jueves, 27 de marzo de 2014

El obrero y la koljosiana (2ª parte)

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"La escultura más conocida, El obrero y la koljosiana, tampoco pudo sortear los avatares de la vida. Fue creada por Vera Mújina (una de las pocas mujeres escultoras, apodada nuestra «Fidias con faldas») para coronar el pabellón soviético en la Exposición Universal de París de 1937. Este pabellón escalonado de Borís Iofán se encontraba frente al pabellón alemán de Albert Speer con un águila imperial mirando hacia la pareja rusa. La caricatura de Jean Eiffel, Cansados, representa este cuadro llegada la noche, cuando el águila se había recostado en su nido y el obrero se había sentado a descansar junto a la koljosiana, dejando a un lado su martillo. Precisamente este martillo fue el primer escollo en el consejo artístico compuesto por altos cargos soviéticos que tenían que dar el visto bueno a la obra de Mújina. Al comisario de Defensa Voroshílov le parecía sospechoso que el obrero agarrase el martillo con la mano izquierda. Mólotov defendía el proyecto: «¿Y si es zurdo?... Habrás leído a Leskov, ¿no?», aludiendo a una obra clásica del siglo XIX de Nikolái Leskov sobre un zurdo que logró herrar a una pulga mecánica de producción extranjera, tópico ejemplo de la superioridad de Rusia sobre Occidente. «¡Ah! Siendo así...», consintió el mariscal. Aunque también Mólotov tenía sus dudas: «¿Y ese pañuelo? ¡Si no es una bailarina!». Mújina explicó que el pañuelo servía para el equilibrio de la composición. «¡Ah, bueno!... si es una necesidad técnica...», aceptó Mólotov, traduciéndolo a un idioma comprensible. Pero todas estas pegas no eran nada comparadas con la denuncia que llegó a oidos de Stalin de que entre los pliegues de las ropas de la pareja podía apreciarse el perfil de Trotski. Stalin visitó el taller de noche y escudriñó la obra detenidamente: Trotski no apareció y Stalin autorizó la escultura, aunque nunca fue de su agrado. Al volver de París, en vez de ocupar el pedestal de treinta y seis metro proyectado en las Colinas Lenin, fueron colocados en la entrada lateral de la exposición VDNJ sobre un pedestal de once metros, un «tocón» donde la obra, según la definición de la misma Mújina, «no vuela, sino que se arrastra».

Después de la conocida película de Grigori Alexándrov, La ruta clara, en la que al final los protagonistas vuelan en avioneta alrededor de El obrero y la koljosiana, la obra de Mújina se convirtió en el emblema de los estudios Mosfilm. Todos la conocen, pero muchos de los que vienen a Moscú se van sin verla. Es una pena, porque esta escultura debe y necesita ser contemplada de cerca y desde las posiciones más insólitas: hay puntos desde donde su dinamismo se hace vertiginoso, sus escorzos son sorprendentes, mucho más que su imagen frontal. El realismo socialista, que acabaría engendrando monstruos, logró aquí su culminación".

(Pigariova, T. (2001) Autobiografía de Moscú. Barcelona: Ed. Laertes, 2001, pp.194-195)

 Paris, 1937. Fotografía del pabellón "escalonado" de Iofán, con la obra de Mújina en lo alto, enfrentado al águila imperial de Speer
Este es el "tocón" de "once metros" sobre el que el obrero y la koljosiana se "arrastraron" (en lugar de "volar", como quería Vera Mújina) durante casi 70 años, tras su regreso a la URSS en 1937

 Caricatura de Jean Effel (no Eiffel, en el libro de Pigariova este apellido está escrito incorrectamente) titulada "Cansados"

Para ver la moderna reproducción del pabellón de Borís Iofán, buscar la cara de Trotski en los pliegues de la escultura y opinar sobre las discusiones entre Voroshílov y Mólotov, hay que volver a la entrada anterior sobre 'El obrero y la koljosiana'.

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