viernes, 6 de diciembre de 2013

El Café de los Futuristas (1917-1918)

"La única posibilidad de seguir haciendo la revolución una vez que la Revolución había llegado al poder sería dedicarse a lo mismo a lo que se dedicaba antes de que llegara la Revolución. [Mayakovski] Se parapeteó en el Café de los Futuristas en el pasaje Nastasinsky a recitar sus poemas. Sabía que no era suficiente, pero de momento eso es lo que le pedía el cuerpo. Había dos clases de habituales en el café de Burliuk y Kamenski: los espectadores y los actores. Los especatadores solían ser burgueses en retirada que creían que al calor de aquellos locos borrarían las sospechas que sobre ellos pesasen, o quizá iban sólo en pos de un poco de diversión. No le pasaba desapercibido ese hecho al poeta, que le escribía a Lily tintando sus cartas de pesimismo acerca de lo que les aguardaba. Aunque a veces pasaban cosas divertidas, como cuando dos muchachas y un muchacho entraron en el café con una resma de periódicos recién salidos de imprenta, Burliuk los compró todos, se subió al estrado y empezó a hacerlos pedazos uno por uno repitiendo: no apoyaremos a los moribundos. El café no podía ser suficiente, así que lanzaron un manifiesto-decreto exigiendo la democratización del arte y presentándose como los depositarios del arte revolucionario de la juventud. La calle era la materia prima del arte, en palabras de Maiakovski, las calles son nuestros pinceles, las plazas públicas nuestra paletas, los muros de los edificios nuestros lienzos. (...)

Sus bolsillos empezarían a ser insuficientes para meter todo el dinero que ganaría [con el estreno de la película No nació para el dinero, basada en la novela Martin Eden de Jack London y con guión de Mayakovski]. Pero su feudo principal era el Café de los Futuristas, inspirado en el Café de los Poetas que Burliuk y Kamenski habían abierto en el Moscú de la revolución, gracias a un permiso que consiguió Maiakovski. Allí mismo tendrían que rodarse esas escenas, para que sus compañeros de fatiga futurista salieran, y saliera el mural con el caballo de diez patas que era el escudo del local. Iván Nov recita sus versos a Burliuk en el Café de los Futuristas, y Burliuk se exalta, es maravilloso, le dice, eres un gran poeta, no tienes que preocuparte más del dinero, te daré cincuenta kopeks al día. A Burliuk le emocionó que Maiakovski le agradeciera así que le hubiese descubierto cuando aún no era nadie, sólo un muchacho con la cabeza llena de pájaros, el pasado lleno de derrotas, el presente indeciso y frío. Toda Rusia vería ahora quién era el verdadero descubridor de Maiakovski. (...)

No fue la única mala noticia [el fracaso del film Prisionera de la película]. El Gobierno revolucionario había decidido también cerrar el Café de los Futuristas, campeón de los cafés de Moscú, donde había tantos cafés de artistas, los imaginistas se reunían en El Caballo de Pegaso, estaba también La Caja de Música, estaba El Pintoresco. En el Café de los Futuristas Maiakovski leía una noche sí y otra también, llegaba a la hora que quería, se subía a la tarima, y empezaba a recitar. La guerra contra los blancos se recrudecía. No era momento de gracietas ni recitales carcajeantes. Y además los futuristas se habían pasado de la raya. Habían aprovechado el nombramiento del pintor Cheremberg como director del IZO -la sección de Artes Plásticas del Comisariado de Cultura- para manejarlo a su antojo, plantear proyectos delirantes. Burliuk, Kamenski y él publicaron en la revista El Arte de la Comuna un texto titulado Orden Primera al Ejército del Aire, en el que pedían a los pintores y a los poetas que no perdieran más el tiempo y cubrieran de colores brillantes todas las paredes grises de la ciudad, que pintaran de alegría los tranvías y los ferrocarriles. Y los poetas y los pintores pensaron que era un orden de verdad, que venía de arriba, que tenía el consentimiento de la autoridad competente, y salieron a la calle a obedecer, y la gente podía ver a Chagall y a Alexandra Exter y a Maliévich pintando murales en sus barrios. (...)

