domingo, 25 de octubre de 2015

Cierra el bar-karaoke KPSS (Караоке-бар КПСС), un referente de la nostalgia soviética


Desde el pasado 14 de abril la cuenta de Twitter del restaurante y bar-karaoke KPSS permanece inactiva. El último mensaje publicado en esta red social no fue, como era esperable, un poema de Mayakovski o un fotomontaje de Ródchenko, sino un enlace a un portal ruso dedicado al mundo de la construcción. Nada que ver con la propaganda soviética evocada en este rincón nostálgico de Moscú cuya página web también quedó bloqueada hace ya algunos meses. Su nombre fue antaño un acrónimo mítico: el del Коммунистическая партия Советского Союза (Kommunistíchieskaya Pártiya Soviétskogo Soyúza), es decir, el del Partido Comunista de la Unión Soviética, el PCUS.

Así pues, sin una despedida formal (por lo menos en internet) ha echado el cierre un espacio lúdico y gastronómico dedicado a recordar los años pretéritos a la Rusia capitalista actual. Una magdalena de Proust gigante cuyos estímulos sensoriales han sido, no sólo el aroma de los platos basados en la austera cocina soviética, sino también la decoración de sus paredes hábilmente salpicadas de banderas rojas, pósters de temática propagandística e incluso un precioso busto de Lenin instalado en una de sus esquinas. En definitiva, un lugar de encuentro y celebración para veteranos de la Gran Guerra Patria o para deleite de aquellos que sólo conocieron la Unión Soviética en su juventud y que acudían a este restaurante para rememorar aquel ambiente rancio de exaltación ideológica que hoy en día resulta atractivo y entrañable desde un punto de vista estético.

Si nos atenemos a la liturgia imperante entre los fieles al comunismo, el bar-karaoke KPSS ha sido posiblemente lo más parecido a un sacrilegio. Una broma de mal gusto que redujo un símbolo de la revolución proletaria a una especie de miniparque temático destinado simplemente a pasar un rato entretenido. Para otros, quizás, ha sido una blasfemia por el motivo contrario, por resucitar fantasmas del pasado que más valía dejar descansar en paz. Su entrada era un escenario perfecto para las paradojas espacio-temporales hechas realidad. Grupos de ancianos con raídas americanas cargadas de condecoraciones se han fotografiado durante años bajo el letrero de este local, mientras la nueva generación de rusos aparcaba sus vehículos occidentales frente a ellos indiferentes a aquel mundo desaparecido hace lustros. Un mundo que pervive únicamente en la mente olvidadiza de estos derrotados abuelos y cuyas huellas del pasado se han convertido en restos urbanos esparcidos por la ciudad y en edificios soviéticos rehabilitados como contenedores de modernas marcas capitalistas. Dos universos ajenos separados por una acera. El de los héroes comunistas y el de los rusos ambiciosos, materialistas y con identidades cada vez más globalizadas que ansían parecer ricos, aunque no lo sean. En definitiva, dos eras en la historia de la humanidad solapadas por la costura de la cada vez más denostada perestroika de Gorbachov.

Viendo esta fractura social queda claro que los seres humanos se dividen en dos grupos: los que odian su pasado y viven el presente como un refugio contra sus recuerdos, y los que deciden estancarse mentalmente en alguna época concreta de sus vidas de la no salen nunca más. No hay término medio y sucede en todas partes, con matices. Sea como sea, el restaurante KPSS contribuyó humildemente a ello. Y ahora ya forma parte también de la nostalgia soviética que se encargó de evocar.

Mayakovski


El bar-karaoke KPSS se hallaba en la ulitsa Dudinka número 3. Dicha calle es perpendicular a la carretera de Yaroslavl (Yaroslasvkoe Shosse), en el distrito de Yaroslavski. Se encuentra al lado del Parque Natural Losiny Ostrov, el primero creado en Moscú










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