno de los personajes que aparece por primera vez en la serie es el Presidente de la Federación Rusa, llamado aquí Víktor Petrov. Víktor, con 'V' de Vladímir, y Petrov, con 'P' de Putin. La analogía con el mandatario ruso es más que evidente. El papel de Petrov está interpretado por el actor danés, que no ruso, Lars Mikkelsen, popular gracias a su intervención en las magníficas series "Borgen" y "1864"

En el capítulo 6, Underwood y su esposa Claire (una perversa y bellísima Robin Wright) visitan a Petrov en Moscú para discutir la participación de ambos países en una misión de paz en territorio israelí. Sabemos que están en Rusia por una imagen del Kremlin tomada desde el puente Kamenny, con el Gran Palacio en primer término. En la siguiente escena, Petrov recibe a Underwood en su despacho, el cual debemos situarlo realmente en el Palacio del Senado, si hacemos caso del paralelismo entre el presidente ruso ficticio y el real. A diferencia del Gran Palacio del Kremlin, fotografíado siempre sobre el río Moscova, el del Senado se encuentra junto a la plaza Roja.



El decorado utilizado en "House of Cards" reproduce el despacho del Presidente de Rusia con relativa exactitud, sobre todo la parte donde se encuentra el escritorio. Para ello basta con comparar estas dos imágenes. La primera está sacada de la serie de TV y la segunda de un tour virtual por el interior de las habitaciones del Palacio del Senado disponible en internet. Casi todo coincide en colocación y forma: el forrado de madera en las paredes, la mesa austera de estilo clásico, las dos banderas con el águila bicéfala entre ambas, las cortinas con bandos, la vitrina para libros junto a la ventana, las sillas antiguas tapizadas y la típica segunda mesa colocada perpendicularmente a la de despacho, costumbre ésta muy soviética. Una decoración casi idéntica a la real con una ambientación muy bien lograda.



Sin embargo, la zona donde está la puerta de acceso al despacho ya no es tan similar. El decorado de la serie es considerablemente más corto, así como algunos muebles. Ambos espacios se parecen únicamente en que hay una mesa de conferencia en un lado y unas sillas en el opuesto. Aunque, curiosamente, colocado todo ello en orden inverso. La imagen en pantalla genera una sensación de intimidad entre Underwood y Petrov que seguramente no existe en el despacho real de Putin, con unas dimensiones mucho más amplias e intimidatorias. Las características sillas donde el dignatario ruso recibe a sus invitados son un elemento decorativo exclusivo de los despachos de este país y que no ha escapado a los cuidados detalles de la dirección artística de la serie.



El despacho de Vladímir Putin se halla en la tercera planta del ala oeste del Palacio del Senado, cerca de donde Jrushchov tenía el suyo y del ascensor privado de Brézhnev, junto a la sala circular cubierta con una cúpula que es el lugar de reunión habitual del ejecutivo ruso (primera imagen). No hay que confundir este espacio con la antigua Sala Sverdlov, rebautizada ahora como Sala Catalina y que está debajo de la gran cúpula visible desde la plaza Roja. Las ventanas del despacho de Putin dan al patio interior del palacio, tal como se señala en este dibujo. Tan solo Borís Yeltsin quiso tener su gabinete lejos de esta parte del edificio, donde también se encontraba el apartamento de Lenin y las dependencias de Stalin. En aquella época el Palacio del Senado era llamado Edificio nº1.

La presencia de Rusia en esta temporada de la serie "House of Cards" es recurrente. Primero Petrov visita Washington, donde es increpado por opositores a su gobierno en plena cena en la Casa Blanca. Allí Petrov muestra sus maneras más rudas, apagando puros contra las paredes, intimidando a la mujer de Underwood y bebiendo vodka 'como un cosaco', frase que queda bien en cualquier escrito sobre los hábitos de los rusos aunque ya no tiene mucho sentido gracias a los estudios del añorado antropólogo Yuri Fedosov. Luego viene la visita del Presidente de los Estados Unidos a Moscú donde, en una narración paralela, un defensor de los derechos de los homosexuales es encarcelado y acaba suicidándose. Y más adelante, la muerte de unos soldados rusos en Israel resulta ser un asesinato perpetrado por el FSB, el servicio de inteligencia de Rusia, con la intención de generar un conflicto en Naciones Unidas. El guión se encarga de recordarnos algo sobre una "acción similar" ocurrida hace unos años y que acabó desembocando en el conflicto checheno del Cáucaso. Evidentemente se refieren a las explosiones en varios edificios rusos que fueron atribuidas a esta minoría étnica y en las que supuestamente estuvo implicado el oligarca moscovita Borís Berezovski, encontrado muerto en la bañera hace dos años.

En definitiva, que esta serie de la productora independiente Netflix aprovecha la nueva season para arremeter sin compasión contra un homófobo, pendenciero y conspirador Víktor Petrov, alter ego de Putin a quien no sabemos si este retrato nada complaciente de su persona ha alterado lo más mínimo (yo apostaría que no). Hoy en día las producciones para la TV se realizan y estrenan tan a contrarreloj que es posible reflejar en sus historias hechos que se están produciendo en el mundo de forma casi simultánea. Verbigracia, la renovada fobia contra todo lo ruso y particularmente contra Putin. Sea como sea, la imitación de su despacho, pese a ese problema de proporciones, resulta convincente en unas escenas que nos permiten trasladarnos al terreno de juego de la alta política. Un tablero de ajedrez donde nadie es inocente, comenzando por el propio Presidente de los EE.UU., al que hemos visto orinar sobre la tumba de su padre, escupir a un crucifijo y asesinar en la segunda temporada a una periodista y un asesor, dos piezas de esa partida que ponían en peligro su cada vez más amplia parcela de poder. ¿Estará sacado todo ello de una realidad que desconocemos?

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