Pero la orden de cierre del Café de los Futristas estaba cantada. Se acabó la algarabía. Burliuk pidió a Maiakovski que hablara con Osip, cada vez mejor situado, por ver si podía arreglarle un permiso para marcharse al extranjero. Eres un traidor, le dijo Maiakovski, pero no te voy a denunciar, nos dejas, hay una guerra, un combate, es el asalto final, y nos dejas, no esperaba menos de ti. Burliuk se había hecho transparente a los ojos de Maiakovski, pero esta vez no tenía un lienzo sin pintar en lugar de corazón, sino una hiena. (...)

El futurismo parecía sentenciado, así que lo mejor sería construirle una tumba justa a lo que había significado, aunque Burliuk quisiera borrarse y Jliébnikov ya no gorjeara y se le viera poco a Kamenski después de que cerraran el Café de los Futuristas. Una tumba justa. Una antología. La primera antología futurista rusa que pudiera llevarse a los colegios para que los niños supieran de dónde venían y hacia dónde iban. La palabra del trigo, un librito que se imprimió en Petrogrado con cubierta de Maiakovski, que dibujó una espiga de trigo como corona para alumbrar aquella preciosa tumba donde cantaban Burliuk, Kamenski, Asséiev, Jliébnikov y Maiakovski".

(Bonilla, J. (2013) Prohibido entrar sin pantalones. Barcelona: Ed. Seix Barral, 2013, pp.107-108, 113-114, 126, 127, 144-145)

 Señalado con un punto rojo se halla el edificio donde se ubicaba el Café de los Futuristas, en la esquina formada por la calle Gorki (actual Tverskaya) y el pasaje Nastasyinskiy. El palacete clásico que hay justo en la acera contraria (atravesando la calle Tverskaya) es el Museo de la Revolución, actual Museo de Historia Contemporánea. En aquella época (1917-1918) aún albergaba el Club Inglés, aunque posiblemente se encontrase clausurado. Justo al lado del Café de los Futuristas, en la otra acera del mismo pasaje Nastasyinskiy, está la Casa Sitin, que más tarde fue sede de Pravda y después de Trud. Esta casa modernista, propiedad del editor Iván Sitin, se encontraba en ese momento 33 metros más hacia al Sur. En la esquina inferior derecha de la foto asoma la plaza Pushkin
(Fuente: Google Maps 06/12/2013)

 El edificio de la esquina, con cuatro columnas corintias, es la antigua casa del gobernador civil de Moscú. En alguna de esas entradas había una lavandería que se convirtió en el Café de los Futuristas. El local fue cedido por N. Filipov, heredera del propietario de la panadería donde a comienzos del siglo XX se construyó el hotel Lux. Actualmente no hay ninguna evidencia física que recuerde la existencia del café, ninguna placa que advierta del pasado futurista de este lugar. Sólo nos quedan algunos testimonios escritos de personas que lo visitaron durante su efímera existencia, entre el otoño de 1917 y el 14 de abril de 1918. Por ejemplo, el de N.N. Zaharova, que lo describió como un local al que se accedía por una puerta negra, iluminada por un farolito, con el nombre 'Café de los Poetas' (posiblemente su nombre "oficial") escrito con pintura blanca. Un vestíbulo decorado con una miniatura futurista daba paso a la sala entarimada con listones largos y estrechos donde había un piano y, a la izquierda, una barra de bar con cocina en la parte posterior. Algunos escritores como Roizman o Spassky añaden algunos detalles más. Por ejemplo que en la puerta había dibujada una flecha zigzagueante, que el techo de la habitación era bajo, que el suelo estaba cubierto de serrín y que había mesas con bancos de madera cepillada. En la pared del fondo existía una enorme pintura representando a un elefante púrpura con una trompa erguida y algunos bustos de mujer, atravesado todo el conjunto por los colores del arco iris. En las paredes había inscripciones extrañas como 'Se ha agotado la leche de sapo'

Retrato de David Burliuk realizado por Vasili Kamenski, fundadores ambos -junto a Vladímir Mayakovski- del Café de los Futuristas de Moscú

Mayakovski en uno de los actos celebrados por los cubofuturistas

domingo, 1 de diciembre de 2013

Las pulsiones sexuales de Rasputin en el restaurante Yar

Ir a la entrada anterior sobre el 'Hotel Soviétskaya' 

"A medida que el poder de Rasputin creció, lo hicieron también las leyendas sobre sus crímenes y vesanías. Existían terribles historias acerca de sus comportamientos sexuales, algunos de ellos no deseados, incluyendo la violación. Incluso se rumoreó que la hermana del zar, Olga Alexandrovna, había sido víctima de sus manoseos. Además, estaban las borracheras, los días pasados en las casa de baños con prostitutas y las noches trascurridas en juergas en restaurantes y burdeles. El escándalo más famoso tuvo lugar en el Yar, un famoso restaurante gitano en marzo de 1915. Rasputin había acudido allí con dos periodistas y tres prostitutas. Se emborrachó, intentó echar mano de las gitanas, y empezó a jactarse en voz alta de sus éxitos sexuales con la emperatriz. «¿Veis este cinturón? -dijo-. Es obra de su majestad; puedo lograr que haga cualquier cosa. Sí, yo, Grishka Rasputin, podría hacer que la vieja bailara así si lo deseara», y realizó un gesto similar al del acto sexual. Por aquel entonces, todos miraban a Rasputin y varios se preguntaban si realmente era el famoso hombre santo. Rasputin se bajó los pantalones y agitó el pene ante los espectadores. El agente británico Bruce Lockkart, que estaba en el restaurante, escuchó «los salvajes gritos de las mujeres, el vidrio roto y los portazos». Los camareros acudieron apresuradamente, se llamó a la policía, pero nadie se atrevió a presentar acusaciones contra el hombre santo. Las llamadas telefónicas a funcionarios cada vez más elevados llegaron finalmente al jefe del Cuerpo de Gendarmes, que ordenó el arresto de Rasputin. Fue detenido y encarcelado por una noche; pero a la mañana siguiente llegaron órdenes del zar para que fuera liberado".

(Figes, O. (1996) La Revolución rusa (1891-1924). La tragedia de un pueblo. Barcelona: Ed. Edhasa, 2000, pp.65-66)

 Grigori Y. Rasputin (1869-1916) fue un monje que sedujo a la empratriz de Rusia con sus supuestos poderes curativos. Místico, enigmático y extremadamente desaseado, recibió un trato de favor en la corte de Nicolás II confiando éste en su capacidad sobrenatural para curar a Alexis, el joven heredero del imperio, afectado de hemofilia. La obsesión de Rasputin por el sexo es también un enigma. Unos hablan de una verruga en su pene que provocaba orgasmos extraordinarios en las damas de la corte. Otros dicen que era impotente. Sea como sea, las libertades que se tomó durante las dos revoluciones (1905 y 1917) soliviantaron al pueblo ruso, provocando su muerte en 1916 a manos del príncipe Félix Yusúpov y haciendo aún más antipática la figura del zar
Aspecto del Restaurante Yar en 1912, tres años antes del espectáculo lamentable protagonizado por Rasputin durante una comida

 Aspecto actual de la fachada principal del antiguo Yar, convertido en el Teatro Romén. A la vuelta de la esquina, en la calle Raskovoy, se encuentra la entrada al nuevo restaurante del mismo nombre
(Fuentes: entrada anterior sobre el tema)

martes, 26 de noviembre de 2013

Plaza Pushkinskaya: La estatua que caminó hasta el Museo del Ateísmo

"En el cruce de Gorki con el Anillo de los Bulevares se abre la plaza Pushkin, con la estatua correspondiente, una pieza excelente de Opekushuin y en esta zona se edita el periódico Novedades de Moscú, uno de los instrumentos clave en la revisión crítica de la perestroika dirigida al exterior, y enfrente el nuevo edificio de Izvestia, porque estamos en una zona urbana 'periodística' y en un mismo espacio están las redacciones de Tiempos Nuevos, Mundo Nuevo (Novi Mir), la antigua redacción de Pravda, hoy ocupada por Trud, el diario de los sindicatos".

(Vázquez Moltalbán, M. (1990) Moscú de la Revolución. Barcelona: Ed. Random House Mondadori, 2005, p.115)


"La iglesia de la Resurrección [de Barashí, cerca de la Lubianka] perdería su corona y toda su rica decoración doscientos años después, al ser ocupada por la dirección del Gulag. La corona fue entregada al Museo del Ateísmo alojado en el monasterio de la Pasión, y desapareció cuando este último fue demolido".

(Pigariova, T. (2001) Autobiografía de Moscú. Barcelona: Ed. Laertes, 2001, p.60)


"De las muchas revoluciones vividas en los últimos tiempos en Rusia, la más peculiar fue la revolución publicitaria. Gabriel García Márquez, que visitó la URSS durante el Festival Internacional de la Juventud en 1957, y no sabemos si dejó plantado algún árbol en el Parque de la Amistad, tituló sus memorias rusas Veintiún millones de kilómetros cuadrados sin ningún anuncio de Coca-Cola. Por supuesto, el primer anuncio extranjero aparecido en 1992 fue el de Coca-Cola sobre un edificio de la plaza Pushkin, frente al McDonald's más grande del mundo inaugurado poco antes. En aquellos años, las colas en el McDonald's, cuya visita les parecía a los moscovitas como un breve viaje al extranjero, eran comparables sólo con las del mausoleo de Lenin. No faltaron las propuestas jocosas de unir las dos colas, plasmadas en la obra clásica del sotsart (conceptualismo soviético), McLenin, de Alexander Kosolápov. Las colas se extinguieron hace tiempo y una red de Bistrots Rusos pretende hacer la competencia nacional a la omnipresente cadena".

(Pigariova, T. (2001) Autobiografía de Moscú. Barcelona: Ed. Laertes, 2001, p.80)


"«Pushkin es nuestro todo», dijo un crítico del siglo XIX y nadie se lo discute. Este poeta genial, descendiente de un etíope ahijado de Pedro I, se convirtió en el símbolo de la cultura rusa y su monumento, posiblemente el más bello de Moscú, es el mejor ejemplo del destino humano que viven las piedras.

El cincuenta aniversario del liceo donde había estudiado el poeta animó a Alejandro II a promover una subscripción para un monumento a Pushkin. El plan inicial era instalarlo en San Petersburgo pero, al no encontrar un sitio adecuado en la capital repleta de zares, optaron por Moscú, su ciudad natal. A la tercera va la vencida, y sólo tras la tercera convocatoria apareció un proyecto digno, «con sencillez, naturalidad y quietud de la postura». Para gran sorpresa del jurado resultó ser obra de Aleksandr Opekushin, un antiguo siervo que estudió arte merced a su amo y que se compró a sí mismo dos años antes de la abolición de la servidumbre de la gleba. Los periódicos echaban chispas: «¡¿Qué pinta nuestra Academia de Bellas Artes si un campesino siervo puede aventajar a todos nuestros académicos?!». Lo primero que hizo el rector de la Academia, donde Opekushin tenía su taller, fue echarle a la calle sin dejarle tiempo para trasladar la escultura del mítico cronista Néstor (personaje del Borís Godunov de Pushkin), fruto de dos años de trabajo. Opekushin tuvo que romperla en pedazos y tardó tiempo en encontrar un nuevo taller para realizar su proyecto de Pushkin.

La Rusia oficial siempre fue cruel con sus genios vivos, con los muertos célebres prefería ser hipócrita. La clásica estrofa del Monumento de Pushkin fue grabada en el pedestal con un verso censurado, eternizando tanto las palabras del poeta como el eterno miedo que despertaba. El pastiche «fui útil con el encanto vivo de mis versos» apareció en lugar del inadmisible «en mi siglo cruel canté la libertad». El verso original fue rehabilitado sólo con motivo del centenario de su muerte. Tratándose de 1937, año de la apoteosis de las purgas masivas, este cambio fue más que ambiguo. El mismo pedestal censurado es protagonista de una de las leyendas pushkinianas más románticas. Cuando el carruaje con la piedra para el pedestal entraba en Moscú se cruzó con el cortejo fúnebre de Anna Kern, a cuyo «genio de pura hermosura» dedicara Pushkin su Recuerdo del momento maravilloso, poema que cualquier ruso sabe de memoria. A la piedra de Pushkin y al ataúd de Anna Kern les había llegado la hora de la despedida.

El monumento se inauguró en 1880 con el histórico discurso de Dostoievski, quien calificó a Pushkin de «profeta aparecido para iluminar al pueblo ruso con la nueva palabra», y pronto se convirtió en el corazón del bulevar Tverskói, lugar predilecto de paseos y encuentros. «Hasta Pushkin» y «desde Pushkin», era una medida infantil que evoca en sus memorias (más parecida a un poema en prosa) Marina Tsvetáieva. Para ella el monumento encarnaba la eternidad: «Me fascinaba que nos fuéramos y volviéramos después, y que él siempre estuviera ahí». Tsvetáieva (poeta brillante del llamado siglo de plata ruso) se suicidó en 1941 en Yelábuga, una pequeña ciudad del Volga, lejos de su Pushkin. La «eternidad» de Pushkin tampoco duró mucho. En 1950 el monumento fue trasladado al otro lado de la calle Tverskaya, a una plaza con jardín en el lugar del demolido monasterio de la Pasión, hacia el cual miraba antes Pushkin pensativo desde el frondoso Tverskói bulevar. El Pravda comentaba: «No fue fácil mover el monumento, que junto con el pedestal pesa setenta toneladas», pero de un día para otro lograron desplazar al poeta. Ahora, rodeado de la muchedumbre que circula por la calle Tverskaya, entrando y saliendo de tres estaciones de metro a la vez, Pushkin parece más un mártir que un profeta, un Simeón Estilita condenado a contemplar la rebelión de las masas".

(Pigariova, T. (2001) Autobiografía de Moscú. Barcelona: Ed. Laertes, 2001, pp.183-185)


"La plaza Pushkin siempre ha ido por delante de las demás en muchos aspectos. Aquí se levantó el primer monumento a Pushkin que, aunque trasladado, no se movió de la plaza. De aquí salió en 1899 el primer tranvía de Moscú y aquí apareció la primera parada de «cocheros con motor», como se llamaba a los primeros taxis. El primer «electroperiódico» iluminó con sus letras deslizantes la fachada del Izvestia y la primera sala de cine para 2.500 espectadores se inauguró a espaldas del poeta, todo eso sin mencionar el primer McDonald's de Moscú, «el más grande del mundo», abierto también en esta plaza.

Las guías soviéticas, en sus panegíricos de la plaza, preferían evitar la antigua tipografía del periódico Madrugada de Rusia, el más conservador de todos, propiedad de Pável Riabushinski. Es obra de Fiódor Shejel, esta vez en estilo racionalista con líneas rectas opuestas a las curvas de los ventanales. Las ventanas del ático fueron añadidas más tarde y dañaron el equilibrio de la fachada. Otro añadido es fruto de la propaganda monumental de los años veinte: un proletario de formas espartanas hace girar una rueda. «Toda nuestra esperanza se apoya en los que se alimentan a sí mismos», reza la inscripción en el bajorrelieve que selló la reconversión soviética del edificio reaccionario".

(Pigariova, T. (2001) Autobiografía de Moscú. Barcelona: Ed. Laertes, 2001, pp.312-313)


 Plano de 1980 y fotografía actual con el nuevo nomenclátor alrededor de la plaza Pushkin. La calle Gorki es ahora la calle Tverskaya. La calle Chekhova se ha convertido en la Malaya Dimitrovka. Sin embargo, una de las estaciones de metro en la plaza conserva dicho nombre, la estación Chekhovskaya. Esta medida ha sido habitual en la conversión toponímica post-soviética. La calle Pushkinskaya se ha convertido (de forma sorprendente, habida cuenta del nombre de la plaza) en la calle Bolshaya Dimitrovka
(Fuente: Google Maps 25/11/2013)
 
Un primer vistazo a la plaza Pushkin permite detectar tres elementos que destacan por encima del resto. En primer lugar, la estatua de Pushkin, obra de Aleksandr Opekushin (1838-1923), inaugurada en 1880

 En segundo lugar, la redacción del periódico Izvestia, a la izquierda del monumento a Pushkin. El edificio original es el que se encuentra más alejado (en el centro de la imagen), con ventanas redondas en lo alto. Se trata de un bloque de estilo constructivista edificado entre 1925 y 1927, obra del arquitecto Grigori Borísovich Barkhin (1880-1969). El de la esquina, a la izquierda de la redacción primigenia y con el nombre del periódico escrito en la fachada, es una anexo construido en 1975, substituyendo a la derruida "Casa Famusov". Dicha ampliación provocó que, por motivos estéticos, en 1979 la Casa Sitin fuese desplazada hacia el Norte a través de la calle Gorki

 En dirección Oeste (dando la espalda a la estatua de Pushkin), y al otro lado de la calle Tverskaya, se puede ver la parte de la plaza que conecta con el bulevar Tverskoy. En los bajos del edificio de la derecha, con el letrero publicitario en la azotea, se encuentra la famosa hamburguesería que provocó colas kilométricas a principios de los años 90. Si las colas hubiesen continuado por la calle Gorki hacia la izquierda de la imagen hubiesen llegado hasta la plaza Roja y allí conectarían con las colas para visitar el Mausoleo de Lenin, tal como explica Pigariova en su libro en referencia a los sueños artísticos del conceptualismo soviético. Un montón de carne picada causó un verdadero fenómeno social sin precedentes en la URSS

 A la derecha de la estatua continúa la calle Tverskaya en dirección hacia la plaza Roja. En esa acera que se aleja por la derecha de la imagen se encuentra el hotel Lux

 La redacción del Izvestia, desde el lado Sur de la plaza. La calle Tverskaya continúa hacia el Norte en dirección a la estación de Bielorrusia

 El tercer elemento que destaca en la plaza es el Teatro Rusia (o Rossía), construido en 1961. Inicialmente fue el Cine Rusia y es obra del arquitecto Yuri Sheverdyaev (1909-2000)

 En su tiempo fue el cine más grande de Europa. Entre 1997 y 2012 se convirtió en el Cine Pushkin. Actualmente pertenece a una productora privada de teatro




 Una pasarela comunica el teatro con el centro de la plaza. La del fondo es la calle Malaya Dimitrovka

 La redacción del diario Izvestia ("Noticia"), vista desde la esquina de la plaza con la calle Malaya Dimitrovka, enfrente del teatro. En junio de 2011 la redacción se trasladó a otro lugar de Moscú. Esta obra vanguardista se encuentra ahora desocupada a la espera de una oferta para ser alquilada. El diario Izvestia se inauguró en marzo de 1917, siete meses antes de la Revolución de Octubre. Históricamente fue el órgano oficial del Soviet Supermo de la URSS, mientras que Pravda lo fue del PCUS. Desgraciadamente, el nombre del periódico ha desaparecido de la fachada




En el pasaje Bolshoy Putinkovskiy (camino del bulevar Strastnoy, en el lado Norte del teatro) se encuentra el edificio racionalista que albergó la redacción del diario conservador "Madrugada de Rusia". Convenientemente encajonada entre el teatro y la parte Norte de la plaza, allí continúa esta obra "reaccionaria" con su bajorrelieve en la fachada que sirvió para "reconvertirla ideológicamente" tras la Revolución de Octubre. El periódico pertenecía a Pável Riabushinski, cuya familia era propietaria de la casa modernista donde luego vivió Gorki (que salvó la vida a uno de los hermanos). Ambas construcciones son obra de Fiódor Shéjtel. La planta baja del antiguo diario está ocupada actualmente por una óptica, a la cual se accede bajo la peculiar marquesina de la derecha. Observando todas las fotos se puede seguir la evolución estética de la fachada del edificio racionalista. En la segunda imagen, probablemente anterior a 1917 (la placa "proletaria" aún no había sido instalada), se ve el bloque original sin ventanas en el ático. En la cuarta fotografía (realizada en tiempos soviéticos) han aparecido los ventanales comentados por Pigariova. Sin embargo, en la última foto (actual) dichas ventanas han vuelto a desaparecer, recuperando la parte superior del edificio el aspecto proyectado por Shéjtel. Por otro lado, ni en la segunda ni en la cuarta imágen existe la marquesina que cubre la entrada de la derecha. En cambio, las fotografías actuales muestran esa doble cubierta recta y redondeada (diseñada así para mantener el equilibrio con las formas rectas y curvas de la fachada) instalada probablemente mucho después de la primera reforma y que no ha sido eliminada tras la disolución política (y estética) de la URSS 



 Estas tres imágenes históricas (y el montaje de la cuarta fotografía) muestran la posición que ocupó la estatua de Pushkin entre 1880 y 1950, antes de ser desplazada hasta la acera contraria y sufrir un giro de 180º (pasó de mirar hacia el bulevar Strastnoy a hacerlo hacia el bulevar Tverskoy). El edificio que había frente a la estatua era el Monasterio Strastnoi ("de la Pasión"), cerrado en 1919 y reconvertido en 1928 en el Museo del Ateísmo (imagen superior derecha de la composición). En 1938 fue demolido dejando en su lugar el espacio vacío que hoy en día ocupa la zona ajardinada de la plaza (frente a la redacción del Izvestia). Doce años después la estatua de Pushkin fue desplazada hasta ese espacio, en el sitio exacto donde se encuentra en la actualidad. En la segunda y la tercera fotografía se ve la evolución del parque móvil alrededor del monumento (las imágenes están invertidas desde el punto de vista temporal). En este lugar aparecieron las primeras líneas de tranvía de Moscú y los primitivos taxis que recorrían la ciudad
En el minuto 5:04 de este vídeo se puede ver la maniobra realizada en 1950 para hacer rodar la estatua de Pushkin hacia la plaza que llevaría su nombre





 Fotografías personales de la estatua del poeta ruso Aleksandr Pushkin (Moscú, 1799 - San Petersburgo, 1837), muerto prematuramente en un duelo a los 37 años. Fueron realizadas en agosto de 2006

Fotografía de principios de los años ochenta desde el centro de la plaza Pushkin, con la fuente en primer término
 El traslado de la estatua de Pushkin supuso también la remodelación del final del bulevar Tverskoy. En este fotomontaje se observa como la casa del lado izquierdo del paseo fue demolida. De esta manera, el final de bulevar (punto de encuentro con la calle Gorki) quedó ensanchado